Deserción de estudiantes por violencia persiste

La OIR del MINED da cuenta de que unos 15,511 alumnos de todos los niveles dejaron de ir a clases en 2015 por la delincuencia. El viceministro maneja un dato menor y matiza las razones del abandono.
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Wálter (nombre cambiado) fue fotografiado por dos pandilleros que lo esperaban a la salida de la escuela un mediodía de agosto de 2015. Los jóvenes, dice, lo sorprendieron a una cuadra de la entrada principal del centro escolar cuando todavía resonaba en su cabeza la explicación de la clase de álgebra que acababa de recibir con las claves para aprender a sumar trinomios cuadrados perfectos.

Lo pararon, le dijeron que levantara la cabeza y lo fotografiaron con un celular de última generación. Tras las fotos, le dijeron que debía alejarse de esa escuela, que debía irse lejos porque si no lo matarían. Ya lo tenían “fichado”. Esa fue la última vez que Wálter, un adolescente de 14 años, asistió a clases. Su familia llegó a la escuela, dos días después, a retirar los documentos con un argumento que tiene la mitad de verdad: “se cambiarían de domicilio”, pero no dieron detalles sobre las amenazas a muerte, sobre la exigencia que le hicieron los pandilleros de no aparecerse nunca en esa parte de San Martín.

Wálter no fue el único que dejó de estudiar el año pasado tras recibir amenazas: un informe de la Oficina de Información y Respuesta (OIR) del Ministerio de Educación (MINED) da cuenta de que en 2015 desertó un total de 114,617 estudiantes de todos los niveles y de los 6,053 centros educativos, públicos y privados, del país. De ese total, unos 15,511 declararon que abandonaban sus estudios por la “delincuencia”; sin embargo, otros 32,637 dijeron que la razón de la deserción era el “cambio de domicilio”, tal como lo hizo la familia de Wálter.

La OIR del MINED también consigna que unos 12,996 alumnos declararon que no podían seguir estudiando porque “abandonarían el país” y otros 14,045 no pudieron dar una razón específica, por lo que los directores de los centros escolares escribieron “otras causas”, en el reporte entregado al ministerio como parte del censo escolar 2015.

Esas últimas razones, tal como lo afirman los directores, esconden el verdadero tamaño del impacto de la violencia pandilleril en los estudiantes.

Cada año, el ministerio de Educación realiza un censo escolar en el que junta esas razones y trata de encontrar una explicación a la alta deserción. LA PRENSA GRÁFICA tuvo acceso a los resultados finales de 2015, por medio de una petición de información formal a la OIR del MINED.

Ese documento también detalla otras razones de la deserción: “se fue a otra escuela”, “los padres no quieren que asista a la escuela”, “bajo rendimiento académico”, “trabajo agrícola” y “dificultades económicas”, entre otras (ver listado completo con cantidad de estudiantes en el gráfico que acompaña este texto).

Esas causas son recogidas por cada centro escolar en un formulario donde escriben el nombre del alumno, el día y el mes en que dejó de estudiar y la supuesta razón. Ese último espacio está lleno con lo que declara el alumno o sus padres el día en que llegan a retirar los documentos. Nadie investiga que ese testimonio sea cierto.

desencuentro de cifras de deserción

Pese al carácter oficial de las cifras de deserción escolar entregadas por la OIR, el Ministerio de Educación las niega. El viceministro del ramo, Francisco Castaneda, dijo que la OIR (del MINED) “no recolecta bien, que no estén cruzando las informaciones, porque eso nos puede dejar como que no somos serios en la presentación de los datos”.

El funcionario señaló que como institución están en “un proceso de ordenar los indicadores estadísticos y un poco cientificar (sic) más el proceso de la recolección y tratamiento que se le debe dar”.

Para Castaneda, “el equipo que ve las estadísticas por centro escolar” ha consolidado que en 2015 hubo 39,425 estudiantes que abandonaron el sistema educativo público de todos los niveles. Una cifra que dista mucho del informe de la OIR del mismo ministerio.

Castaneda llega a esos resultados con la siguiente fórmula: toma la cantidad de 1,362,396 estudiantes que se habían matriculado hasta abril (mes considerado como el tope) y le resta la matrícula final de 2015, en octubre: 1,300,446. Eso le da como resultado 61,950 alumnos que abandonaron clases el año pasado. A ese dato, aún le restan los 22,525 paquetes escolares que no se utilizaron en 2015 y así le da como resultado los 39,425 casos que él llama “deserción global”.

Sin embargo, la gráfica al pie de este texto refleja que el pico de matrícula del sistema público en 2015 ocurrió en marzo y no en abril, con 1,367,342 estudiantes. Eso deja a 4,946 alumnos fuera del dato que prefiere usar Castaneda.

El viceministro matiza las razones por las que los alumnos dejaron de ir a clases. Dice que, según sus cuentas, fueron 3,785 los jóvenes que desertaron el año pasado por “amenazas de pandillas”. En sus números, otra vez, aparecen categorías más genéricas como “cambio de domicilio”.

La subdirectora de un centro escolar ubicado en el centro capitalino, que pidió no ser identificada, dijo que eso de “cambio de domicilio” es lo que los padres dicen, pero en muchos casos la razón verdadera se debe a amenazas. En 2015, dice, se fueron un poco más de 200 alumnos solo de esa institución. La docente señala que un 90 % de ese total fue amenazado y por eso se largó.

Otros docentes y directores consultados para este reportaje también aceptaron, bajo anonimato, la fuga de estudiantes el año pasado por la violencia. Uno de esos maestros dijo que en San Juan Opico, donde está la escuela donde labora, los pandilleros entran sin ningún tipo de restricción a amenazar a los alumnos. Según el docente, los jóvenes deben levantarse el uniforme para comprobar que no están tatuados.

Esos casos contados bajo el anonimato se suman a otros que fueron públicos, tal como ocurrió en noviembre de 2015 en Usulután: el MINED, a través de la dirección departamental, oficializó el cierre de tres escuelas.

Uno de esos casos fue el del Centro Escolar Hacienda La Carrera, lugar donde estudiaban dos adolescentes que fueron asesinados el 27 de agosto del año pasado, cuando regresaban de clases. La PNC dijo que pandilleros atacaron a los jóvenes debido a que residían en una zona donde operan grupos rivales.

Castaneda, además, alega que no todos los muchachos que abandonan las clases dejan de estudiar. En algunos casos, dice, aparecen en otras escuelas o regresan en años siguientes.

Ese matiz, sin embargo, no vale para Wálter.

El adolescente sí desertó por completo. Nunca aprendió a sumar trinomios y ahora intenta reparar bicicletas para sobrevivir lejos de San Martín.

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