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Devoción, fe y esperanza en la Guadalupana

Hoy se celebra el Día de la Virgen de Guadalupe. Con mucha devoción, decenas de católicos se agolparon ayer, en la víspera de esta celebración, en la parroquia de la Ceiba de Guadalupe, para venerarla, darle gracias o pedir por algún milagro. Se espera que hoy crezca aún más el número de visitantes.
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Devoción, fe y esperanza en la Guadalupana

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En la entrada principal a la basílica, en la carretera Panamericana, abundan las ofertas: rosas a $1, calendarios 2018 con la imagen de la Guadalupana a $1; velas blancas adornadas con listones de distinto color “a cora” ($0.25); camándulas y hasta cadenas de un dorado que brilla aún más cuando les da el sol, a $2; “son de puro acero; inoxidable”, dicen las vendedoras.En medio de churros españoles, elotes locos, pupusas, dulces típicos y uno que otro puesto de venta de relojes de mano y ropa, los feligreses se abren camino para poder ingresar a la parroquia.

En esta ocasión, cuatro elementos del Cuerpo de Agentes Metropolitanos (CAM) están de pie en la fachada, a medio metro de la acera, detrás de unos barrotes amarillos que hacen las veces de puertas de entrada; los agentes se encargan de registrar las carteras y mochilas de toda persona que entra al lugar.

A medida avanzan y dejan atrás a los agentes, los devotos se encuentran con dos acólitos esparciendo sobre las cabezas agua bendita, mientras otros tantos hacen negocio con los hombres cuyos chalecos color café claro rezan en la espalda “Fotógrafo”.

No son pocos los que pagan por la foto del recuerdo, posando con una pancarta con la imagen de la Virgen de Guadalupe como fondo.

Es frecuente ver a bebés, niñas, niños y adolescentes vestir trajes típicos durante su visita a la Virgen, pero no son los únicos. Aunque es poco común, también hay jóvenes veinteañeras, mujeres adultas y uno que otro hombre que visten el atuendo típico.

Como es el caso de Deisy Flores, de 38 años, quien llegó a la Ceiba de Guadalupe vestida de un traje típico azul con rojo, para darle gracias a la Virgen de Guadalupe por acompañarla en todo momento desde que le fue diagnosticada insuficiencia renal.

“Yo siempre he sido devota y he venido, pero hace cuatro años me diagnosticaron insuficiencia renal y he pasado por un proceso bien largo, los exámenes son bien difíciles y gracias a Dios me salió un donante, pero para cada examen yo venía a pedirle a la Virgen. Una vez me iban a sacar cinco piezas de la boca, porque uno tiene que estar bien de todo (para antes de la operación de trasplante de riñón) y yo vine a pedirle que no me doliera, porque yo sé que es un dolor horrible. Y ese día solo le dije a la doctora: ‘¿Ya estuvo?’ Y ella me contestó: ‘Sí, ya estuvo’. Y yo de verdad no sentí ningún dolor”, relata.

Entre las 10:30 y las 11 de la mañana, la cantidad de personas se multiplicó y se hizo larga la fila de quienes con una rosa y con una vela en mano esperaban llegar hasta el altar para pedir o dar las gracias por algún milagro. Dentro de la parroquia, las comunidades que colaboran en los actos eclesiásticos habían retirado todas las bancas con el objetivo de abrirle espacio a todos los arreglos florales que la feligresía lleva como ofrenda a la venerada madre de Dios.

Mientras unos llegaban, otros hacían fila y otros se iban, de dos megáfonos emanaba el sonido de la voz del sacerdote y los cánticos de la eucaristía que estaba teniendo lugar abajo del altar, en la cripta.

Como es tradición, se espera que esta noche asista un número mayor de católicos para venerar a la Guadalupana. “Siempre hay que venir a darle gracias, porque ella nos protege y también protege a nuestros hijos”, expresó el feligrés José Canales.

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