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Atacantes usaron armas de guerra para matar a 7 en Alta Vista

Policía cree que masacre puede estar relacionada con la purga de una pandilla. Los que conocían a las víctimas dicen que uno bailaba hip-hop y otros repartían agua embotellada.
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Masacre.  Tres hombres armados con fusiles atacaron a siete personas en un establecimiento de máquinas para jugar. Según la PNC, la razón podría estar relacionada con una purga de la pandilla.

Masacre. Tres hombres armados con fusiles atacaron a siete personas en un establecimiento de máquinas para jugar. Según la PNC, la razón podría estar relacionada con una purga de la pandilla.

Tragedia.  Familiares de las víctimas lamentan el asesinato de los seis jóvenes y un menor que se encontraban dentro del establecimiento cuando fueron atacados por los delincuentes el jueves por la noche.

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Atacantes usaron armas de guerra para matar a 7 en Alta Vista

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La cantidad de víctimas de la masacre ocurrida el jueves por la noche en la colonia Alta Vista, en Ilopango, ascendió a siete ayer, con la muerte de un hombre que fue herido en ese ataque, según confirmó la Policía Nacional Civil (PNC), que no detalló su identidad ni el hospital en que murió.

Entre las víctimas estaba un adolescente de 14 años identificado como Ánderson Ramírez. Los demás tenían entre 18 y 22, y fueron identificados como Diego Mejía Montoya, Pedro Alexánder Corvera, Cristian Andrés Guzmán, David Josué Echegoyén y uno solamente como Salvador.

Según las primeras investigaciones de la Policía, las siete víctimas tenían algún tipo de vínculo con la pandilla que opera en el sector: unos sí eran pandilleros, otros colaboraban con la pandilla y otros eran amigos de los pandilleros, dijo la PNC.

Algunas personas que conocían a las víctimas dijeron a LA PRENSA GRÁFICA que casi todas las tardes se reunían en un establecimiento que tiene 12 “maquinitas de juegos tragamonedas” y venta de café, ubicado a 200 metros de un centro comercial en Alta Vista, en el bulevar Las Pavas.

Según sus conocidos, “se reunían únicamente para jugar”, aunque algunos agentes aseguraron que la Policía ya tenía información de que en ese lugar se reunían pandilleros.

De acuerdo con la Policía y algunos testigos, los cuatro hombres que participaron en la masacre llegaron a ese establecimiento aproximadamente a las 6:30 de la tarde en una camioneta gris, placas P-383-477, que había sido robada el martes en la calle al volcán de San Salvador.

La aparcaron enfrente y se bajaron tres, excepto el motorista, vestidos de negro, con gorros navarone y portando dos armas de guerra: un fusil M-16 y un AK-47, así como una pistola 9 mm.

“Al ver a los hombres armados, varios de los que estaban en las maquinitas salieron corriendo y por eso sobrevivieron. Después los hombres entraron y les dijeron (a las víctimas) que se levantaran las camisas, no sé qué les dijeron y luego solo escuchamos los disparos”, comentó ayer una persona que observó todo desde un lugar cercano al local.

Dos horas y media después del múltiple crimen, llegó el director de la Policía, Howard Cotto, quien dijo a los periodistas que todavía no está claro el motivo del ataque, aunque por las características podría tratarse de una purga interna de la pandilla o un ataque de la pandilla rival.

“En la escena hay cuatro víctimas sin las camisas puestas y eso hace parecer que los atacantes querían saber si eran pandilleros. Los otros dos sí tenían las camisas”, dijo Cotto.

El director también explicó que la camioneta en que huyeron los atacantes fue abandonada en la “carretera de Oro”, en la frontera entre los municipios de Ilopango y San Martín. Tras abandonar la camioneta, la PNC presume que los atacantes huyeron en otro vehículo y no los han capturado.

Un oficial de servicio de la Policía de la delegación de Soyapango-Ilopango explicó que en la camioneta solamente fue encontrado un cargador de fusil M-16. Ninguna otra evidencia que apuntara a identificar a los atacantes.

A pesar de que la Policía supone que todas las víctimas tenían algún vínculo con la pandilla del sector, los que las conocían aseguraron que dos, sin especificar quiénes, se dedicaban a repartir agua embotellada.

Los amigos de Mejía Montoya dijeron que se dedicaba a bailar hip-hop y a estudiar. Los amigos explicaron que en octubre de 2015 expresó que había sido amenazado y mostraron que publicó en su perfil de Facebook: “Tengo amigos en el cielo y en el infierno, me da igual ir a uno de los dos lados. A los amigos que están allá les pido que me guarden lugar, porque presiento que dentro de poco estaré con uno de ustedes”.

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