Apartándome de lo tradicional

Hará unos 25 años que murió doña Margoth de Usko, esposa de mi jefe en Bayer, Hans G. Usko. La fallecida me apoyaba mucho en los programas de huertos caseros que realizábamos ad honórem.
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Una vez que conocí su fallecimiento, me hice presente en una floristería que administraba mi especial amiga Esmeralda de Monge, y le solicité que me preparara un arreglo, que a cambio de las tradicionales flores estuviese elaborado con frutas, hortalizas y dulces.

Ella puso toda su creatividad y envió un arreglo que impactó, especialmente cuando vi que del cesto, simulando cascadas, había colocado uvas blancas y algunas negras.

Durante la velación, estuve atento a conocer la opinión de los dolientes y sus amigos. La mayoría se acercaba para constatar si las frutas eran naturales o artificiales, y al observar que eran reales, tomaban algunas uvas para probarlas.

Llegó de pronto mi jefe y me levanté a ofrecerle mis condolencias, me abrazó y, observando el arreglo, me dijo: Solo a usted se le pudo ocurrir tan bonito detalle. Estoy seguro que si todas esas flores fueran frutas, no se tirarían cuando pasan los sepelios.

Cerca del arreglo había un pequeño grupo de jóvenes que a menudo tomaban uvas, pero eran tantas que siempre habían suficientes.

El día siguiente acudí de nuevo para acompañar el sepelio hasta el cementerio. Observé que los empleados de la funeraria apartaban sillas y arreglos para dar espacio al movimiento del ataúd. Apareció de nuevo mi jefe e indicó a su motorista que el arreglo en referencia lo llevara a su casa.

Días después del funeral me reuní con él y me manifestó: Me agradó mucho su arreglo por lo artístico, las frutas y hortalizas que he saboreado mucho en casa. Dígame, ¿quién lo elaboró? Y repuse que una amiga de una floristería, a quien pienso visitar de nuevo para felicitarla y narrarle la opinión de las personas que admiraron su arte, y muy especialmente por haberse apartado de las tradicionales flores.

EN REPÚBLICA DOMINICANA

Me encontraba en Santo Domingo con motivo de una reunión de Bayer y enseguida asistir a una Convención Latinoamericana de graduados de El Zamorano.

Observé que en algunos sitios céntricos de la ciudad se exhiben cientos de cuadros pintados por haitianos, los cuales se distinguen por los colores encendidos y lo tradicional es que pinten actividades en los mercados.

Mi deseo era encontrar algo fuera de lo común y contacté con un negrito pintor y le manifesté que lo que quería era encontrar un cuadro con frutas tropicales de un tamaño mediano.

El pintor me dijo que si deseaba me lo tenía para el día siguiente. Hoy en la noche lo pinto, me dijo, y mañana puede venir por él. Le pregunté si un óleo puede secarse en 24 horas y me aseguró que sí, explicándome que tienen una técnica para ello. Convenimos en el precio y en un premio si el cuadro me impactaba.

El día siguiente me hice presente para recoger el óleo, lo vi, me impresionó y estaba presto a pagarlo con el premio incluido, cuando el negrito me dijo: Vino un señor, lo vio y le gustó, y dado que se regresa hoy deseo solicitarle a usted el permiso de venderlo y le hago uno nuevo.

Pensando que me quedaría una semana, acepté. Volví el siguiente día acompañado de mi paisano Ing. Manuel Avendaño Córdova (AVENCOR), quien al ver el cuadro me expresó: Don Meme, usted seguirá aquí con los Zamoranos, ¿cómo vería si yo lo compro y a usted le pintan otro? De nuevo acepté y finalmente tuve que volver por el cuadro que ahora luzco en el comedor de nuestra casa.

Cuando lo veo, pienso que el negrito esta es hora que habrá pintado muchos, saliéndose de los tradicionales mercados, y Dios quiera que gane más dinero que antes, pintando hoy frutas tropicales.

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