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Corazones sanos, familias felices

Los latidos del corazón de un recién nacido oscilan entre los 70 y 190 por minuto. En nuestro país, muchos de ellos nacen con un corazón que late a una frecuencia distinta. Alejandra Galán, de siete años, dice, inocentemente, que nació con un “corazón roto”. Hace unos 20 días fue operada. La cirugía cardiovascular le ha devuelto su sonrisa.
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Recuperación. Alejandra fue operada hace poco menos de un mes en el Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom; su recuperación está siendo lenta, peor muy satisfactoria.

Recuperación. Alejandra fue operada hace poco menos de un mes en el Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom; su recuperación está siendo lenta, peor muy satisfactoria.

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Alejandra vive en Sonsonate con sus padres y tres hermanos. La familia Galán nunca imaginó que una de sus hijas tuviera que conocer los hospitales a tan temprana edad. A los cuatro años presentó anomalías. Debido a una cardiopatía congénita, fue operada con el apoyo de la Fundación Latidos de Esperanza, que ha financiado casos de este tipo para 1,032 niños. Alejandra es una de las beneficiarias. Le hicieron una cirugía a corazón abierto, conocida como comunicación interventricular, de un costo cercano a los $20,000.

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Según dice su mamá, Guadalupe, todo comenzó cuando Alejandra fue llevada a Control de Niño Sano, tres años atrás. Su doctora de cabecera dijo que escuchaba un sonido diferente en su corazón. “Tiene un ruidito extra, pero no se preocupe, se le puede curar”, le comentó cuando detectó la irregularidad. El entrecejo de Guadalupe se ciñe queriendo contener las lágrimas al recordar ese momento.

Siguió llevándola a sus controles, pero su corazón seguía sonando igual, por lo que la transfirieron al Hospital de Sonsonte, pero el médico le indicó a la familia que debían llevarla al Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom.

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“Yo me eché para atrás, porque pacientes que mandan ahí son ya de especialidades, son casos más delicados. Yo pensaba en las peores cosas”, evoca.

Alejandra esperó un mes para tener cita con el cardiólogo. Luego de los exámenes, Guadalupe se enteró de que su hija tenía que ser operada. La noticia la invadió de angustia y ansiedad.

“Cuando la fuimos a ver después de la cirugía notamos que estaba muy débil. Tenía tubos en la boca y en la nariz. En sus manitas tenía la sonda del suero y estaba amarrada a la camilla para que no se tocara. Fue muy difícil”, cuenta Guadalupe, de nuevo con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada.

Alejandra sufrió una crisis hemorrágica luego de la operación. El doctor explicó que fue un efecto secundario que se presenta en algunos niños. Afortunadamente, sobrevivió.

A poco menos de un mes de la operación, la niña luce bastante repuesta. Su apetito ha aumentado. Se levanta a la cocina para traer pequeños aperitivos. Las miradas de complicidad madre e hija son notorias. Se ha vuelto la consentida de la casa.

Sin pena alguna, Alejandra baja su vestido rosado estilo princesa. Muy serena, y con mucha naturalidad, señala la herida en su pecho.

Comenta en voz baja que se siente mejor. Ahora ya no produce “ronquiditos extraños al dormir”, dice su mamá. Las caricaturas de la Princesa Sofía se han convertido en sus mejores aliadas durante su recuperación. En ocasiones juega al fútbol con su hermano mayor.

La inquietud, característica de su edad, está volviendo de a poco; su sonrisa también. Guadalupe la abraza, la besa y le asegura que dentro de poco esa cicatriz será solo el recuerdo de su corazón renovado.

Mañana, domingo 21 de mayo, se realizará la Carrera de la Solidaridad, organizada por Yo Amo ES y Latidos de Esperanza. El propósito es recaudar fondos para ampliar el número de cirugías cardiovasculares en el Hospital Nacional de Niños Benjamín Bloom.
 

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