Contra las adicciones y la pobreza

En el Centro de Rehabilitación para Alcohólicos y Drogadictos Filadelfia, en Atiquizaya (Ahuachapán), desde hace varios años no hay agua ni luz eléctrica, además de tener una alimentación precaria.
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A duras penas.  Muchas de las verduras que son donadas están a punto de arruinarse; como sea, los alimentos siempre son bienvenidos.

A duras penas. Muchas de las verduras que son donadas están a punto de arruinarse; como sea, los alimentos siempre son bienvenidos.

Problema. La adecuada alimentación para 13 internos es el principal problema que buscan resolver.

Problema. La adecuada alimentación para 13 internos es el principal problema que buscan resolver.

En deterioro.  Los 13 internos pasan sus días en el interior de la casa que ya luce deteriorada por el paso del tiempo y por la cual cancelan $150 mensuales.

En deterioro. Los 13 internos pasan sus días en el interior de la casa que ya luce deteriorada por el paso del tiempo y por la cual cancelan $150 mensuales.

Una oportunidad.  Muchos de los internos llegan buscando alejarse de los vicios y adicciones, una  puerta con luz en sus vidas.

Una oportunidad. Muchos de los internos llegan buscando alejarse de los vicios y adicciones, una puerta con luz en sus vidas.

Contra las adicciones y la pobreza

Contra las adicciones y la pobreza

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Los inquilinos son hombres sin nombres, buscando superar el pasado poniendo las esperanzas en un futuro incierto. Son 13 internos que pasan las horas en alguna hamaca, o una de las camas de los cuartos malolientes a humedad. Aparte de luchar contra sus adicciones, deben combatir el hambre y la falta de servicios básicos.Prácticamente han sido olvidados por las instituciones que en su misión incluyen dedicarse a rescatar la dignidad de los derechos humanos, también de una parte de la sociedad, de organizaciones no gubernamentales e iglesias.

Este grupo de hombres viven en una casa que para muchos es el único hogar, ubicado en la final de la 4.ª avenida sur del barrio El Ángel. La vivienda, de 12 metros de largo por 60 de ancho, carece de energía eléctrica desde hace tres años, mientras que el agua potable dejó de llegar hace un año medio.

Estos servicios básicos fueron suspendidos debido a que el centro no tenía el dinero suficiente para continuar cancelándolos mensualmente, siendo sustituidos por la luz de las velas y el agua que deja cada época lluviosa que cae en los techos deteriorados de la casa que ocupan, por la cual cancelan $150 cada mes en concepto de arrendamiento.

Pero ante todas estas carencias, la alimentación es el principal problema de estos hombres que han decidido dejar el mundo de los excesos. Ellos afirman que “con solo uno de los banquetes con los que se festeja en algunas instituciones de Gobierno, alcaldías, o la misma Asamblea Legislativa en la que el departamento de Ahuachapán tiene cuatro diputados (ni uno de ellos los ha visitado para ofrecerles una mano), bastaría para comer “manjar de dioses” durante una semana.

Esta aseveración se debe a que su alimentación se basa en verduras o algunas libras de hueso de res que uno de sus miembros logra recolectar en mercados como los de Atiquizaya, Chalchuapa o la ciudad de Ahuachapán. La mayoría de estos productos, donados por comerciantes, están a punto de arruinarse; sin embargo, tener algo para comer es suficiente.

Según los hombres en proceso de rehabilitación, hace varios años contaban con cilindros de gas propano, pero que de un día para otro desaparecieron, por lo que ahora cocinan con leña lo cual los ha obligado a preparar los alimentos cada dos días.

Las carencias e incomodidades también las tienen en la parte médica debido a que, a pesar de ser un centro de rehabilitación, nunca han recibido asistencia psicológica para ir dejando sus adicciones.

Afirman que el único apoyo que tienen es el moral que se brindan y que, basándose en sus vivencias, aconsejan a los internos recién llegados cómo alejarse de las tentaciones de recaer en las drogas o el alcohol.

Cuando les duele alguna parte de su cuerpo, sin importar qué tan agudo sea, caminan casi 2.5 kilómetros para llegar al local de FOSALUD. Durante las últimas semanas la mayoría debió soportar en ese trayecto debido al dengue y chikungunya que se ensañó con ellos.

