De instructores a consejeros de la música y de la vida

Los cinco miembros de la familia Ramírez Rodríguez se han entregado de lleno al proyecto en el ISNA.
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Ejemplo. Integrantes de la familia Ramírez Rodríguez son apoyo para las jóvenes.

Ejemplo. Integrantes de la familia Ramírez Rodríguez son apoyo para las jóvenes.

De instructores a consejeros de la música y de la vida

De instructores a consejeros de la música y de la vida

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Luis y Carolina, los padres; Elizabeth, Andrea y Cesia, las hijas. Ellos son los miembros de la familia Ramírez Rodríguez. Todos son músicos profesionales y fueron los únicos que aceptaron el reto de formar parte de esta preparación de instructores musicales que se dio con el apoyo de la Organización de Estados Americanos (OEA) y SECULTURA.

“Nos enamoramos del proyecto. Siempre deseamos ayudar a jóvenes de escasos recursos y gente con necesidades. Al ver el primer concierto, dijimos: acá estamos para ayudarles”, comentó Luis, quien junto a su esposa, Carolina, forman parte de la Sinfónica Nacional.

La entrega comenzó donando tiempo para dar clases en el Centro de Inserción Social Femenino del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo Integral de la Niñez y Adolescencia (ISNA).

Ahí, vista la tolerancia al tocar conciertos juntas, pese a diferencias de pandillas.

“Para mí, como mamá, es una experiencia muy bonita porque cada una ha desarrollado sus habilidades... eso me ha impresionado”, comentó Carolina.

La unión que hay en esta familia ha sido transmitida a la hora de enseñar a las internas lo que saben de la música. La intención es llevar valores como el amor, la solidaridad y que así se pongan metas en que lo que se quiere lograr. En algunos momentos de descanso, esa confianza impartida por la familia les ha permitido a las jóvenes acudir a ellos por consejos.

Un ejemplo

Andrea es admirada por las jóvenes, ya que a sus 22 años tiene tres hijos, está casada y es profesional de la música, por lo que todas le preguntan la clave para llevar una vida fructífera en todas las áreas. “Para mí ha sido impresionante porque son casi de mi edad. Me siento feliz de ayudar porque mis padres nos han inculcado ayudar a las personas y porque sabemos que el arte puede cambiar vidas”, enfatizó Andrea.

La lucha interna que han mostrado durante las horas de ensayo ha sido impactante para la familia de instructores, ya que a la hora de estar tocando los instrumentos se reían, seguían las reglas, pero al darse cuenta volvían a colocar la coraza que las ha mantenido separadas.

Elizabeth, quien al igual que Andrea es violinista, expresó con su sonrisa la satisfacción de ayudar, de servirles a las jóvenes y a la sociedad: “Creo que el ver a una familia unida, tocando y ellas nunca han visto eso, están viendo otra cara de la vida”.

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