Alertan que la educación sigue estancada

Quienes trabajan en el sector consideran que el FMLN, que gobierna el país desde hace siete años, no ha sido capaz de articular una estrategia que impacte positivamente en la cobertura y calidad educativa.
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El cambio no ha llegado a las aulas del país. Docentes, gremiales y expertos que trabajan en organizaciones que velan por mejorar la educación de niños y adolescentes coinciden en que el Gobierno no ha podido superar el desafío de llevar seguridad a la comunidad educativa, mejorar la deteriorada infraestructura escolar, aumentar la cobertura y proveer más recursos para el ramo. En resumen, el Ejecutivo, en manos del FMLN desde hace siete años con promesa de cambio incluida, no ha podido sacar del estancamiento a la educación.

Cuatro expertos, a quienes les toca lidiar a diario con los problemas generados en la formación de estudiantes, coinciden en el análisis del estado de la educación en el país, a propósito del segundo año de gobierno de Salvador Sánchez Cerén, profesor de carrera y exministro de esa cartera de Estado en el quinquenio pasado bajo la administración de Mauricio Funes, también del partido FMLN.

Alicia Ávila, directora de país de la Fundación Educación y Cooperación (EDUCO), lo dice claro y sin reparos: “Se dijo que iba a ser un Gobierno para la gente, para los pobres; pero son los que siguen recibiendo poca educación y de mala calidad”. La frase viene de una profesional de las Ciencias de la Educación con 17 años de experiencia. Por eso, reconoce que no se trata de un problema nuevo, sino de uno que tiene 20 años en el mismo estado. Sin embargo, a su juicio, ni la administración pasada ni los dos años de esta han podido avanzar en los desafíos educativos.

Para Ávila, uno de los principales problemas que hace la función de ancla en la educación es la violencia: “Estos dos últimos gobiernos no han logrado avanzar en la seguridad que los centros escolares requieren para que los niños puedan recibir educación de calidad. No se ha podido establecer una estrategia integral y coherente para que la escuela vuelva a ser un lugar seguro. Hay un divorcio entre Educación y Seguridad y Justicia, porque no lo quieren ver como una necesidad que les atañe a los dos”.

Óscar Picardo Joao, director del Instituto de Ciencia, Tecnología e Innovación (ICTI) de la Universidad Francisco Gavidia (UFG), señala que la violencia provoca que los estudiantes no puedan tener movilidad entre los distintos niveles educativos. Una condición que genera deserción. La razón: las pandillas no permiten que jóvenes que viven en zonas rivales lleguen a escuelas que son la única opción para continuar estudiando en el nivel inmediato superior.

Para Francisco Zelada, secretario general del Sindicato de Maestros de la Educación Pública de El Salvador (SIMEDUCO), el sistema de seguridad escolar impulsado por las autoridades “se ha focalizado en lugares determinados que militarizan temporalmente el área, pero cuando estos soldados y policías se retiran, los pandilleros o los criminales vuelven al control”.

Mario Cruz, docente y líder de la Brigada Magisterial, una gremial en formación, también ve una deficiencia en seguridad para la comunidad educativa: “Hay un déficit, hay esfuerzos importantes para garantizar la seguridad, pero no está controlado, sigue siendo un tema central”.

Según la Policía Nacional Civil (PNC), unos 20 estudiantes y cuatro docentes han sido asesinados en lo que va del presente año escolar. Esa violencia, según los expertos, impacta directamente en el abandono de las aulas. En muchos casos, según Ávila, matizada de migración y cambio de domicilio. Un informe oficial del MINED da cuenta que en 2015 dejaron de asistir a la escuela unos 114,617 estudiantes, alegando múltiples razones.

El Gobierno publicita una inversión de $17.4 millones en 851 proyectos de infraestructura y mobiliario escolar durante 2015 y una proyección de $24.5 millones en ese rubro para este año. Pese a ello, Ávila considera que sería una mejor opción si se dejara de construir “tanto paso a desnivel que no son de mucha utilidad” y se optara por mejorar las condiciones de ambientes escolares. “Nosotros, como EDUCO, atendemos a varias escuelas de lámina y polvo”.

Picardo Joao va más allá y destaca que en el país hay 465 escuelas que funcionan con solo un docente. Eso significa que una misma persona debe encargarse de atender todos los grados y todas las materias. Eso, muchas veces, en un inmueble con graves deficiencias en infraestructura para atender alumnos.

Si bien la violencia y la mala infraestructura escolar son dos problemas que no han logrado superarse en los últimos años, los expertos consideran que hay otro desafío más de fondo que de forma: la cobertura y la calidad.

Cruz, el líder gremial, señala que la mayor deficiencia en la cobertura ocurre en la etapa inicial: “Este Gobierno no ha hecho ningún esfuerzo para garantizar desde las bases una buena formación educativa. Lo promueve como un avance, pero si uno se va al área rural y urbano-marginal, se encuentra con muy baja cobertura”. Cruz, además, considera que esa desatención impactará en un futuro en nuevos analfabetos.

Ávila, sin embargo, reconoce que el Gobierno ha retomado el tema, por lo que “es una de las cosas que se tiene que reconocer”. Dice que se está comenzado a configurar una estructura que atienda a la primera infancia, pero lo matiza con esto: “La cobertura no aumenta. El Estado no quiere asumir más aulas de educación para la primera infancia: de cero a siete años. Quienes atienden la primera infancia somos las ONG y alcaldías”.

Picardo Joao también ve “una situación estática” en la educación del país, “porque todavía mantenemos los problemas de cobertura en educación inicial, parvularia y educación media”.

Otra de las anclas que no deja avanzar, a juicio de los expertos, es la poca preparación de los docentes. A pesar de que Picardo Joao ve con buenos ojos el plan de formación de maestros impulsado por el actual ministro, considera que la estrategia está mal elaborada, porque no hay un diagnóstico completo del “estado de las competencias del magisterio”.

Ávila dice que hay docentes “desmotivados” por el salario, pero también porque no se les resuelve la inseguridad y violencia. “En muchas escuelas no manda el director, manda la pandilla”.

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