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Cómo un terremoto pudo originar la tradición del Día de los Farolitos

La ahora extinta Secretaria de Cultura de la Presidencia planteó en 2015 dos motivos para el comienzo de esa tradición, que cada 7 de septiembre lleva a cientos de personas a Ahuachapán, departamento en el occidente de El Salvador.

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Cómo un terremoto pudo originar la tradición del Día de los Farolitos

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Los 7 de septiembre son días muy especiales en la ciudad de Ahuachapán. En la actualidad está en auge la tradición del Día de los Farolitos, un evento que atrae a los salvadoreños a disfrutar de una noche especial de luces, colores y música. Los farolitos, hechos a mano con papel celofán de colores y madera, son los protagonistas de la noche.

Día de los Farolitos 2018
Así la iglesia de Ahuachapán en el Día de los Farolitos de 2018. Foto LPG / Carlos Hernández
Día de los Farolitos 2018
Los últimos preparativos en una de las calles de Ahuachapán. Foto LPG / Carlos Hernández

Desde 2014, este festival es un patrimonio cultural inmaterial de El Salvador por decreto de la Asamblea Legislativa.

La celebración también llega a las calles de Concepción de Ataco y Apaneca.

¿Pero cómo inició esa tradición? No hay seguridad sobre cuál fue el motivo, pero la extinta Secretaria de Cultura de la Presidencia (ahora Ministerio de Cultura), en un artículo de febrero de 2015, consideraba que existían dos motivos posibles.

El primero plantea que es en celebración del nacimiento de la Virgen María, fiesta que en medio de un pueblo religioso fue tomando importancia. Esta es la versión más difundida.

"Es la que tiene más fuerza o la que las personas más aceptan, ya que para algunos pobladores el amor a la virgen María viene inculcado desde la conquista. Prueba de ello es que hasta una de las carabelas de Cristóbal Colón tenía por nombre La Niña, en honor a la virgen niña", se sostiene en ese artículo.

Según esta opción, la tradicional luz de los farolitos vendría por los rezos que se ofrecían a la virgen María en los patios de las casas para los que se ponían las luces en los cercos.

Temor y fe

La otra historia cuenta que un terremoto ocurrido en 1850 hizo que los pobladores durmieran en las calles, usando candiles, rajas de ocote y candelas para iluminarse.

Farolitos
Cientos de luces como estas son las grandes protagonistas de la fiesta. Foto LPG / Archivo

La figura de la virgen María mantiene vigencia en esta historia, pues a ella se habrían dirigido rezos y ruegos de protección. Una de las promesas fue que en su honor se iluminarían las casas cada 7 de septiembre con esas mismas luces usadas en aquellos días de incertidumbre por el terremoto.

Una tercera versión (también planteada en la web cultura.gob.sv) incluye a Concepción de Ataco, que sería uno de los lugares de origen de esta costumbre, donde se celebraría desde 1897. Según la Casa de la Cultura de ese municipio, la fiesta fue llevada por las hermanas Eguizábal.

La entonces Secretaria de Cultura recuerda que, en 1988, la tradición estuvo cerca de perderse, pero que se rescató para identificar culturalmente a la ciudad de Ahuachapán.

En la actualidad, la fiesta vive uno de sus mejores momentos, yendo más allá de la celebración católica y llegando a quienes gustan de vivir un paseo singular con familia y amigos.

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