Crecimiento acelerado de la “mancha urbana”

El desarrollo urbanístico en la capital y alrededores se aceleró en los últimos años, generando presión sobre los recursos naturales y alcanzando zonas frágiles y de alto riesgo, sobre todo al sur de San Salvador.
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En 1977 el área urbanística de San Salvador cubría solamente 55 kilómetros cuadrados, para 1995 se había extendido a 40 kilómetros cuadrados más. Para 2002 se habían agregado otros 51 kilómetros cuadrados, desacelerando su crecimiento entre 2007 y 2008 cuando la expansión fue de solo nueve kilómetros cuadrados.

Pero entre 2009 y 2012 la denominada “mancha urbana” registró el boom más fuerte al crecer en 79 kilómetros cuadrados, según datos proporcionados por el Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN).

Esta “mancha urbana”, que inició con el municipio de San Salvador para conformar luego el Área Metropolitana de San Salvador y ahora la Subregión Metropolitana de San Salvador, cubre una extensión de 234 kilómetros cuadrados; un 45% fue anexado en los últimos cuatro años.

Es decir, en 35 años el desarrollo urbanístico ocupó un área de 179 kilómetros cuadrados, con todas las ventajas y desventajas que ello supone en un país donde son recurrentes los desastres ocasionados por fenómenos naturales, con alto riesgo ecológico y recursos naturales sobreexplotados.

Orígenes

Como en la mayoría de países de América Latina, El Salvador se caracteriza por tener un crecimiento urbano desproporcionado entre una ciudad principal (San Salvador) y el resto (San Miguel y Santa Ana). Esa es la primera lectura que hace Sonia Bayres, directora general de cambio climático y asuntos estratégicos del MARN.

“San Salvador se ha conurbado, se ha unido a distintos poblados. El crecimiento mayor se experimenta de la década de los cincuenta en adelante, vinculado a la proyección económica de esos años con el modelo de sustitución de importaciones, se promueven las industrias”, explicó Bayres.

Luego, en los setenta, la integración centroamericana dinamizó el comercio y generó migraciones a la ciudad. Entonces comenzó el crecimiento de San Salvador, con las zonas francas instalándose.

En los ochenta, producto de la migración internacional, el crecimiento de la ciudad se desaceleró.

En los noventa se planteó un plan de desarrollo del Área Metropolitana de San Salvador (AMSS) con 13 municipios, que crecieron a 14 con la Ley de Ordenamiento y Desarrollo Territorial del AMSS en 1992 que incorporó a Tonacatepeque.

Bayres agregó que en 1996 se proyectó el crecimiento urbanístico hacia el norte, uno de los mayores registrados en los noventa con núcleos, como Apopa, Soyapango e Ilopango.

A partir de 2000, el crecimiento sigue vira hacia el sur (carretera al puerto de La Libertad) y occidente (Colón).

“Este crecimiento implica la problemática de los recursos naturales en términos del agotamiento del agua, área forestal y verde asociado a recarga de acuíferos y el aire”, consideró la funcionaria de Medio Ambiente.

El plan de desarrollo territorial de la Subregión Metropolitana de San Salvador, entregado el año pasado por el Viceministerio de Vivienda y Desarrollo Urbano, ya contempla 21 municipios.

Por su parte, el MARN, en su afán de registrar el crecimiento más reciente registrado en el sur y occidente de la capital, amplía dicha área con 28 municipios.

“La problemática es más complicada, porque estos municipios con urbanizaciones no tienen tanta agua. Hay un conflicto de temas ambientales potencialmente explosivos”, aseguró Bayres.

Otros problemas vinculados al crecimiento en estas zonas son el de saneamiento y desechos sólidos, debido a que la zona es escarpada que no permite construir plantas de tratamiento de larga vida.

A juicio de Bayres, las principales causas del crecimiento urbanístico son: demográficos (desplazamiento de población), económicos (polos de generación de empleo y precio del suelo) y culturales (estilo de vida).

“La ciudad no da geográficamente para más crecimiento, porque tenemos volcanes y cerros. Nos toca densificar (construcciones multinivel), que es un tema delicado por el riesgo sísmico”, apuntó la urbanista.

Bayres concluye que el crecimiento urbanístico en nuestro país ha sido desordenado. “Lo que podemos hacer es aspirar a ordenar sobre la base de considerar la sostenibilidad ambiental”, dijo.

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