Diez situaciones vividas por salvadoreñas que no parecen acoso, pero sí lo son

Diversas situaciones diarias que viven las mujeres en la escuela, el trabajo, la iglesia y en los muchos lugares que frecuentan, podrían ser consideradas como "inofensivas" por muchos, quienes de igual manera las catalogarían de "exageraciones" si alguien llegara a llamarlas acoso.
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En ocasiones, el acoso puede estar encubierto por “gestos de amabilidad”, porque generalmente se tiene la idea de que si no te tocan una parte íntima, no te están irrespetando y no tendrías que ofenderte o “malinterpretar”. Muchas mujeres guardan silencio porque no saben cómo reaccionar en casos en que una mirada lasciva, una agarrada de mano, de cintura o un “piropo” las hacen sentir incómodas. El miedo, una actitud desprevenida, la situación sorpresiva o la vergüenza hacen que las mujeres terminen aceptándolo.

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El Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU), prioriza esta definición de acoso sexual: "Un tipo de violencia que manifiesta relaciones de poder y se expresa de diversas formas, directa e indirecta y en distintos ámbitos sociales, incluidos lugares de trabajo y de estudio".

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El ISDEMU incluye chistes, bromas y "roces indeseados" en ese concepto, que recoge un boletín informativo de hace varios años. En el mismo, enlista puntos claves para identificar una situación de acoso: 1. Implica atención indeseada: algo que no has pedido y para lo que no has dado la pauta. 2. El comportamiento es unilateral, es decir que no lo correspondés. 3. En lugar de hacerte sentir elogiada, te hace sentir denigrada. 4. No tenés control alguno de la situación. 5. Te sentís mal con vos misma.



A continuación, te enlistamos algunas experiencias recolectadas como parte de un ejercicio en la redacción de LA PRENSA GRÁFICA. Parecen no ser acoso, pero sí lo son:

"Yo tuve un jefe que cuando, después de varios encuentros, me atreví a decirle que que no me tocara los hombros, se hizo el ofendido. Se me ponía por detrás cuando yo estaba sentada, dizque a hacerme masaje. Claro, es que como no te están tocando una parte privada, entonces ‘no tendrías por qué ofenderte o molestarte’, pero en realidad, uno puede sentir la mala intención o el morbo".

Editora LA PRENSA GRÁFICA
 
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“Como respuesta a la cortesía de ceder el paso en una fila, uno de los dos hombres me agradeció diciéndome "mi amor". Sentí tanto rechazo hacia una manifestación supuestamente de gratitud con palabras que no son insulto y noté que el hombre no entendió el por qué de mi molestia. No entendió que muchas mujeres no recibimos con agrado ese tipo de palabras porque vienen de un completo desconocido, de alguien con quien no tenemos ni un solo vínculo afectivo y de quien esperamos respeto y distancia, que NO se pase del límite. Lo recuerdo y me enoja”.

Periodista de LA PRENSA GRÁFICA
 
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"Una vez, cuando todavía estaba en el colegio, un amigo de la iglesia se ofreció a ayudarme con una tarea. Cuando yo me senté en la computadora, él se puso detrás de mí a explicarme. Mientras yo escribía, comenzó a acariciarme los hombros con las dos manos e inmediatamente me vi obligada a levantarme. El momento se tornó tan incómodo, que todavía me causa repulsión escuchar la canción que sonaba de fondo ese día".

Redactora de LA PRENSA GRÁFICA.
 
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“Cuando tenía unos 20 años, en la parada de autobuses había un tipo que siempre estaba pendiente de las rutas que yo tomaba y a qué hora regresaba. Vendía billetes de lotería y me decía "ya viene equis ruta". Luego, ahora como periodista, me he encontrado con entrevistados que de la nada me preguntan sobre mi vida íntima, uno que se roza el área de los genitales cuando lo entrevisto (asco) y otros que al "despedirse" intentan tocarme otras partes del cuerpo. Toca responder con fuerza”.

Periodista. Anónimo.
 
