Como decía Romero: ‘No cuesta ser el pastor con esta gente’”

Monseñor Miguel Ángel Morán tomará la dirección de la diócesis de Santa Ana el próximo jueves, tras década y media en la diócesis migueleña.
Enlace copiado
Como decía Romero: ‘No cuesta ser el pastor con esta gente’”

Como decía Romero: ‘No cuesta ser el pastor con esta gente’”

Como decía Romero: ‘No cuesta ser el pastor con esta gente’”

Como decía Romero: ‘No cuesta ser el pastor con esta gente’”

Enlace copiado
Durante más de 15 años, la diócesis de San Miguel –que comprende las parroquias de San Miguel, Morazán y La Unión– estuvo a cargo de monseñor Miguel Ángel Morán Aquino, un fiel seguidor de la obra del beato Óscar Arnulfo Romero y fiel devoto de la Virgen María en su advocación de Reina de la Paz. En entrevista con LA PRENSA GRÁFICA, días antes de asumir como obispo de Santa Ana, hizo remembranza del trabajo realizado.

¿Cuál ha sido su trayectoria religiosa?

Fui ordenado sacerdote en 1981 en Metapán, que pertenece a la diócesis de Santa Ana. Estuve dos años en la catedral de Santa Ana como vicario, luego como párroco en Apaneca, después la Conferencia Episcopal me mandó a estudiar a Roma, donde obtuve la Licenciatura en Teología Dogmática. Al regresar, en 1986, me dejaron en el Seminario San José de la Montaña como profesor y al siguiente año como administrador, y estuve cuatro años ahí. Después regresé a una parroquia de Santa Ana, pero viajaba a San Salvador a dar clases los lunes. Después me dijeron que volviera al seminario para ser vicerrector y encargado de estudios, donde estuve otros cuatro años. Fue en el año 2000 cuando la diócesis de San Miguel estaba vacante y el papa Juan Pablo II, a través de la nunciatura, me nombró obispo de San Miguel, eso fue el 2 de septiembre del año 2000.

¿Cuáles han sido los mayores logros como obispo en San Miguel?

Durante estos 15 años y medio hemos logrado, con la ayuda de los laicos, de los movimientos y de los sacerdotes, avanzar en la evangelización y seguir con el trabajo que los obispos anteriores habían hecho. Recordemos que la zona oriental fue muy afectada en la guerra, sobre todo en Morazán donde había muy pocas parroquias, pues mucha gente había emigrado de sus hogares. Además, la diócesis es la segunda más extensa en cuanto a territorio, ya que comprende también las islas del golfo y estas se atienden desde la parroquia de La Unión. Entre las obras materiales está la compra de la frecuencia de la Radio Reina de la Paz, una casa en el mar para el descanso de los sacerdotes y para que la usen los movimientos eclesiásticos –muchos laicos van allí y tienen sus retiros espirituales–, también el mantenimiento de la catedral basílica. En cuanto a lo pastoral, está la fundación de varias parroquias. Fueron como 10 parroquias que fundé porque eran necesarias y hace falta fundar más, pero no hay sacerdotes, aunque vocaciones sí hay. Tenemos por lo menos 60 seminaristas desde el seminario menor hasta teología.

Ya que usted habla de la Radio Reina de la Paz, ¿cómo ha sido el trabajo evangelizador desde los medios de comunicación social de la diócesis?

Antes de que llegara se habían robado el equipo y se robaron la cuestión de la imprenta donde se imprimía el Semanario Chaparrastique, que era el más antiguo de los periódicos del país. Monseñor Romero fue 24 años director del semanario y tenemos ahí en la página de la beatificación todos los artículos del Chaparrastique. Era necesario y es necesario utilizar los medios de comunicación social para evangelizar, lástima que faltan muchos fondos para sostener o tener más cobertura en cuanto a la radio, porque la radio fue comprada y costó bastante dinero.

¿Y los fondos para que funcione la radio cómo se obtienen?

Con la ayuda de gente y de las parroquias, tenemos anunciantes pero son pocos, hemos incentivado a los laicos. El problema ha sido que los transmisores nos han fallado. Teníamos una antena que una persona nos había dado, pero después pusieron otras radios y no pudimos usar esa antena, nos falló la que teníamos en Conchagua (La Unión) y nos quedamos solo con la que está en el cerro El Pacayal y tuvimos que comprar otros transmisores. Para obtener fondos se han hecho actividades, excursiones, rifas. Gracias a Dios hemos recuperado la cobertura que teníamos antes, ahora ya hay bastantes que se anuncian.

¿El Semanario Chaparrastique se logró recuperar?

No se pudo, porque eso habría que hacerlo con equipos digitales, por eso no se recuperó, porque se necesita equipo muy fuerte. Seguimos con el programa de la televisión y con las redes sociales, que tiene varias secciones.

¿Las 10 parroquias que usted fundó dónde fueron abiertas?

En toda la diócesis; por ejemplo, en Osicala era una sola parroquia, fundamos la parroquia de San Simón, que comprende Gualococti y San Isidro (Morazán). Fundé una parroquia en Quelepa, después la parroquia de Ciudad Pacífica (San Miguel), ya que aunque estaba el templo dependía de la iglesia del Oratorio San José, también la de colonia Ciudad Toledo que dependía de esa misma iglesia. Fundé además en Nueva Esparta, la parroquia se llama Santos Apóstoles Pedro y Pablo; otra que fundé fue en Lislique, que antes dependía de Anamorós.

