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¿A vos no te robaron nada?

El reloj marca la 1:30 de la tarde. Es domingo 25 de marzo. Dos hombres corren para abordar la ruta 44 cerca del extremo derecho del taller Ramírez, ubicado en el corazón de Antiguo Cuscatlán.
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El motorista del microbús se percata y hace una pequeña parada. Los hombres, que van vestidos con camisetas manga corta y tenis, suben y se sientan en la parte trasera. Hasta ese momento, los pasajeros creen que será un viaje como cualquier otro, que bajarán con todo lo que subieron. La cosas cambian en el punto donde se unen la zona industrial del Plan de La Laguna y la carretera Panamericana. Los dos hombres se levantan. Caminan hacia la parte delantera y le arrebatan de un tirón el celular a una señora que aparenta tener entre 35 y 40 años. Sacan un cuchillo y comienzan a exigir los celulares a dos pasajeras más. El motorista del microbús no hace ni dice nada.“¡Apurate, pues, apurate, puta! ¿Cómo va a ser que no te lo vas a encontrar?”, le dice un asaltante a una de ellas. Los nervios comienzan a cobrarles factura a los dos hombres. Miran hacia todos lados y con el cuchillo le pegan pequeños golpes a la señora para que dé su celular. Ella busca dentro del bolsón blanco que lleva sobre las piernas. Saca un par de camisetas blancas, mete su mano hasta lo más profundo y termina sacando todo. Uno de los asaltantes se inclina, toma el celular rápidamente y le ordena al motorista que continúe su viaje: “Ey, dale, vos”, le dicen en coro, al mismo tiempo que se tiran del microbús.

Las víctimas comienzan a soltar un par de lágrimas.

“¿A vos no te robaron nada?”, me pregunta un señor que viaja con dos niños menores de 10 años, uno de los cinco pasajeros a quienes no nos robaron nada. “No”, le respondo, pero no le digo que todavía tengo miedo. Me tiemblan las manos y siento que mis pies pesan más de lo normal. Hace un rato consideré salir corriendo e intentar huir de los ladrones, pero vi un grafiti que me detuvo: “Culeros los del CAM”. Lo firma la pandilla MS-13. Está pintado con aerosol en una pared de Antiguo Cuscatlán, el que por años se ha jactado de ser el municipio más seguro de El Salvador.

Dos minutos después, el microbús, que todos los días hace su recorrido entre la colonia Santísima Trinidad, en Ayutuxtepeque, y Antiguo Cuscatlán, en La Libertad, llega a la parada de autobuses que está frente a un centro comercial de la carretera Panamericana. La mayoría de pasajeros se baja en ese lugar, intentando simular que no ha pasado nada. Yo continúo mi ruta.

El martes 3 de abril leo en el periódico un titular que me remueve lo vivido: “Dos lesionados durante asalto en coaster de la R-44 en San Salvador”. Es una nota que relata la detención de dos hombres que iban asaltando a los pasajeros de la ruta 44 en la 49.ª avenida sur, cerca del paso a desnivel Hermano Bienvenido a Casa, en San Salvador. Observo la fotografía: una cinta amarilla rodea la coaster, dos agentes con gorro navarone están custodiando el microbús con sus armas largas y hay dos hombres tirados en la cama de un pick up de una patrulla policial. Observo las caras de los asaltantes y me doy cuenta de que no, no son los que acabaron con nuestro domingo aquel 25 de marzo.

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