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Con mi trabajo se les quitó el machismo”

El buen desempeño de las mujeres dentro de la Policía Nacional Civil en materia de tránsito y control al transporte colectivo ha sido notorio en los últimos años.
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D isciplina, perseverancia y una actitud de liderazgo son cualidades que han hecho destacar a la subinspectora de la Policía Nacional Civil Marta Recinos dentro de la corporación policial. A lo largo de 20 años de carrera, se enfrentó a estigmas de que las mujeres no pueden realizar “trabajos de hombres”.

Recinos ingresó a la Academia Nacional de Seguridad Pública (ANSP) en 1992. Actualmente, es la jefa del Departamento de Control de Transporte Público de la Subdirección de Tránsito.

¿Cuándo ingresó a la corporación policial, dónde desarrolló su formación?

Yo ingreso en 1992 a la ANSP al nivel básico. No había mucha información, yo tenía un bachillerato técnico y podía ingresar al nivel ejecutivo, pero la poca información no llegó a mí, entonces ingresé al básico.

Mi primer despliegue es hacia el departamento de Cabañas, a Ilobasco. La delincuencia que había en esa zona eran los cuatreros.

Nos avisaron de un punto de asalto en la entrada a Ilobasco, íbamos en la patrulla y un niño nos hizo señas que los delincuentes estaban arriba, golpeamos en la cabina para que se detuviera y nos tiramos, cuando cayó la ráfaga de disparos en el patrulla. En esa situación tuvimos bastante apoyo de la comunidad. Estando en Ilobasco ascendí al grado de cabo y me trasladaron en 1993 hacia Soyapango. Al siguiente año asciendo al grado de sargento.

¿Recibió otra enseñanza después que ingresó?

Cuando era cabo recibí el primer curso en la academia de Manejo táctico defensivo de carros patrulla, que fue impartido por Patrulleros de Camino de México. En 1994 me trasladan para la escuela de manejo como instructora de manejo.

Ahí se presentó una dificultad, los instructores que estaban, todos eran hombres y no eran policías. A ellos no les pareció mi llegada y trataron la forma de desestabilizarme y desesperarme para que yo pidiera traslado, pero no lo lograron.

Con mi trabajo me fui ganando la confianza de ellos y el respeto. Como mujer uno tiene que darse el lugar acá en la Policía y tener carácter también, y darse a respetar para que la respeten.

Posteriormente, salió una convocatoria de la ANSP para formar parte de los instructores. Yo apliqué. Al final, por perseverancia o suerte o por capacidad, quedé. Estuve alrededor de ocho años impartiendo clases.

¿Qué le hizo sentir esa necesidad de subir, de escalar al nivel ejecutivo?

Yo sentía que ya había experimentado la fase del nivel básico y que si no estudiaba, toda la vida iba a ser sargento y no quería estancarme ahí, quería superarme. En 1997, como ya era sargento y el grado máximo en el nivel básico llega a sargento, opté por estudiar. Apliqué a la Licenciatura de Ciencias de la Educación y me gradúo en 2003. Tuve que estudiar para ascender, ya no quería ser sargento, quería subir.

Me gradúo en diciembre de 2005 y juramentada de la Policía. Me trasladan para el 911 de San Salvador. En mi caso me gusta trabajar bastante con el personal en la parte operativa, eso motiva al personal.

¿Qué tanta exigencia tuvo el hecho de ser mujer y ser la jefa?

Llegando al 911 tenían tres grupos de trabajo, cada grupo tenía 44 elementos. Y el jefe me dijo: ‘Usted, por ser oficial de carrera, le voy a dar el mejor grupo’, que era el peor, eso me estaba diciendo. Hay un análisis de parte del personal subalterno, la mayoría me conocía, otros no. Ellos hacen un análisis del oficial que le está llegando, y le miden la capacidad. Es bueno como oficial estar pendiente del personal y que el personal lo conozca a uno porque se incrementaron las estadísticas, las detenciones, era el mejor grupo. Vine a Tránsito en 2007, a la división de educación vial.

¿Sintió alguna presión más por el lado del género que por el lado del trabajo?

Llevaba mi carta de presentación y las normas de trabajo, que íbamos a trabajar diferente y que se respetara el sistema de trabajo. Es lógico, ante un cambio, siempre hay resistencia. Se oían los comentarios: ‘A quién se le ocurrió meter mujeres a la Policía’. Con mi trabajo me gané el respeto de ellos, se les quitó el machismo que tenían.

¿Ha tenido altercados con los dirigentes del transporte cuando han realizado manifestaciones?

Una de esas fue en Merliot. A mí me mandaron para ese punto, da la casualidad que quien estaba al mando de esa caravana de buses que iba a iniciar la marcha era don Genaro Ramírez, que fue donde ordené que cruzaran el patrulla para evitar el desplazamiento. Eso le generó bastante molestia y enojo, se me acercó tanto y me amenazaba con el dedo, que yo llegué a pensar que me iba a agredir. Pero también ya estaba pensando lo que iba a hacer. Pero gracias a Dios no pasó a más.

Su imagen no es de las más apreciadas para los transportistas, ¿será por los operativos que realizan?

En el sector transporte, tanto legal como ilegal, ellos le ponen nombre a uno. Yo sé que me denominan ‘el terror del transporte’, tanto cobradores como conductores; otro es el ‘látigo del transporte’ y los escucho decir ‘ahí viene la que no amaga’. Con la creación de la unidad femenina, el fin fue mejorar la imagen de tránsito. Las mujeres somos más decididas para imponer multa. Los transportistas dicen ‘ahí están las trenzudas’.

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