“Dios es el héroe en todo esto”

El domingo 3 de enero por la tarde un grupo de personas, de diversas edades y miembros de la Iglesia Cimiento Estable de La Unión, tenía una reunión de comunión (como ellas le denominan al encuentro) en un rancho de Playas Negras (La Unión), propiedad de uno de sus “hermanos”.
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No era el primer año nuevo que hacía este tipo de viaje –ya se ha vuelto una tradición en la congregación– pero los fieles aseguran que esa tarde Dios les puso una dificultad, pero también les marcó el camino para sobrevivir. Habían tenido el culto matutino y después del almuerzo jugaron fútbol en la arena, para posteriormente ir a bañarse en el mar. Aproximadamente a las 4:30 de la tarde varias olas sorprendieron a un grupo de cinco menores de edad quienes comenzaron a ir mar adentro, sin poder detenerse. Tres pudieron salirse solos o ayudándose entre sí, mientras que dos (Josué Majano y Agustín Jiménez) tuvieron que ser rescatados por Obed Benjamín Díaz Vásquez, de 25 años, quien los salvó como pudo aferrándolos a unos trozos de madera. Sin embargo, debido al sobreesfuerzo realizado perdió la fuerza y él también tuvo que ser sacado por un padre de familia.

El relato de lo sucedido es brindado por Obed Neftalí Díaz, pastor de la Iglesia Cimiento Estable y padre de Obed Benjamín, en un cuarto del sexto piso de un hospital privado de la ciudad de San Miguel, donde su hijo estuvo internado desde esa tarde.

La familia Díaz Vásquez es originaria de San Salvador, pero desde hace 10 años reside en La Unión. Obed Benjamín es el mayor de tres hermanos y hace más de un año regresó del extranjero luego de graduarse de la carrera de Ingeniería Mecánica. Actualmente, colabora en un colegio cristiano y también en la iglesia.

Cuenta Obed Neftalí que desde las 4:30 de la tarde del 3 de enero fue un calvario hasta llegar al hospital de San Miguel. Benjamín es un joven de contextura alta, con una masa muscular considerable, ni flaco ni gordo, un joven corpulento. Y no es hábil para nadar. El físico fue una de las dificultades que tuvo un miembro de la iglesia para poder salvarlo. Fue el esposo de Xóchitl de Solís quien pudo sacar a Benjamín de lo profundo del mar.

“Una hermana nos dijo que los chicos estaban levantando las manos, por lo que mi esposo junto con otro hermano salieron corriendo; el hermano no pudo avanzar porque lo arrastró una ola, pero mi esposo pudo llegar donde nuestro hijo, que estaba en unas tablas con los otros niños, y después fue que pudo sacar a Benjamín del mar”, dijo la madre de Daniel Solís, de 10 años, otro de los niños que estaba en el grupo a la deriva.

Luego, un miembro de la iglesia que tenía experiencia como salvavidas lo cargó e inmediatamente Benjamín comenzó a echar espuma por la boca. Las llamadas a los puestos policiales aledaños fueron constantes y siempre encontraban la misma respuesta: no había patrullas disponibles para trasladarlo.

El padre de Obed Benjamín señala que por momentos no respiraba y que le intentó realizar respiración boca a boca, pero lo mordía. “Creo que era una reacción del sistema nervioso central que le ordenaba eso, porque él no estaba consciente, no reaccionaba para nada, por lo que me limité a soplarle la boca”, apuntó.

Luego de eso comenzó la aventura de trasladarlo hacia el Hospital de La Unión. El trayecto se recorre normalmente en 40 minutos, aproximadamente, pero el motorista lo hizo en la mitad de tiempo. En el camino, y debido a la excesiva velocidad, el conductor no vio un túmulo y por poco caen del vehículo. “La compuerta del pick up la llevábamos abierta porque Benjamín es muy alto y no la podíamos cerrar y del golpe en el túmulo se golpeó la cabeza”, dijo el padre del joven.

Al llegar al Hospital de La Unión los médicos dijeron que por su condición era necesario trasladarlo hacia el Hospital Nacional San Juan de Dios de la ciudad de San Miguel. En el camino con la ambulancia el tanque de oxígeno se quedó vacío y la tenaza que andaban para hacer el cambio no servía, por lo que un hermano de la iglesia prestó una. En el centro asistencial había cinco pacientes que esperaban a que se les colocara un respirador artificial.

