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Alcaldías santanecas sobreviven con unos pocos dólares al mes

Las comunas pequeñas hacen malabares con la poca recaudación que tienen en concepto de impuestos y tasas municipales. De no ser por el FODES muchas no alcanzarían a llegar a fin de mes.
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Llegar a fin de mes con el dinero suficiente para cumplir con todas sus responsabilidades es para varias alcaldías del departamento de Santa Ana toda una odisea financiera, principalmente en las más pequeñas o alejadas de la cabecera, ya que no cuentan en sus territorios con grandes empresas o industrias que alimenten las arcas municipales aportando impuestos o tasas. La recaudación apenas alcanza para irla pasando, según cuentan las autoridades.

Las marcadas diferencias entre instituciones del Estado que tienen en abundancia y las que apenas subsisten se remarcan en algunas comunas. Por ejemplo, los $5,067 que la Comisión Ejecutiva Portuaria Autónoma (CEPA) gastó en un par de meses en consumo de licores finos (como informó LA PRENSA GRÁFICA) representan para la Alcaldía de Santa Rosa Guachipilín (de 38.4 kilómetros cuadrados) casi dos años de ingresos municipales. Por increíble que parezca, esta alcaldía de la zona norte de Santa Ana recoge al año poco más de $2,800 en concepto de impuestos, que cobra a los pocos comercios que hay en el municipio, cuya actividad principal es la ganadería y la agricultura.

Para gastar además los $231,507.03 que la CEPA ha erogado en menos de dos años en concepto de alimentos y bebidas esta alcaldía tendría que ahorrar durante 10 años los impuestos que recibe.

Nahúm Hernández, el encargado del presupuesto de la comuna santarroseña y el que se encarga de que cuadren las cuentas mes a mes, señala que además de los impuestos la alcaldía también recoge anualmente $41,301 en concepto de tasas, pero que son insuficientes para cumplir con las responsabilidades, ya que solo el pago de la planilla de 20 empleados y las dietas de concejales superan los $50,000 al año.

Sumado a estos gastos, las alcaldías santanecas con pocos ingresos deben solventar las necesidades de sus comunidades que les exigen obras. La única forma que han encontrado para poder sobrevivir es a través del Fondo para el Desarrollo Social y Económico de los Municipios de El Salvador (FODES), que se ha convertido en su tabla de salvación.

“Nosotros salimos con el pago de salarios con el FODES, igual del FODES sacamos para funcionamiento de la alcaldía. Sobrevivimos con el FODES, si no fuera por eso no existiéramos”, dice tajante Hernández, quien detalla que la comuna para la que trabaja recibe $877,102.01 anuales de dichos recursos. Con eso, añade, logran cumplir con todos los compromisos fijos y hacer algunas obras.

Casi en el mismo sentido se pronuncia la alcaldesa de San Antonio Pajonal, Silvia Chavarría, cuyo municipio (con 51.9 kilómetros cuadrados) es otro de los más pequeños del departamento, que apenas logra recaudar entre $800 y $1,000 mensuales en concepto de tasas e impuestos, insuficientes para cubrir los gastos fijos que pasan de $150,000 al año.

“Algunas cosas ni las alcanzamos a cubrir, con ese poquito vamos saliendo con lo que podemos. Si no fuera por el FODES no podemos subsistir”, afirma Chavarría, al tiempo que destaca que no percibir suficientes ingresos los obliga a ser más creativos a la hora de gestionar proyectos.

Del FODES esa alcaldía recibe poco más de $670,000 al año, de los cuales el 25 % lo utilizan para el pago de salarios de 35 empleados y el funcionamiento. “Con obras casi no podemos cumplir mucho, vamos haciendo con lo que nos permite el FODES, ahora nos toca andar rebuscándonos haciendo convenios, hermanamientos, cualquier cosa. Uno desarrolla la capacidad de gestión y de pedir, ya que no se halla de otra manera, uno se compromete con las comunidades”, cuenta la alcaldesa. Entre los proyectos sociales que ha ejecutado la alcaldesa está un turicentro municipal, con el que además de generar empleos para los habitantes se obtienen algunos recursos para la comuna.

Otra forma de trabajar de estas comunas pequeñas son los asocios entre municipalidades y también con instituciones de Gobierno, como el Ministerio de Obras Públicas (MOP), con el que han firmado convenios para pavimentación y mantenimiento de calles. Chavarría agrega que además de cubrir sus gastos y obligaciones muchas veces deben ayudar con las necesidades de instituciones públicas que están en sus municipios, como centros escolares, unidades de salud y la misma Policía Nacional Civil (PNC).

En ese sentido, quien sabe de supervivencia en las alcaldías pequeñas es, sin duda, el jefe municipal de Santiago de la Frontera, José Antonio Martínez, quien desde 1985 gobierna este municipio (de 44.2 kilómetros cuadrados), que posee poco más de 9,000 habitantes. Con excepción del periodo 2003-2006, Martínez ha sido una especie de cacique de este pueblo, que ha visto cómo el país pasó de la guerra a la paz, el aparecimiento de nuevas tecnologías y la pavimentación de la carretera que conduce al territorio. No ha ocurrido lo mismo con los ingresos municipales por más de 30 años. Cuando le va bien la alcaldía santiagueña recauda unos $1,500 mensuales, siendo enero el mejor mes, ya que algunos contribuyentes cumplen pagando sus tasas e impuestos del año.

¿Qué se hace con esta recaudación mensual?, se le preguntó a Martínez. Sonrió, denotando un sentimiento entre resignación e impotencia antes de contestar: “Haciendo un gran esfuerzo, es muy mínimo lo que se hace, la verdad es que lo que vale la pena aquí en Santiago es saber administrar ese poquito de dinero, saber manejar ese poquito para atender a la población”. De igual manera, la alcaldía santiagueña ha sobrevivido gracias al FODES, del que recibe casi $770,000 anuales, también usados para el pago de salarios y funcionamiento de la comuna. Esta alcaldía apenas tiene 10 empleados y sus gastos fijos superan los $8,000 mensuales.

Los alcaldes Martínez y Chavarría consideraron que el gobierno central debería apoyar a los municipios pequeños, atrayendo inversiones a sus territorios, para poder generar empleos y dinamizar las economías locales, lo que se traduciría en más ingresos para las municipalidades, que a su vez se transformaría en obras para las comunidades. También solicitan a la empresa privada fijarse en estos municipios para sus inversiones, y que se les incremente el FODES. “Tenemos aproximadamente siete años que no nos incrementan. El Gobierno deberían ver la situación de los municipios y descentralizar muchas cosas, mandar a hacer sus fábricas a estos municipios”, señaló Martínez.

La apuesta por el turismo local es una de las estrategias que se están implementando en localidades que aún no han sido afectadas por la violencia social y que poseen parajes únicos.

Además de compartir las mismas crisis, estos municipios pequeños de Santa Ana poseen otro aspectos en común, ser administrados por el mismo partido político (ARENA) desde hace varios periodos.

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