Ancianos de asilo en La Unión añoran a sus familias

En el asilo de La Unión residen 15 personas. Algunos aún tienen familiares y quieren verlos.

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Asilo.  Fue fundado en el 2013 por la parroquia San Carlos Borromeo y es coordinado por un comité que está pendiente de las necesidades de los ancianos.

Asilo. Fue fundado en el 2013 por la parroquia San Carlos Borromeo y es coordinado por un comité que está pendiente de las necesidades de los ancianos.

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Detrás de cada uno de los adultos mayores que permanecen en el Asilo Jesús Nazareno, de La Unión, hay muchas historias y recuerdos de su juventud y familia, pero ellos se entristecen cuando recuerdan la forma en la que han llegado a residir en el asilo, ya que aunque muchos de ellos aún tienen familia, dicen que los han olvidado.

Hay casos como el de la señora Alejandra, quien dice que vivió y trabajó en Estados Unidos, pero cuando regresó al país durante la guerra, luego de un robo, perdió todos sus documentos y ya no pudo regresar a norteamérica, y no volvió a saber de sus hijas que se quedaron en Los Ángeles, California. Ella permaneció abandonada durante muchos años en una champa de láminas, y ahora cuenta que la única ilusión que la mantiene viva es el deseo de volver a ver a sus hijas.

"Son personas que pudieron haber tenido (dinero) en su época de juventud y que ahora los abandonan o simplemente han quedado a la suerte. Ellos lloran cuando se acuerdan que tienen familia y que los han abandonado", cuenta Ruth Yaneth de Macay, directora del asilo.

Hay inquilinos que a pesar de su edad no se dan por vencidos y se consideran con capacidad de autosostenerse, como el caso de Carlos Campos, un exjugador de Club Deportivo FAS, entre 1947-1956, quien quizás por su práctica deportiva, aún goza de buena salud y de un buen humor.

Ahora se dedica a elaborar artículos tejidos, como cebaderas que vende para comprar más materia prima y para sus gastos personales. Este hombre deportista, relata con entusiasmo anécdotas de su paso por el equipo santaneco, y el homenaje que se le rindió hace dos años en el estadio Oscar Alberto Quiteño, luego de ir a presenciar un partido de su equipo.

Mientras que Reymunda Membreño llegó al asilo tras quedar abandonada en un hospital por un accidente de tránsito en la carretera Litoral. Ella es originaria del cantón El Icacal, en Intipucá, y dice que tiene una hija, que vive en San Salvador, de nombre Maria Venancia Membreño.

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