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Día de los Muertos | "Aquí tengo enterrados a once familiares"

Este es el relato de don José Manuel García, ciudadano chalateco que enterró a 11 familiares en el antiguo cementerio de Potonico, que desde 1974 se inunda cada invierno por las aguas de la Central Hidroeléctrica Cerrón Grande. Don José llega con flores cada día de los difuntos.

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Histórico. El antiguo cementerio guarda bajo el agua parte de la historia del municipio de Potonico, Chalatenango, y de muchas familias que enterraron a sus familiares en este camposanto antes de la primera inundación en 1974.nico; cada 2 de noviembre llega con flores en memoria y gratitud.

Histórico. El antiguo cementerio guarda bajo el agua parte de la historia del municipio de Potonico, Chalatenango, y de muchas familias que enterraron a sus familiares en este camposanto antes de la primera inundación en 1974.nico; cada 2 de noviembre llega con flores en memoria y gratitud.

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Soy José Manuel García Sánchez, tengo 53 años de edad, habitante del municipio de Potonico, en Chalatenango; acá, en el viejo cementerio, se guarda parte de la historia de mi familia y de todo el municipio.

En la época de verano, en este espacio no hay agua. Entonces se aprecia que algunas tumbas desaparecieron, el tiempo pasó y el daño es evidente, sobre todo porque a la mayoría de los enterrados les ponían cruces de madera.

Acá estaban enterrados al menos 500; antes se llevaba el registro en la alcaldía, pero con tantos años y la guerra que hubo, los datos se perdieron.

Recuerdo que los fallecidos eran enterrados en tumbas sencillas, producto de la pobreza de nuestro pueblo. Ahora únicamente sobresalen los mausoleos de la familia Vides.

Recuerdo. Don José Manuel tiene fresco el recuerdo de sus familiares enterrados en el antiguo cementerio de Potonico; cada 2 de noviembre llega con flores en memoria y gratitud.
Tras la inundación del cementerio, varios cadáveres fueron exhumados y trasladados al cementerio nuevo, mientras que otros, descansan en el cementerio antiguo. Fotos Javier Aparicio.

Don Simón Vides era el más adinerado del pueblo. Tenía muchos negocios como el ajonjolí y granos básicos; hacía trueques, viajaba. Tenía mozos, ganado, caballos, moliendas.

Tenía el Mentidero, adonde la población llegaba a pelar yuca, tipo hoy con las fincas. Él tenía mucho dinero y por eso construyó los pocos mausoleos del cementerio  que todavía se pueden observar.  Tras los años, muchas personas optaron por dejar aquí a sus familiares porque ya se habían convertido en polvo.

Es que tras la construcción de la presa del Cerrón Grande todo el cementerio se inundó. Como compensación por todo eso, la CEL (Comisión Ejecutiva Hidroeléctrica del Río Lempa) compró una manzana para un cementerio nuevo y este que ahora vemos inundado quedó inhabilitado en 1974.

 
Las tumbas del Lago Suchitlán 

Clandestinamente durante la guerra acá enterraron a más de diez muertos porque no se les podían trasladar al cementerio nuevo del pueblo, nadie quiere enterrar a nadie entre las balas.

En 1974, a muchas familias les tomó por sorpresa la inundación del cementerio, no tenía los recursos económicos para exhumar a sus familiares. Fotos Javier Aparicio.

Pese a que había la opción de llevarse a sus muertos a un nuevo cementerio, muchas familias optaron por dejar aquí a sus familiares por respeto.

En invierno este cementerio se inunda, y por eso es que lo vemos así como ahora, bajo el agua. Pero me da igual, mientras Dios me preste vida, vendré a enflorar y recordar a mis seres queridos.

Acá tengo enterrados a once familiares y cada día de los difuntos los vengo a enflorar, siguiendo la voluntad de mi padre. El agua me supera la cintura en esta época del año, rodeado de plantas acuáticas, pero con mucho orgullo puedo manifestar que en esta manzana de terreno, bajo el agua del embalse, descansan mis familiares, y no los he olvidado.

Varias familias optaron por exhumar a sus parientes para tener un lugar fijo y seguro para visitarlos y enflorarlos en cualquier época del año. Fotos Javier Aparicio.

Mis siete hermanos murieron pequeños por el colerín, una enfermedad hoy conocida como el cólera. Antes, a los enfermos los sacábamos en hamaca o caballo y cuando llegaban a un centro asistencial, ya habían fallecido.

A mis once familiares los enterraron en este cementerio y cada año los vengo a enflorar. Mi papá, Sergio Mateo García, lo hacía cada año; cuando falleció, me dejó esta misión y lo realizo cada año en su memoria y con mucho amor.

Son siete hermanos, dos tíos y mis abuelos por parte de mi papá, Sergio y Nés. Entre mis hermanos están dos con mi mismo nombre.

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