Pero no siempre fue así en el centro Filadelfia. Hace varios años sus miembros vendían productos para la limpieza del hogar, así como alimentos y otros productos entre chocolate en tablilla o chiles jalapeños que cultivaban, pero que poco a poco fueron desapareciendo debido al robo que muchos de ellos mismos cometían, en ocasiones para continuar manteniendo los vicios y adicciones.

De hecho, recuerdan que hubo algún tiempo cuando se atendieron hasta a 24 internos que buscaban la manera de cómo superar sus males, mientras que la menor cantidad que han atendido ha sido de cuatro.

Ahora muchos de los internos buscan cómo ayudar al centro de rehabilitación, pero debido a su pasado apegado a las drogas y alcohol casi nadie les quiere brindar una oportunidad de trabajo. Los que corren con suerte logran conseguir un aproximado de $10 a la semana, de los cuales la mitad es donada para el lugar.

Asimismo, han buscado ayuda en la alcaldía municipal de Atiquizaya y otras instituciones del Gobierno, sin que hasta el momento tengan respuesta positiva.

“Es una situación difícil, las necesidades son muchas y no podemos negarle el ingreso a nadie porque todos necesitamos una mano que nos ayude. Dios nos proveerá y sabemos que allá afuera aún existen personas de buen corazón que nos ayudarán a ir saliendo adelante”, afirmó Orlando Henríquez, uno de los encargados del centro de rehabilitación Filadelfia, quien puso a disposición el número telefónico 7533-0345 para recibir ayudas.

Henríquez manifestó que al lugar han llegado personas de diferentes ciudades como Ahuachapán, Chalchuapa, Atiquizaya, Sonsonate, incluso desde San Miguel.

De acuerdo con el encargado del centro, esto los ha puesto es una situación difícil frente a la exigencia de la alcaldía de que las personas que atienden deben ser atiquizayenses, como requisito para poder otorgarles colaboración. “Esperamos que esa decisión cambie algún día y nos ayuden con lo que se pueda”, dijo Henríquez.

Según él, no todos los que han pasado por el centro de ayuda han tenido buenas intenciones. “Aquí vienen buscando ayuda y nosotros les damos la entrada, pero ya estando instalados algunos se olvidan a lo que vienen y siguen consumiendo alcohol y tratando de inducir a otros. A ellos los despedimos, mientras que otros vienen con la idea de ver qué se llevan. Hasta los cubos que alguna vez sirvieron para la luz (eléctrica) se los robaron”, afirmó.

Otra de las problemáticas que enfrentan son las condiciones sanitarias que tiene la vivienda que ocupan. Se trata de una fosa común que genera una serie de insectos que afectan la salud.

“Siempre salen cucas, aunque se fumigue. Es una fosa común que está en función desde hace varios años y que genera mal olor y otras cuestiones antihigiénicas”, explicó Henríquez.

Al consultarle si habían buscado ayuda de alguna institución gubernamental o política para tratar de solventar dichas condiciones insalubres, el encargado se limitó a responder que hace tiempo se hicieron algunas gestiones con personal militar, pero que no obtuvieron respuestas.

Salomón Murillo, uno de los habitantes del centro de rehabilitación, explicó que entre los internos hay varios que conocen algún oficio y que serían de mucha utilidad para realizar la reparación de algunos daños que presenta el hogar. Pero el escaso recurso económico para la compra de materiales no permite realizar dichas mejoras. “Aquí hay obreros, carpinteros, maestros de obra, en fin, todos pudiéramos colaborar reparando la casa, pero sin materiales cómo lo hacemos”, se cuestionó Murillo.

Este hombre de 49 años de edad considera que el centro de rehabilitación se ha mantenido durante varios años gracias a la caridad que algunas personas han tenido con los internos, pero que lamentablemente en la mayoría de veces dicha asistencia ha resultado insuficiente.

“Alguna gente comparte lo poco que tiene con nosotros, pero a veces es insuficiente y lo entendemos. Aquí hay necesidad de ropa, alimentos, agua, medicinas y decenas de cosas más. Gracias a Dios siempre hay alguien que se apiada de nosotros”, dijo.

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