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Así operaba la red que atentó con explosivos contra el GOES

Miembros del Barrio 18, un técnico policial, un ex-GRP y dueño de una empresa de seguridad integraron la banda que en 2015 colocó explosivos en edificios como el Ministerio de Seguridad.
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Fabricio lleva una caja verde de metal en las manos. Parece un cofre. Mide 30 centímetros de ancho por 20 centímetros de alto. Podría ser un cofre, pero no contiene joyas. En realidad contiene tres bloques grandes de C-4, un potente explosivo que es usado para la demolición de edificios. En la caja también hay detonadores, un alambre verde, un alambre rojo, una tenaza, una batería, tirro negro y un switch. Fabricio es empleado de la Policía y este día, de finales de julio de 2015, lleva en las manos los materiales con los que la pandilla Barrio 18 quiere hacer detonar las instalaciones del Ministerio de Seguridad.

La casa de Fabricio, ubicada en el municipio de Ayutuxtepeque, es el centro de operaciones. Desde ahí, según escuchas telefónicas, se coordina la obtención, el traslado de materiales y los adiestramientos para la elaboración de las bombas.

El adiestramiento

El profesor trabaja en una empresa de seguridad. Nadie lo llama por su nombre. Todos lo conocen como “Coche”. Sus interlocutores son seis: Fabricio, el empleado policial; y los pandilleros del Barrio 18 “Saylor”, “Liroman”, “Sayco Papaya”, “Sayper” y un colaborador que, con la clave Plutón, luego se convertirá en uno de los delatores de la banda. Están en una casa vieja, que tiene un gran patio y árboles de mamoncillos, en el cantón Primavera del municipio de Quezaltepeque.

El profesor les dice que es un experto en esto de armar explosivos, que hasta ha viajado a Estados Unidos a armar C-4. Este día de finales de julio de 2015 trabaja en una mesa vieja de esa vivienda del cantón Primavera. Advierte que no quiere a nadie fumando, y saca cada una de las piezas resguardadas en la caja verde metálica. Parte en dos un bloque blanco de C-4, con un lapicero abre un agujero y corta un pedazo de mecha. Hace otras pericias con las cintas, y luego calcula que esa bomba logrará causar daño a 50 metros a la redonda y matar a toda la gente alrededor. Una vez termina de armarlo, mete el artefacto en la caja, y los pandilleros le dan $200 de por esa clase.

El siguiente día tienen el segundo adiestramiento, también en el cantón Primavera. “Coche” arma dos bombas: la primera, tal como armó la primera el día anterior. La siguiente, en cambio, la arma con un switch. “Liroman”, uno de los pandilleros que participa, explica en ese encuentro cuál será el destino de las tres bombas que ya están armadas: el SITRAMSS, el Ministerio de Seguridad y la Fiscalía.

El 28 de agosto de 2015, los miembros de la estructura colocan una de esas bombas frente al Ministerio de Seguridad. La abandonan como a las 11 de la mañana en un vehículo que fue robado previamente. Pero, pese a los consejos de “Coche”, el aparato no estalla como lo planearon.

Ese mismo día Noé David Flores, un pandillero del Barrio 18 con el alias “Duende”, recluido en el penal de Gotera, llama a Plutón para expresar su inconformidad con los resultados. Le dice que se siente estafado por “Coche”, porque gastaron casi $11,000 y ninguna de las bombas explotó.

Los operarios

El nombre completo de Fabricio es José Fabricio Aguilar Panameño. Fabricio estuvo destacado como técnico en la División de Servicios Privados de Seguridad de la Policía Nacional Civil (PNC). En los registros de marcación consta que solo llegaba a marcar entradas y salidas, pero se ausentaban durante el día. Su hermano es Óscar Stanley Aguilar Panameño, alias “Chiquitón”, colaborador del Barrio 18, y es otro de los integrantes claves de la banda.

A finales de julio de 2015, “Chiquitón” vendió nueve uniformes policiales a pandilleros de Lourdes, en el municipio de Colón. Cobró $70 por cada uno. También se encargó de vender explosivos a un palabrero (cabecilla) identificado como “Bad Boy”, de la colonia 29 de Agosto de San Salvador, un explosivo que también fue proporcionado por alias “Coche”.

“Coche” en realidad se llama José Alejandro Pérez González. Su alias completo es “Coche Bomba”. Él fue instructor de tiro y explosivos del extinto Grupo de Reacción Policial (GRP), aprendió a usar C-4 en la Fuerza Armada; y, tras ser expulsado de la Policía, se convirtió en el propietario de la empresa de seguridad Servicios de Seguridad, Investigación, Capacitación, Protección de Personas y Valores (SSICPROVA).

“Coche” y Fabricio fueron descubiertos gracias a intervenciones telefónicas. Los investigadores les dieron seguimiento a ambos, y fueron capturados el 23 de agosto de 2015, cuando iban a participar de otro adiestramiento con pandilleros de la facción revolucionaria del Barrio 18 en La Paz. El objetivo de la pandilla en esa ocasión era, una vez armada, colocar esa bomba en el puesto policial de Zacatecoluca.

Los miembros de esta estructura fueron condenados en noviembre de 2017 por la suplente del Tribunal Especializado de Sentencia B de San Salvador. Fabricio recibió la pena más alta: 30 años de prisión por organizaciones terroristas y por actividades delictivas relacionadas con armas, artefactos, o sustancias explosivas, agentes químicos o biológicos. Su hermano “Chiquitón; “Coche Bomba”; el pandillero “Bullet de Zacate”, quien coordinó los atentados desde prisión; y Carlos Gómez Gómez, “el Liroman”, quien participó en el primer adiestramiento en el cantón Primavera, fueron condenados a 25 años.

Tres meses antes, la jueza propietaria del mismo tribunal especializado condenó a la primera parte de la banda –entre ellos Noé David Flores, alias “Duende”–, a ocho y 18 años de cárcel. El Tribunal Especializado de Sentencia B es el que, de acuerdo con las estadísticas oficiales, más condenas impuso en 2017, en comparación con los especializados A y C que emitieron más fallos absolutorios. La investigación a esta estructura corroboró la venta de explosivos a la facción revolucionaria del Barrio 18. Distinto a lo conocido recientemente en Operación Jaque, el caso que ha ventilado las intimidades y la planificación de atentados de la MS-13, luego de su descontento por el fin de la tregua de pandillas.

$11,000
 es lo que pagaron pandilleros del Barrio 18 en el adiestramiento y preparativos de la bomba colocada afuera del Ministerio de Seguridad. 


$200
 es lo que cobraba por una clase para armar una bomba el exinstructor de tiro y explosivos del GRP a los pandilleros del Barrio 18.

 


 

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