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Alicia, la salvadoreña que convirtió la leche de cabra en su modo de vida

Vende la leche en diferentes cuadras del centro de San Salvador.

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Foto EFE

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Apenas ha amanecido en El Salvador cuando Alicia llega a la capital con sus 20 cabras para vender la leche recién ordeñada a los transeúntes que la solicitan a cambio de un dólar por vaso, dinero que esta emprendedora y cabeza de familia lleva a su casa para sacar adelante sus dos hijos.

No son ni las 6:00 de la mañana cuando la mujer ya recorrió en su viejo coche, tipo pick-up, con las cabras, su esposo y dos ayudantes, los 40 kilómetros que separan San Salvador de San Luis Talpa, su lugar de origen y residencia.

Y cada jornada, de lunes a sábado, se repite el ritual: Alicia, "jefa" del grupo, elige dos cabras entre la veintena y empieza su recorrido por las céntricas calles capitalinas al grito de "hay leche, hay leche". Cuando consigue vender 14 vasos del lácteo, hace el relevo, ya que cada uno de los animales llena un máximo de siete recipientes diarios.

Alicia, vendedora de leche de cabras en San Salvador
Una de las personas que comprar la leche. Foto EFE
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En esta ocasión, las protagonistas son Canela y Griselda, nombres elegidos cuidadosamente por su dueña, ya que "las cabritas son parte de la familia" y como tal las cuida Alicia, quien explica que gracias a ellas y "por medio de la venta de leche" sustenta a sus hijos.

La mujer, de 35 años, ha convertido su trabajo y negocio desde el 2010, como "una forma de ganar dinero honradamente", dice con orgullo, aunque es consciente de que el producto que ha elegido para su negocio no es el más demandado.

La leche de vaca se consume a diario en cualquier hogar de El Salvador y es imposible competir, puesto que, además, el precio es mucho más bajo.

Alicia, vendedora de leche de cabras en San Salvador
El momento en que Alicia ordeña a una de las cabras. La leche va directo al vaso. Foto EFE
Alicia, vendedora de leche de cabras en San Salvador
Alicia camina frente al Palacio Nacional de El Salvador, en el corazón de la capital. Foto EFE
Alicia, vendedora de leche de cabras en San Salvador
Aunque su presencia en las calles de San Salvador es común, las cabras no dejan de llamar la atención de algunas personas. Foto EFE

Pero la empresaria no piensa en competir con nada ni con nadie sino en sacar adelante a una familia de cuatro miembros en un país en el que los empleos "informales", junto con las remesas especialmente desde Estados Unidos, son el sustento de miles de hogares.

Según Alicia, los ingresos brutos que entran en su casa semanalmente son de unos 200 dólares, con los que se paga el salario de los dos ayudantes que la acompañan cada día para el traslado y el cuidado de las cabras.

De ese total hay que sacar el dinero para pagar el combustible que consume su viejo vehículo o reparar las averías que surgen inesperadamente en el momento más inapropiado.

Además, subraya la salvadoreña con visible orgullo, los animales son alimentados "con pasto natural para que la leche no haga daño a los clientes", en su mayoría personas de la tercera edad, taxistas y vigilantes de seguridad privada que controlan los comercios de la zona.

Alicia, vendedora de leche de cabras en San Salvador
A la espera de clientes frente a un almacén. Foto EFE
Alicia, vendedora de leche de cabras en San Salvador
Empleados del servicio de transporte público son parte de las personas que compran la leche. Foto EFE

La cantidad que resta, y que la emprendedora no precisó, es el dinero con el que esta madre cuenta para mantener a su familia y hacer frente a los imprevistos que puedan surgir.

Y como Alicia, miles de mujeres salvadoreñas son la cabeza de familia, las que sacan adelante hogares numerosos en los que conviven hasta cuatro generaciones.

Todas tienen un denominador común: el orgullo de ver crecer a los suyos gracias a su esfuerzo y su trabajo en un país en el que ser mujer es especialmente duro, ya que la violencia machista y la tradición patriarcal dificultan el camino por el simple hecho de haber nacido mujer.

Pero pese a todo, continúan día tras día sin cejar en su empeño de crecer, como Alicia, consciente de las dificultades y trabas que tiene que superar, pero con paso firme y decidido.

El Salvador es considerado por Amnistía Internacional (AI) uno de los países más peligrosos del mundo para las mujeres, ya que solo en 2016 y 2017 registró tasas de feminicidios de 16 y 12 por cada 100,000 habitantes, respectivamente, por encima de lo considerado a nivel internacional como una epidemia.

Los niveles de violencia sexual que sufren las féminas, principalmente las niñas, también son alarmantes para las organizaciones de la sociedad civil.

Según la última actualización de datos de la Policía Nacional Civil (PNC) sobre violencia sexual, solo entre enero y septiembre de 2018 fueron violadas 1,128 niñas y adolescentes, 71 más que en ese período de 2017.

Una encuesta estatal dada a conocer en mayo pasado destaca que más del 67 % de las mujeres de este país han sido víctimas de la violencia machista en algún momento de su vida.

Alicia, vendedora de leche de cabras en San Salvador
Pasando por una de las calles del centro de San Salvador, donde el espacio se reduce por ventas informales y el tránsito de vehículos. Foto EFE

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