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Casa de la Caridad, el legado de Santa Teresa en El Salvador

El albergue que dirigen las religiosas atiende a adultos mayores y a personas con VIH. La atención consiste en proveer alimentos, terapias y medicamentos.
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Bienestar.  Además de atender necesidades básicas, las religiosas priorizan las necesidades espirituales de las personas, por lo que realizan actividades con todos, sin importar la religión.

Bienestar. Además de atender necesidades básicas, las religiosas priorizan las necesidades espirituales de las personas, por lo que realizan actividades con todos, sin importar la religión.

Casa de la Caridad, el legado de Santa Teresa en El Salvador

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Las Misioneras de la Caridad del albergue de San Marcos dedican su tiempo al cuidado de los adultos mayores y de las personas con VIH. Desde que Madre Teresa fundó la Casa de la Caridad en su visita al país en 1988, las religiosas llevan a cabo una serie de actividades con las personas de la zona.

De acuerdo con la madre superior Leticia, quien está a cargo del lugar, la atención es a “los abuelitos que son indigentes, quienes no tienen familia. Ellos están en la primera sección de la casa, a veces están bien abuelitos y a veces no”. También hay un espacio especial para hombres que viven con VIH y otro para mujeres con el virus.

La atención de las religiosas consiste en que las personas con el virus “reciban su comida a tiempo”, así como la provisión de medicamentos antirretrovirales, que sirven para enfrentar la progresión del virus.

Leticia manifestó que también se da terapia a todos los residentes del lugar: “La mayoría viene de gente pobre, y a veces de gente rica también, pero cuando empieza esa enfermedad te tratan como leproso”.

En esa línea, la religiosa explicó que los residentes de la Casa de la Caridad sufren, puesto que a pesar de recibir cuidado y alimento por parte de la orden, “lo que ellos más quieren es a su familia”. “Nosotros podemos ser una familia aquí para ellos, pero no podemos ser la familia que ellos quieren, y eso los pone tristes”, agregó.

Pese a que algunos residentes visitan a sus parientes, muchos familiares “desaparecen” por el prejuicio que existe en el país en contra de la enfermedad. “Yo estoy bien sorprendida aquí, que están tratando (a las personas con VIH) un poco como al principio en Estados Unidos”, sostuvo.

De hecho, la orden de las Misioneras de la Caridad fue la primera en abrir un albergue para personas con VIH, cuando comenzó el padecimiento.

“El cardenal de Nueva York estaba muy interesado en esta nueva enfermedad que había aparecido, entonces Madre Teresa lo escuchó y ella dijo: ‘Estos son los leprosos de esta era’. Y se abrió la primera casa en Manhattan”, relató Leticia.

Además del trabajo con adultos mayores y personas con VIH, la casa se encarga del “bienestar espiritual de las personas de la comunidad”. Según Leticia, esto consiste en velar porque las personas tengan sus sacramentos, en el caso de los católicos, y en acompañar con oraciones a personas de otras religiones o entregarles recursos que puedan necesitar, como biblias, en el caso de los evangélicos.

De igual forma, las religiosas se especializan en el “bien morir”, que consiste en cuidar a las personas en sus últimos momentos.

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