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"Apurate pues, apurate, puta": la frase que retumbaba durante un asalto en la ruta 44

Los microbuses de la ruta 44, que recorre desde la Santísima Trinidad, en Ayutuxtepeque, hasta Santa Elena, en Antiguo Cuscatlán, son escenario de constantes asaltos. Este es el relato de un pasajero que vivió una de estas preocupantes pero habituales escenas.

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El reloj marca la 1:30 de la tarde. Es domingo 25 de marzo. Dos hombres corren al extremo derecho del Taller Ramírez, ubicado en el corazón de Antiguo Cuscatlán. Corren para abordar el microbús de la ruta 44. El motorista se percata y hace una pequeña parada. Los hombres, que van vestidos con camisetas manga corta y tenis de marca, suben y se sientan en la parte trasera del microbús. Hasta entonces, los pasajeros creen que será un viaje como cualquier otro, que bajarán tal como subieron.

La ruta 44 fue escenario de un asalto a mano armada. (Foto: Josué Guevara/LPG)

La cosas cambian en el punto donde se unen la zona industrial del Plan de La Laguna y la Carretera Panamericana. Los hombres se levantan. Caminan hacia la parte delantera del microbús y  le arrebatan de un tirón el celular a una señora de entre 35 a 40 años de edad. Sacan un cuchillo y comienzan a exigir sus celulares a dos pasajeras más. El motorista no hace ni dice nada.

“Apurate pues, apurate, puta. ¿Cómo va a ser que no te lo vas a encontrar?”, le dicen a una de ellas. Los nervios comienzan a cobrarle factura a los asaltantes, que miran hacia  todos lados y, con un cuchillo, le pegan pequeños golpes a la señora para que les dé su celular.  Ella busca en el bolsón blanco que lleva sobre las piernas. Saca un par de camisetas blanca. Mete su mano hasta lo más profundo y termina sacando todo. Uno de los asaltantes se inclina, toma el celular rápidamente y le ordena al motorista que continúe su viaje: “Ey dale vos”, le dicen en coro, al mismo tiempo que se tiran del microbús.

Las víctimas comienzan a soltar un par de lágrimas. “¿A vos no te robaron nada?”, me pregunta un señor que viajaba con dos niños menores de 10 años, uno de los cinco pasajeros a quienes no nos robaron nada. “No”, le respondo, pero no le digo que todavía tengo miedo. Me tiemblan las manos y siento que mis pies pesan más de lo normal. Hace un rato consideré salir corriendo e intentar huir de los ladrones, pero vi un grafiti que me detuvo: "Culeros los del CAM”.  Lo firma  la pandilla MS-13, en una pared del que por años se ha jactado de ser el municipio más seguro de El Salvador.

Dos minutos después, el microbús, que todos los días hace su recorrido entre la Santísima Trinidad, en Ayutuxtepeque, y Antiguo Cuscatlán, en La Libertad, llega a la parada de autobuses que está frente a un centro comercial. La mayoría de pasajeros se baja, intentando simular que nada ha pasado.

El martes 3 de abril leo un titular que me remueve lo vivido: “Dos lesionados durante asalto en coaster de la R-44 en San Salvador”. Observo la fotografía de los asaltantes que fueron capturados. Pero no, no son los que acabaron con nuestro domingo aquel  25 de marzo.

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