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Con señas, educa y cumple sus metas

Íngrid Martínez asegura que los sueños se cumplen si te esfuerzas y trabajas para lograrlos. Lo dice a su manera porque para expresarse, ella lo hace moviendo las manos, usando el lenguaje de señas salvadoreña (LESSA) y sonriendo, porque ella es así, se ríe de todo.

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Alfabetizadora.  En los círculos de alfabetización, Íngrid enseña a leer, escribir y matemática básica. Trabaja con personas con discapacidad auditiva e intelectual.

Alfabetizadora. En los círculos de alfabetización, Íngrid enseña a leer, escribir y matemática básica. Trabaja con personas con discapacidad auditiva e intelectual.

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En menos de dos semanas, Íngrid se sumará a las estadísticas de personas alfabetizadas; sin embargo, su camino con la alfabetización no termina ahí. En junio de este año decidió unirse al grupo de alfabetizadores y utilizar sus conocimientos para enseñar a otras personas con discapacidad, entre ellas su mamá. "Cuando me enteré de que cerrarían los círculos durante un tiempo porque nuestra alfabetizadora tendría un bebé, me preocupé por las personas que apenas iban iniciando su aprendizaje. Así que me ofrecí como voluntaria para dar clases. No quería que nadie dejara sus estudios", aseguró.

 A sus 22, Íngrid tiene sueños, metas, y hoy los ve más cerca que nunca. A menos de un mes para graduarse del Programa Nacional de Alfabetización, ya tiene planes para conseguir un trabajo: dice que va a ahorrar lo suficiente para luego fundar un negocio con su novio. Juntos quieren poner una pizzería y emprender, y quizá en algún momento formar una familia.

A los tres años, Íngrid fue diagnosticada con discapacidad auditiva, asegura que de pequeña sí escuchaba pero que después de un accidente, perdió casi por completo la audición. Por extraño que parezca, su mamá, María Magdalena Martínez, también tiene la misma discapacidad y afirma que la adquirió de la misma forma, golpeándose la cabeza cuando era una niña. Ambas viven juntas y han aprendido a salir adelante, haciéndose entender a base de señas. 

La joven es aventurera por naturaleza, le gusta salir, divertirse, y no le da miedo andar sola; sin embargo, siempre hubo algo que le molestaba: no haber terminado sus estudios. Nunca pudo terminar la primaria, dejó de ir a clases en primer grado, porque simplemente no tenía sentido ir a un aula donde las maestras hablaban y ella no entendía nada. Además, sus compañeros le hacían bromas pesadas. 

En 2014 fue invitada a unirse a un círculo de alfabetización para personas con discapacidad auditiva, le explicaron que podría estudiar, aprender a leer, escribir, hacer operaciones matemáticas y graduarse. Al principio le costó creerlo, pero decidió asistir y probar. “No estaba segura de si era cierto, pero estaba dispuesta a intentarlo. Resulta que me gustó y era bastante buena en clases. Primero tuve que aprender el LESSA y luego inicié el proceso de alfabetización”, explicó a través de su intérprete, Idalia Muñoz, quien trabaja como promotora del Ministerio de Educación (MINED) en el departamento de La Paz.

“Jamás creí que podría enseñar a leer o escribir a alguien; ahora tengo la oportunidad de ayudar a otras personas, incluso a mi mamá, y eso se siente muy bien”. 
Íngrid Martínez, 
alfabetizadora

El MINED implementó en 2009 el Programa Nacional de Alfabetización, un proyecto que busca contribuir a disminuir la tasa de analfabetismo en la población joven y adulta. Asimismo, el programa de Atención a Personas con Discapacidad (APDIS) incluye a personas con discapacidad auditiva, visual e intelectual, quienes aprenden a través de braille o lenguaje de señas. En el período comprendido entre 2009 y 2017, un total de 1,505 jóvenes y adultos con discapacidad sensorial han aprendido a leer y escribir.  

En menos de dos semanas, Íngrid se sumará a las estadísticas de personas alfabetizadas; sin embargo, su camino con la alfabetización no termina ahí. En junio de este año decidió unirse al grupo de alfabetizadores y utilizar sus conocimientos para enseñar a otras personas con discapacidad, entre ellas su mamá. “Cuando me enteré de que cerrarían los círculos durante un tiempo porque nuestra alfabetizadora tendría un bebé, me preocupé por las personas que apenas iban iniciando su aprendizaje. Así que me ofrecí como voluntaria para dar clases. No quería que nadie dejara sus estudios”, aseguró. 

Hoy, Íngrid tiene a su cargo tres círculos de alfabetización, uno en el municipio de Olocuilta, donde atiende a tres personas; otro en Santiago Nonualco, en donde hay cuatro inscritos; y uno en Cuyultitán, donde da clases a una persona. Todas son personas con discapacidad auditiva e intelectual. “Al principio yo también estaba en un círculo, pero luego  decidí salirme. No me gustaban las clases. Cuando mi hija me avisó que ella iba a alfabetizar, me convenció para regresar, y hoy estoy orgullosa de que ella me enseñe”, agregó María Magdalena, mamá de Íngrid.

Aunque asegura no sentir un llamado por la educación, sí disfruta ayudar a otras personas. De hecho, quienes han tenido la oportunidad de trabajar con ella aseguran que se ha convertido en una de las alfabetizadoras preferidas por los asociados. “Ella es una de las personas más pacientes y amables que conozco. Siempre está alegre y dispuesta a ayudar. Los municipios que visita no están cerca pero sin importar si está cansada, visita a las personas asociadas y les da sus clases”, comentó la promotora Idalia Muñoz.

Hoy se celebra el Día Internacional de la Alfabetización, y para Íngrid no hay mejor forma para celebrarlo que escribiendo sin ayuda de nadie su currículum. Asegura que espera con ansias el día en que pueda recibir su certificado, porque sus sueños siguen más fuertes que nunca y está dispuesta a cumplirlos.

Dedicación y esfuerzo. Íngrid tiene a su cargo tres círculos de alfabetización en diferentes municipios: Olocuilta, Santiago Nonualco y Cuyultitán. Para llegar a cada uno, debe tomar transporte público y caminar.

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