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Cuando se es el primer universitario de la familia

Juan Francisco es el tercero de los tres hijos de la familia Ramírez Del Cid, y el único de los tres que ha logrado coronar una carrera universitaria. La oportunidad se la agradece a la Fundación Forever, que lo becó para que pudiera estudiar Administración de Empresas. Es el primer becario de la Fundación Forever que se gradúa de una licenciatura.

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Logro. Juan Francisco Ramírez Del Cid muestra orgulloso el título que lo acredita como licenciado en Administración de Empresas.

Logro. Juan Francisco Ramírez Del Cid muestra orgulloso el título que lo acredita como licenciado en Administración de Empresas.

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“Cuando estaba a un pasito de entrar a la universidad, mi objetivo era conseguir un trabajo para poder costearme mis estudios, porque mis padres no tenían mayores posibilidades económicas, y ellos ya me habían dicho que me iban a apoyar hasta el bachillerato”, recordó el pasado lunes por la tarde, vistiendo un elegante traje negro y una corbata a rayas, apenas una hora antes de la ceremonia en la que las autoridades de la Universidad Pedagógica de El Salvador le entregaran su título como profesional.

El joven recuerda que luego de graduarse como bachiller recibió una capacitación sobre atención al cliente, decidido a obtener un empleo en una de las cadenas de pizzerías más grande del país, pero en 2011 supo de las oportunidades que estaba ofreciendo Forever “y cuando escuché de la beca yo dije: ‘la tengo que aprovechar, no la puedo dejar pasar’”, volvió a recordar.

“La perseverancia es algo fundamental en la vida. Posiblemente los obstáculos estén a la orden del día, pero uno ha de saber esquivarlos. Y hay que apoyarse en la Fundación Forever como lo hice yo”. 
Juan Ramírez Del Cid, becario de Fundación Forever

Tiene 24 años. Su padre es albañil, su madre atiende un chalé en una escuela, su hermana mayor alcanzó a terminar el bachillerato y el mayor de los tres ha comenzado a ir a la universidad ajustando el dinero de lo poco que gana. “Ya les gané a los dos en cuanto a nivel académico, porque llegó esta oportunidad y la aproveché”, dice orgulloso. Sus primos tampoco tuvieron la oportunidad de estudiar en la universidad, lamenta.Desde hace casis tres años, la Universidad Pedagógica también se ha convertido en su oficina: el Departamento de Comunicaciones y Mercadeo le abrió las puertas para obtener su primer empleo; allí se desempeña como camarógrafo y editor de videos, y aunque para él su trabajo “es una bendición y una alegría” no descarta entre sus planes buscar una oportunidad laboral relacionada con su carrera profesional.

Pero Juan Francisco no es el único que consiguió graduarse de la universidad becado por la Fundación Forever, junto a él otros cinco jóvenes también desfilaron por los alfombrados pasillos de un hotel capitalino para recibir sus certificaciones: Katherine Mercedes Mejía Rivera (20 años), José Ángel Mayor Escoto (21 años), Imer Antonio Campos Martínez (21 años), William Antonio López Guardado (22 años) y Jimmy Ernesto Sánchez López (23 años) se agenciaron un título universitario como técnicos en Sistemas de Computación.

Todos originarios de Soyapango, sus historias no difieren de la de Ramírez Del Cid. Según expresaron, sus padres son vendedores o comerciantes independientes con pocas posibilidades económicas como para costear los estudios superiores tanto de ellos como los de sus hermanos, por lo que su primer pensamiento también fue buscar un trabajo en la clase obrera como primera, o única, opción para sobrevivir. Sobre obstáculos y momentos difíciles también hubo anécdotas, pero el mensaje para los adolescentes estudiantes de bachillerato y para los jóvenes en general es alentador: que luchen por sus sueños, porque aunque parezcan imposibles pueden hacerse realidad con voluntad. “Yo pienso que alguien puede venir y darnos algo, pero eso se acaba, mientras que el estudio es algo para siempre que nos va a ayudar a salir adelante.

Hubo momentos en los que mis papás no podía darme ni para los pasajes; o no podían darme para comida, solo para el bus. Me tocaba madrugar y hasta que llegaba de regreso a la casa podía comer algo; esos son de los momentos que más lo marcan a uno”, explicó José Ángel Mayor, quien también habló de discriminación: “Hay gente que lo ve a uno de menos por ser de cierta zona, pero eso no quiere decir que somos lo que dicen las demás personas, eso también me marcó”.

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