Crónica Una misa llena de aplausos para Romero

“Monseñor Romero hablaba desde este púlpito. Hoy habla desde el púlpito del cielo”, dijo Vincenzo Paglia, el postulador de la causa de Romero y enviado del papa Francisco para hacer el anuncio de la beatificación, al inicio de la homilía de una misa montada en la cripta de Catedral Metropolitana en honor al arzobispo mártir. Justo terminó de decir esas palabras y las casi 200 personas que se reunieron en el sótano de la Catedral aplaudieron espontáneamente. Una reacción que se repitió otras 17 veces en los 10 minutos que duró el sermón de Paglia, parado a un costado del altar armado frente a la escultura que protege la tumba de Romero.
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El enviado papal habló de imitar la figura y obra de Romero que dentro de dos meses se convertirá en beato. “Romero está vigilado por los cuatro evangelistas y la palma que tiene en su mano significa su martirio”, dijo. Más aplausos.

Paglia sonrió y siguió con el sermón así: “Romero es el Moisés de nosotros”, otra lluvia de aplausos... “Todos somos amigos de Romero”, calló el enviado del papa. Aplausos. “Pero ser amigo de Romero significa vivir como él”. Aplausos menos intensos... “Ahora los aplausos son más débiles”, dijo con una sonrisa que se hace más evidente por sus prominentes mejillas rosadas.

Esas palabras calaron hondo en Julieta, una de las fieles que llevaba ratos de protestar por el tumulto de periodistas con cámaras y celulares en alto que impedían a los asistentes ver a Paglia. “Estos nunca vienen acá”, protestaba la mujer al tiempo que Paglia sonreía esperando que aumentaran los aplausos, “pero no es eso lo que nos manda Monseñor Romero”, le dijo la mujer a una vecina de misa, quien asentó con la cabeza la recapacitación de Julieta.

Paglia terminó el sermón agradeciendo al papa Francisco por haber terminado de empujar la causa y hacer realidad la beatificación de Monseñor Romero el próximo 23 de mayo. Un grupo de monjas de la orden Carmelitas de San José entonaron un canto para dar paso a la consagración del Cuerpo de Cristo y la comunión. A un costado de la cripta, Luis Hernández se olvidaba de la misa y daba declaraciones a una televisora internacional, donde dijo que se sentía “inmensamente feliz” por el anuncio de la beatificación de Romero.

“Poco a poco la gente va a ir conociendo la vida y obra de San Romero de América. Lo van a conocer cómo era en verdad, no lo que les han dicho”, dijo Sofía Gómez, otra de las asistentes a la misa mientras jugaba con un abanico con la imagen del mártir entre sus manos.

Al frente, la conferencia episcopal en pleno; el nuncio apostólico, León Kalenga; y Paglia, quienes vestían túnicas moradas, se alistaban para dar por terminada la misa. Al terminar, los asistentes entonaron a capela de forma espontánea tres canciones sobre Romero y su lucha por los pobres y necesitados. El contagio fue tal que el coro de las carmelitas tuvo que silenciarse para dar paso al canto improvisado. Al final, las autoridades eclesiásticas abandonaron la cripta para atender a los medios y los fieles se avalanzaron a la tumba del mártir para orar y darle más aplausos.

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