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Cuatro para uno y uno para todos: la vida de un padre de trillizos

Fernando Marroquín se convirtió en padre hace cinco años. Cuando él y su esposa buscaban tener una niña, no tenían idea que vendrían en camino tres varones.
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Uno no está preparado para tres bebés de un solo

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Fernando Marroquín tiene 28 años de edad y ya es padre de cuatro, entre ellos, un hermoso grupo de trillizos.

Lea también: Parto exitoso de trillizos en Hospital 1. º de Mayo

Es el primero en levantarse en su hogar, cerca de las cinco de la mañana. Mientras él se baña, los trillizos y Diego, su hijo mayor, están dormidos.

Al finalizar la ducha es el turno de Diego. Su esposa, Nataly Platero de Marroquín, empaca todo lo que llevarán a la guardería. Son las 6:20 de la mañana y Fernando sale con los cuatro, porque Nataly entra más tarde a trabajar.

El reloj marca las 16:00. Es hora de ir a recogerlos a todos. Llegan a casa y es tiempo de la pacha y de jugar. Mamá regresa a su trabajo con el carro y papá se encarga de cuidar a Lucas, Mateo y Santiago hasta que ella regresa, a las 19:00. Diego le ayuda a jugar con ellos (mirar Pocoyó en la televisión es una de las opciones).

Mamá ya volvió a casa y Fernando está cansado; ella es la encargada de alistar las cosas para el día siguiente. Así termina un día normal para la familia Marroquín. “La gente dice que es cansado con un bebé, si supieran como es con tres”, dice entre risas Fernando.



***

“No se está preparado para tres bebés de un solo”


Durante el embarazo de Nataly, que fue de alto riesgo, Fernando cuidó todo el tiempo que su esposa no se golpeara, le ayudaba a moverse, le cumplía los antojos y dormía solo en una cama para que ella estuviera cómoda en otra, pues su estómago era muy grande -incluso le costaba pararse-.

Cuando le dijeron que iban a ser tres, se quedó en blanco. “Al principio nos dijeron que eran gemelos; después nos dijeron ‘hay un tercero, pero no estamos seguros’. Ya a la otra ultra el doctor me dijo ‘buénale’ y ahí capté y pensé ¿qué voy a hacer?, pues hacerle frente”, narra.

Al igual que los trillizos, Fernando es el producto de un embarazo múltiple, en el que su hermano gemelo no se desarrolló. En el caso de los bebés Marroquín, Lucas dejó de crecer cuando faltaban dos semanas para el parto, porque uno de sus hermanos absorbía todos los alimentos, pero ya no era riesgoso.

Lea también: 7 curiosidades sobre el recibimiento de los trillizos por parte de sus padres

Se acercaba la hora del parto, de acomodar la casa, de tener listos los pañales y redistribuirse las tareas, porque, como bien dice Fernando, no se está preparado para tener tres bebés de un solo.



***

“La vida cambia”


Fernando no se explica exactamente cómo. Dice que lo compara con un estudiante de medicina: cero vida social ni salir, porque “no es fácil movilizarse con tres coches”, así que prefieren quedarse en casa. Además, los gastos son mayores y aún así la vida es más alegre.

Descubra más sobre la vida de los trillizos en su blog, en este enlace.

Cuando nació Diego, hace cinco años, todo era solo para él, y ahora todo es por tres, “al cubo”: la comida, la ropa, la leche. Una lata grande de leche se acaba en un día y medio. Un presupuesto de $600 está destinado solamente para eso, sin contar pañales, toallas húmedas, doctores, medicamentos y la guardería, “pero gracias a Dios nunca falta un plato de comida”, asegura.

A pesar de todo, al final del día, verlos reír es lo que vale la pena. “Algo que me gusta es hacer reír a la gente, y hacer reír a mis hijos es un plus. Verlos reír a los cuatro es el momento más gratificante del día para mí, ver que están bien, que si se enferman, salimos adelante”, asegura.



***

“Una vez le dimos de comer a uno dos veces”


- ¿Cómo los distingo? Lucas es el mayor, porque nació primero, pero es el más pequeño; Mateo fue el segundo y es el más grande... Y tiene un lunar en el pie; y Santiago tiene un colochito en la cabeza. La risa de los tres es bien diferente, bien se sabe cuando se ríe Lucas, cuando se ríe Mateo y cuando se ríe Santiago.

Cuenta Fernando que al inicio era más difícil identificarlos y que, una vez, le dieron de comer dos veces a uno. Los trillizos permanecieron con los brazaletes del hospital hasta que su esposa ya los reconocía. “A mí me costó un poquito más, hasta que crecieron y engordaron ya supe quién era quién”, dice este papá. Los trillizos ya tienen nueve meses.

Mateo y Santiago son idénticos, pero Lucas, por su tamaño, sí es reconocible. Mateo tiene la personalidad de su padre: tan risueño como temperamental. Pueden estarse riendo y en un segundo estar enojados.



***

“Le admiro su paciencia como padre”


Fernando se encarga más que todo de los niños, de cuidar que estén tranquilos, mientras Nataly les prepara la comida. También le ayuda a lavar las pachas, a pesar que no le gusta. “Para ser honesto, no mucho me agrada, nunca me ha gustado lavar platos, pero lo hago”, dice.

Ella lo admira por su paciencia y por lo amoroso que es. Ambos buscan la manera de distribuir el tiempo de atención que le dedican a cada uno, entre los trillizos y Diego. “Llora uno, llora el otro o lloran los tres”, dice Fernando.

Él describe esta aventura como una bendición y como algo “extremo”. Los bebés lucen saludables y felices, les fascinan sus colchas, y que Diego y papá jueguen con ellos. Y la historia termina siempre igual: no hay nada más gratificante que verlos reír.





Los trillizos en Snapchat.

Selfie de uno de los trillizos.

Tags:

  • trillizos
  • trillizos marroquín
  • día del padre

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