Artesanas de ramos llegan a la ciudad

En Yucuaiquín hay decenas de familias que se dedican a la elaboración de ramos en Semana Santa, tradición que ha sido heredada de padres.
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Los 81 años de edad de María Pérez no le impiden abandonar la comodidad de su hogar, en Yucuaiquín, La Unión, para trasladarse a la ciudad de San Miguel, donde se instala en el atrio de la alcaldía para ejercer su oficio de artesana. La octogenaria viaja todos los años y permanece varios días en el centro de la Perla de Oriente para fabricar decenas de vistosos ramitos de palma de coyol que serán usados por los católicos durante las actividades religiosas del Domingo de Ramos, que marca el inicio de la Semana Santa.

Doña Mary, como es conocida por familiares y amigos, cuenta que sus ramos son elaborados con elementos naturales como hojas y frutos de palmas y follajes teñidos que adquiere con comerciantes locales, así como con cruces de vivos colores, que son hechos por ella misma y sus familiares.

“Empecé a tejer desde que era una niña y le enseñé este oficio a mis dos hijas. Ahora ellas ya no tejen, pero yo sigo viniendo a San Miguel para hacer y vender mis ramos en compañía de mi nuera”, aseguró.

Concepción Hernández es otra artesana que llega a la ciudad de San Miguel con seis miembros de su familia, incluyendo a una sobrina y su pequeño hijo de tres años, que ya ha comenzado a aprender cómo se unen las palmas para formar los ramos.

Según cuenta Hernández, en su pueblo es común que las familias se dediquen a elaborar ramitos para ayudar con la economía familiar, ya que es una actividad que realizan durante una corta temporada. El resto del tiempo, dice, las mujeres se dedican a labores domésticas o la venta de pan dulce, tamales y otros antojitos, en tanto que los hombres se ocupan en labores agrícolas.

Ella afirma que invierte alrededor de $200 para la compra de materiales con los que teje y fabrica alrededor de 400 ramitos, que pretende vender antes y durante las celebraciones del Domingo de Ramos, ya que cientos de fieles católicos se congregan en la zona para asistir a las procesiones y liturgias del inicio de la Semana Mayor.

“Los ramitos pequeños los damos a $0.50 y los más grandes cuestan $1. Esperamos poder vender todo el producto, porque de eso depende que podamos regresar el próximo año”, indica Hernández, quien tiene varios años de llegar a la ciudad de San Miguel para vender sus artesanías con motivos religiosos.

Al igual que estas dos mujeres, decenas de familias salen de sus comunidades en Yucuaiquín hacia la ciudad de San Miguel, donde permanecen varios días apostadas en el atrio de la Alcaldía Municipal y las calles aledañas a la Basílica Nuestra Señora de la Paz y a otros templos de la zona céntrica migueleña, que pronto se llenarán de católicos al comenzar la Semana Santa.
 

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