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“Yo frecuentaba a un quiropráctico que me habían recomendado por ser papá de una colega en el trabajo. Iba por lo general con mi esposo y confiada en que conocía a su hija y él lo sabía. Un día llegué sola a la clínica y  me recibió como siempre, pero a diferencia de las otras veces me dijo que ese día iba a "explorar" otras áreas de dónde podía provenía mi dolor y me pidió que me quitara la blusa. A mí me pareció raro pero me la quité. Al siguiente momento tenía sus manos sobre mi busto tocándome de una manera que no era usual en un profesional de la salud y definitivamente no tenía que ver con mi dolor de espalda por el que iba a consulta. Me puse nerviosa pero no pude decirle nada. Creo que él notó eso, dejó de tocarme y yo me vestí rápidamente sin decir nada. Me fui y nunca regresé. Es de esos momentos en que uno se siente violentada pero al mismo tiempo no sabe cómo reaccionar y con temor a reclamar algo al agresor”.

Jefa en LA PRENSA GRÁFICA
 
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“Un compañero de trabajo se me acercó un día y me dice que algo le está preocupando, cuando le pregunté que era, me respondió que me estaba viendo "gordita" y que eso no le gustaba...”

Abogada. Anónimo

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“En una ocasión, un motorista del trabajo me hizo sentir incómoda. Ese día tenía un viaje que duraría todo el día y andaría con él (y otros compañeros) en trabajo de campo. Al principio la conversación era normal, todo casual. Una cosa llevo a la otra y terminaron hablando de sexo y temas personales. A ese punto yo ya no quería participar de la conversación. Me sentía incómoda (era la única mujer del grupo). Así que uno de ellos se inventó que jugáramos verdad o reto; yo no quería participar pero sentí que no tenía opción. Siempre que era mi turno elegí "verdad", porque no quería ni pensar qué tipo de retos pondrían. Las preguntas fueron desde si tenía novio hasta si era virgen o por qué aún no lo había hecho. Fue una de las peores experiencias. Me sentí impotente y vulnerable. Todo el camino de regreso tuve que fingir que dormía para que no siguieran hablándome.

Periodista de LA PRENSA GRÁFICA

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"Cuando me iba a casar, un compañero de trabajo se enteró. Cuando tuvo la oportunidad me 'felicitó' y de paso me ofreció regalarme la despedida de soltera. Sí, él me la iba a amenizar. 'Si quiere yo le bailo', esa frase me da tanto asco, aún cinco años después de haberme casado".

Editora de LA PRENSA GRÁFICA
 
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Mi jefe, supuestamente "ultra religioso", cada vez que teníamos reuniones me observaba detenidamente y hacía comentarios sobre lo alto de mis tacones o sobre mi vestuario. Su revisión me hacía sentir incómoda cada vez que me reunía con él".

Catedrática UNICAES
 
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"Al entrar en un nuevo trabajo, en la segunda oportunidad que me tocó viajar con un motorista de la empresa comenzó a insinuar si yo le haría caso a un hombre casado, si no me enamoraría de un hombre casado y siguió con esa misma pregunta en otras oportunidades. Tuve que contestarle pesado la última vez diciendo claramente que no me interesaba, estando presente un compañero, para que dejara de hablarme de eso. No me gustaba andar con él, me sentía incómoda y tenía mucha desconfianza"
 
"Cuando empecé a estudiar en la universidad tenía que abordar una ruta de autobús interurbana, el viaje era largo y se llenaba. Una vez iba en el asiento de la orilla y un hombre comenzó a toparse demasiado a mi hombro y frotar sus genitales descaradamente. Me sentí incómoda, impotente y cuando iba a bajarme trató de agarrarme los senos. Me sentí incómoda todo el día, casi vulnerada":

 
Periodista LA PRENSA GRÁFICA
 
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Recordá: Negarte a que te toquen las manos, la cintura, el pelo o cualquier otra parte de tu cuerpo, si no estás de acuerdo; detener a un hombre que te hace insinuaciones verbales o vulgares, o que te mira de una manera que te incomoda, no tiene por qué hacerte sentir mal.

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  • ISDEMU
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