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Cuatro para uno y uno para todos

Fernando Marroquín tiene 28 años de edad y ya es padre de cuatro niños, entre ellos, un hermoso grupo de trillizos.

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Abnegado.  Fernando no renuncia a la tarea de divertirse con sus hijos. Su esposa Nataly dice que admira su paciencia para la tarea de padre.

Abnegado. Fernando no renuncia a la tarea de divertirse con sus hijos. Su esposa Nataly dice que admira su paciencia para la tarea de padre.

Mover los tres coches.  Es una de las tareas más complicadas que tiene la familia. El ingenio es   el que hace que logren todas las  tareas para salir adelante.

Mover los tres coches. Es una de las tareas más complicadas que tiene la familia. El ingenio es el que hace que logren todas las tareas para salir adelante.

Diego,   el hermano mayor, colabora con su padre para poder entretener a sus otros tres hermanos menores.

Diego, el hermano mayor, colabora con su padre para poder entretener a sus otros tres hermanos menores.

paseos complicados.  Movilizarse con los cuatro niños es una tarea difícil, muchas veces optan por quedarse en casa.

paseos complicados. Movilizarse con los cuatro niños es una tarea difícil, muchas veces optan por quedarse en casa.

Cuatro para uno y uno para todos

Cuatro para uno y uno para todos

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La tarea es compleja. Es el primero en levantarse en su hogar, a las 5 de la mañana. Mientras él se baña, los trillizos y Diego, su hijo mayor, están dormidos. Al finalizar la ducha es el turno de Diego. Mientras su esposa, Nataly Platero

de Marroquín, empaca todo lo que llevarán a la guardería. Son las 6:20 de la mañana y Fernando sale con los cuatro, porque Nataly entra más tarde a trabajar.El día va con prisa en la jornada laboral y pronto el reloj marca las 4 de la tarde. Es hora de ir a recoger a los chicos. La llegada a la casa es tiempo de la pacha y de jugar. Cuando mamá regresa de su trabajo a las 7 de la noche, papá se encarga de cuidar a Lucas, Mateo y Santiago. Diego le ayuda a jugar con ellos (mirar Pocoyó en la televisión es una de las opciones).

Mamá llega a casa por el relevo pues Fernando está cansado; ella es la encargada de alistar las cosas para el día siguiente. Así termina un día normal para la familia Marroquín. “La gente dice que es cansado con un bebé, si supieran cómo es con tres”, dice entre risas Fernando.

“No se está preparado para tres bebés de un solo”

Durante el embarazo de Nataly, que fue de alto riesgo, Fernando cuidó todo el tiempo que su esposa no se golpeara, le ayudaba a moverse, le cumplía los antojos y dormía solo en una cama para que ella estuviera cómoda en otra, pues su estómago era muy grande, incluso le costaba pararse.

Cuando le dijeron que iban a ser tres, se quedó en blanco. “Al principio nos dijeron que eran gemelos; después nos dijeron ‘hay un tercero, pero no estamos seguros’. Ya a la otra ultra el doctor me dijo ‘buénale’ y ahí capté y pensé ¿qué voy a hacer?, pues hacerle frente”, recuerda.

Al igual que los trillizos, Fernando es el producto de un embarazo múltiple, en el que su hermano gemelo no se desarrolló. En el caso de los bebés Marroquín, Lucas dejó de crecer cuando faltaban dos semanas para el parto, porque uno de sus hermanos absorbía todos los alimentos, pero ya no era riesgoso.

Se acercaba la hora del parto, de acomodar la casa, de tener listos los pañales y redistribuirse las tareas, porque, como bien dice Fernando, no se está preparado para tener tres bebés de un solo.

“La vida cambia”

Fernando no se explica exactamente cómo cambia todo. Dice que lo compara con un estudiante de medicina: cero vida social ni salir, porque “no es fácil movilizarse con tres coches”, así que prefieren quedarse en casa. Además, los gastos son mayores y aún así la vida es más alegre.

Cuando nació Diego, hace cinco años, todo era solo para él, y ahora todo es por tres, “al cubo”: la comida, la ropa, la leche. Una lata grande de leche se acaba en un día y medio. Un presupuesto de $600 está destinado solamente para eso, sin contar pañales, toallas húmedas, doctores, medicamentos y la guardería, “pero gracias a Dios nunca falta un plato de comida”, asegura.

A pesar de todo, al final del día, verlos reír es lo que vale la pena. “Algo que me gusta es hacer reír a la gente, y hacer reír a mis hijos es un plus. Verlos reír a los cuatro es el momento más gratificante del día para mí, ver que están bien, que si se enferman, salimos adelante”, asegura.

“Una vez comió uno dos veces”

“¿Cómo los distingo? Lucas es el mayor, porque nació primero, pero es el más pequeño; Mateo fue el segundo y es el más grande... Y tiene un lunar en el pie; y Santiago tiene un colochito en la cabeza. La risa de los tres es bien diferente, bien se sabe cuándo se ríe Lucas, cuándo se ríe Mateo y cuándo se ríe Santiago”.

Cuenta Fernando que al inicio era más difícil identificarlos y que, una vez, le dieron de comer dos veces a uno. Los trillizos permanecieron con los brazaletes del hospital hasta que su esposa ya los reconocía. “A mí me costó un poquito más, hasta que crecieron y engordaron ya supe quién era quién”, dice este papá. Los trillizos ya tienen nueve meses.

Mateo y Santiago son idénticos, pero Lucas, por su tamaño, sí es reconocible. Fernando reconoce que Mateo tiene la personalidad de su padre: tan risueño como temperamental. Pueden estarse riendo y en un segundo estar enojados.

“Le admiro su paciencia como padre”

Fernando se encarga más que todo de los niños, de cuidar que estén tranquilos, mientras Nataly les prepara la comida. También le ayuda a lavar las pachas, a pesar de que no le gusta.

“Para ser honesto, no mucho me agrada, nunca me ha gustado lavar platos, pero lo hago”, dice.

Ella lo admira por su paciencia y por lo amoroso que es. Ambos buscan la manera de distribuir el tiempo de atención que le dedican a cada uno, entre los trillizos y Diego. “Llora uno, llora el otro o lloran los tres”, dice Fernando.

Él describe esta aventura como una bendición y como algo “extremo”. Los bebés lucen saludables y felices, les fascinan sus colchas, y que Diego y papá jueguen con ellos. Y la historia termina siempre igual: no hay nada más gratificante que verlos reír.
 

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