¿Cuántas parroquias más haría falta abrir en la diócesis?

Como unas ocho; estaba en mente abrir la parroquia de Meanguera en la isla. Ahí ya terminaron la casa parroquial, nunca fundé parroquia si no había casa parroquial. Falta por fundar en cantón San Antonio Silva; y en la ciudad de San Miguel habría que fundar la parroquia Misión Kury; habría que fundar otra en Yamabal e incluso también en Arambala (Morazán) y otra más en Delicias de Concepción (Morazán).

¿Cuál es la evolución del seminario menor que hay en la ciudad de San Miguel?

Cuando yo vine el seminario menor estaba en Chinameca y decidí traerlo a la ciudad porque aquí se inició, porque este año cumple 100 años de fundado. Monseñor Romero estudió ahí, varios sacerdotes estudiaron aquí y fue también el primer seminario mayor en toda la provincia eclesiástica de El Salvador.

En el seminario había un pequeño museo en honor de Monseñor Romero, ¿qué pasó con este lugar?

Todavía existe el museo y está abierto al público y la gente puede visitarlo, lo que pasa es que no tenemos las condiciones necesarias por falta de recursos económicos.

¿Qué hace falta para que funcione ese museo?

El museo tiene que estar en un local más amplio y cada objeto tiene que estar en una urna acrílica; para eso hay que pedir ayuda al extranjero o la empresa privada. En Guatemala, por ejemplo, un banco financió todo el museo de la arquidiócesis. Aquí falta incentivar eso, tenemos varios objetos de Monseñor Romero como la grabadora, el silicio, pero tienen que estar en un museo más amplio. Ahí deberían estar también todos los vestidos de la Reina de la Paz, ahorita los tiene la niña Maruca (camarera de la Virgen), pero ella los va a dar porque los ha cuidado siempre. Tiene que haber un camarín para cada vestido. También hay objetos de monseñor Álvarez, primer obispo que estuvo ahí, en fin, hay bastantes objetos. Tiene que ser un proyecto grande.

¿Podría San Miguel llegar a convertirse en un punto de interés turístico a partir de la imagen de la Virgen de la Paz y de la historia de Monseñor Romero y la Iglesia católica?

Tener un museo abierto a todo el mundo es importante, porque es parte de la historia de la diócesis y no solo de la diócesis sino también del país. Nos falta mucho a los salvadoreños tener el amor por los objetos antiguos, yo creo que en Guatemala hay un poco más de cultura de conservación, pero ya está el proyecto ahí. Lo que también se ha logrado es la difusión de la devoción de la Reina de la Paz, que es la patrona del país y antes estaba muy descuidado eso, pero hoy se han logrado en todo el país, partiendo desde el festival mariano.

¿Se considera usted un sacerdote romerista?

Somos seguidores de Jesucristo. Esa expresión no es correcta, porque si alguien es romerista no es a Romero a quien seguimos, sino que lo seguimos a él en la medida que fue fiel al Evangelio, porque si no dividimos... hay muchos fanáticos de Romero que le ponen nombres a las calles, pero al final si Monseñor Romero viniera yo creo que les echaría en cara un montón de cosas que están haciendo hoy. Como ha habido mucha gente que ha rechazado la beatificación y gracias a Dios aquí se ha tomado conciencia de eso. Cuando yo vine en el año 2000 no existía celebración, ni siquiera el día de su nacimiento se celebraba. Hay gente que se fanatizó también y no ayudó mucho a la devoción de Monseñor Romero. Entonces la situación es esa, que muchos manipularon su imagen, tanto de derecha como de izquierda. Yo conozco a uno que sirvió como abogado del diablo, en Santa Ana, es muy famoso, no voy a decir el nombre porque todavía vive, que le tenía un odio terrible a Monseñor Romero.

¿Qué se lleva en su corazón del pueblo migueleño?

El afecto de la gente, del pueblo de Dios. Como decía Monseñor Romero, “no cuesta ser el pastor con esta gente”. Y del Lempa para acá hay una actitud muy especial por parte de las personas, es distinto y muy marcado. Monseñor Goyo Rosa (Gregorio Rosa Chávez) dice que es resultado de la devoción de la Reina de la Paz. Entonces la satisfacción es grande. Regreso a la diócesis de mi origen, por eso hay sentimientos encontrados de alegría y todo eso. Voy a una nueva misión, con nuevos retos y los sacerdotes de Santa Ana son más que los de aquí, que son 135, más los seminaristas que son 70. Allá es más el trabajo, aunque es menor el territorio y los habitantes, hay muchos retos. Incluso la Universidad Católica de El Salvador es de toda la Conferencia Episcopal, pero los estatutos dicen que el obispo de Santa Ana es el rector.

¿Qué retos le quedan al nuevo obispo?

No se sabe cuándo van a nominar obispo, el Consejo Presbiteral tiene que dejar un responsable. Los retos son continuar con el trabajo, siempre uno siente que no se pudo hacer lo que uno pensaba, pero hay que continuar con el aspecto social y las obras materiales.

Tags:

  • miguel angel moran aquino
  • oscar arnulfo romero
  • obispo de santa ana
  • teologia
  • sacerdote

Lee también

Comentarios

Newsletter