Día de los Muertos | El Amatón, en Jucuapa, la meca de los féretros en El Salvador

Dos años fueron fundamentales para que el negocio se expandiera, la epidemia de violencia delincuencial de 2015 y la pandemia de COVID-19 por coronavirus en 2020.

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Acabado. Así se exhiben los ataúdes que se fabrican en el municipio de Jucuapa, Usulután.

Acabado. Así se exhiben los ataúdes que se fabrican en el municipio de Jucuapa, Usulután.

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El principal motor de la economía de Jucuapa, Usulután, es la muerte. O mejor dicho, uno de sus efectos: la producción de ataúdes.

Específicamente en el cantón El Amatón, de esta localidad, hay más de 30 talleres especializados en la producción de diferentes tipos de féretros que abastecen a las funerarias del país, produciendo semanalmente más de 600 féretros.

"Es una de las fuentes de ingresos más fuertes desde hace años. Jucuapa se ha vuelto famoso en este sentido", considera Iván Zúniga, de 36 años de edad, encargado de Funerales Robles, un negocio que cuenta con su propio taller de ataúdes.

En camino. Parte del proceso de fabricación; ataúd listo para su pintura y después forrarlo.

Según Zúniga, esto no es un boom inexplicable sino el resultado de más de 75 años de tradición. La mayoría de pobladores entiende que este oficio es un modo seguro de incorporarse a la población económicamente activa del país. "Yo aprendí con los hijos de los fundadores de esta cultura", sostiene, ilustrando cómo el conocimiento ha cruzado cuatro generaciones de jucuapenses, y contando.

Hay mucho de pensamiento estratégico casi intuitivo detrás de esta idea. La mayoría de talleres fueron creados para incrementar oportunidades laborales en la comunidad pero también es un modo efectivo de reducir costos de transporte y se mantiene el patrimonio de la ciudad.

Por eso vemos cada media cuadra uno de estos negocios: Nuevo Renacer, el de los Quintanilla, Velaciones Araujo, Monteverde, Lima, Nuevo Edén...

DEDICACIÓN TOTAL

Buena parte de los ahora emprendedores del arte fúnebre aprendió de don José Araujo, un hombre de 42 años de edad, y dos décadas de experiencia, o de los jóvenes que él entrenó en su momento. Muchos pensaban dedicarse a otros oficios pero la seguridad de este mercado, aunque tan competido, los convenció.

Los talleres ofrecen féretros desde los $200 hasta los $1 mil 200 dólares, según las peticiones de los clientes. En la mayoría de lugares la oferta oscila entre una caja económica, una especial también conocida como americana, y la tallada o decorada en la que se ocupa madera de mejor calidad y en la que se aprecian mejores detalles. "Y por supuesto, si el cliente lo pide personalizado, se puede pero el costo se va arriba", nos comparte Meybelin Robles, conocerda del forrado de ataúdes.

Detalles. Los féretros, luego lujosos, empiezan humildes en las manos de carpinteros usulutecos.

"Este trabajo lleva tiempo y dedicación, siempre queremos hacerlo de la mejor manera para que el cliente se sienta satisfecho, y en ese objetivo debemos desarrollar toda nuestra creatividad."

En el término de cinco años, los vecinos han debido perfeccionar sus técnicas y procesos: primero se vieron abrumados por el alza en la tasa de homicidios, fenómeno que relacionan con el año 2015, y en 2020 la pandemia les ha conminado a esforzarse al máximo, incluso duplicando la producción. En el trimestre entre mayo y julio, la mayoría de talleres debió cerrar ya entrada la medianoche para cumplir con los pedidos.

"En su momento algunos materiales se escasearon", se sincera Zuniga, que aseguró que los demás talleres de la localidad tampoco dieron abasto.

En su caso, en este semestre las diez personas entre jóvenes y adultos empleadas, cuatro a la carpintería, tres para afinar detalles, uno pinta los féretros y dos señoritas encargadas de los forros, debieron demostrar de qué madera están hechos los orfebres de Jucuapa.

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