La familia decidió llevárselo hacia un hospital privado, no sin antes firmar un documento en el Hospital San Juan de Dios, porque se retiraban bajo su propio riesgo. Es por ello que hasta las 9:30 de la noche, (cinco horas después de lo ocurrido) Benjamín era ingresado a la unidad de cuidados intensivos conectado a un respirador artificial. Los doctores fueron siempre honestos con la familia. El diagnóstico no era el mejor y de mejorar en su salud podría correr el riesgo de tener secuelas.

El martes por la noche Benjamín reaccionó y lo primero que hizo fue preguntar si los demás jóvenes estaban vivos. “Lo primero que hizo fue pedir un papel y preguntó dónde estaba y si los demás jóvenes estaban vivos”, expresó su padre.

El jueves 7 de enero Benjamín ya fue trasladado a un cuarto aparte del hospital, pero debido a que estuvo con respirador artificial y la cantidad de agua salada que acumuló no podía hablar. Sin embargo, a través de un escrito, manifestó que estaba agradecido con Dios por tenerlo con vida y con las personas que habían realizado diferentes actividades para recolectar dinero y ayudarle a su familia con los gastos hospitalarios.

“Dios me ha enseñado a dar gracias por todo. También Dios me manda a compartir mi testimonio y obedecerle. Estoy muy agradecido con Dios por darme otra oportunidad de vivir. También estoy muy agradecido con toda la gente que me ha apoyado en oración y con donaciones”, decía el escrito que hizo Benjamín para LA PRENSA GRÁFICA.

Luis Villalta, de 17 años, otro de los jóvenes que estaba en el grupo, recuerda la valentía de Benjamín en poner a salvo a los dos niños. El afirma que él intentó rescatar a Benjamín, pero debido a calambres en sus piernas no pudo llegar.

Su madre, Reina Salmerón, dice que ellos pensaron que Benjamín había fallecido y que el traslado hacia el hospital era solo un intento insuficiente de los familiares y amigos por salvarle la vida. “Según nosotros iba muerto, lo vimos morir, y pensamos que se lo llevaron (al hospital) porque algo había que hacer... Por lo que el martes (5 de enero) estábamos como a las 10 de la noche en una vigilia en honor de Benjamín y nos llamó el pastor contándonos que había reaccionado; lloramos, saltamos y le dimos gracias a Dios, la cual fue obra de él”, indicó Salmerón.

Ella comenta que su hijo pasó muy mal el día en que ocurrió el accidente y que le costó recuperarse, ya que lloraba constantemente, tenía momentos de pánico y se lamentaba no haberlo podido sacar del mar. Esa mala experiencia dejó convencido a Luis Carlos de no ingresar de nuevo en el mar. “He quedado con miedo después de eso, no quiero ir ni entrar al mar, fue muy difícil lo que vivimos”, expresó el joven de 17 años.

Similar opinión tuvo Agustín Jiménez, quien fue uno de los que rescató a Benjamín cuando estaba por ahogarse. “Benjamín me empujó y así pudo salvarme... Yo no quiero saber nada del mar, no quiero entrar a bañar”, dijo el menor.

Los padres de familia hacen autocrítica sobre la responsabilidad que tuvieron ellos en no estar cerca de sus hijos y dejarle el cuido solo al pastor Díaz. “La enseñanza que nos deja es que tenemos que tener más cuidado. Mi esposo, cuando venimos ese día, dijo que todos estábamos castigados, que nadie podía encender la televisión. Con él somos cuidadosos, pero reconocimos que ese día nos descuidamos”, reconoció Xochilt de Solís.

Los médicos y enfermeras del hospital privado dicen que la mejoría que tuvo Benjamín en menos de una semana otros pacientes la efectúan entre 15 días y un mes.

Desde el martes Benjamín se recupera en una vivienda de La Unión que fue adecuada. Sus padres no toman a su hijo como héroe, sino que mantenerlo vivo y a los otros menores se lo deben a Dios. “Dios permite las cosas, a pesar de nuestros descuidos, ya que como padres como que tuvimos que estar más pendientes. Dios ha hecho el milagro y es el héroe en todo esto”, dijo con mucha emoción el pastor de la iglesia y padre de Benjamín.

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