Diplomacia y el holocausto: Cómo El Salvador le salvó la vida a George Donath

Donath fue uno de los aproximadamente 40,000 judíos que recibieron visas y certificados de nacimiento de El Salvador que fueron confeccionados por el Consulado de El Salvador en Suiza por el coronel Arturo Castellanos.

Enlace copiado
Testimonio. George Donath sonríe desprevenido posterior a su charla. Foto cortesía de Ian McNaught Davis.

Testimonio. George Donath sonríe desprevenido posterior a su charla. Foto cortesía de Ian McNaught Davis.

Enlace copiado

"Cuando pensamos en lo que hizo el coronel Castellanos... ¿Haríamos lo mismo? ¿Tendríamos el coraje, fuerza y determinación de hacer lo correcto? No tengo respuesta para ello, pero lo tengo como una inspiración para hacer siempre lo correcto... las decisiones no tienen que ser las mayores decisiones del mundo, pero siempre que tome una decisión, intente hacer lo correcto, tal y como lo haría el coronel Castellanos". Esas fueron las palabras de cierre que la honorable embajadora de El Salvador para el Reino Unido, Gilda Velásquez Paz, regaló a un aproximado de un centenar de personas que se reunieron el pasado 25 de enero en el "Churchill Room" del Goodenough College en el centro de Londres. Sus palabras guardan un gran significado, pues al ser diplomática salvadoreña, le conecta energéticamente automáticamente con el legado del "Justo Entre Las Naciones" que surgió de El Salvador .

Representación. La embajadora de El Salvador para el Reino Unido, Gilda Velásquez Paz, durante su participación en el evento. Foto cortesía Sarmad Azis

El motivo del cónclave no fue otro más que el de escuchar de primera mano el testimonio de un hombre de 89 años llamado George Donath: un judío húngaro que se salvó de las garras del holocausto por el milagro de ser salvadoreño, tal y como él lo dijo (vean su DUI, es un milagro y orgullo ser de donde somos).

George lo ha vivido todo. Tras el holocausto consolidó un matrimonio que ya suma más de 50 años, formó su legado por medio de sus hijos, creó amistades imborrables que trascienden generaciones (como la que tuvo con don Rolando Duarte Fuentes) y continuó la fábrica de su padre tras finalizar sus estudios universitarios. George es un hombre amable, con una humildad que desborda de un aura sencilla, serena y resiliente.

Es increíble que una persona que vivió el terror que implantaron los nazis por medio de sus ocupaciones a lo largo de Europa, el trato inhumano al que fue sometido (viajando en vagones de ganado repleto de humanos con dirección a campos de concentración) y una serie de actos que sobrepasan el poder detrás de una descripción, aún pueda sonreír. Pero más impresionante es que pueda transmitir un mensaje de esperanza, de reconciliación ("puedes perdonar, pero no olvidar"), de honrar la palabra (tal y como lo hizo su padre al contratar a un joven militar alemán tras finalizar la guerra) y hacer siempre lo correcto. Aun y cuando no pareciera ser posible.

Donath fue uno de los aproximadamente 40,000 judíos que recibieron visas y certificados de nacimiento de El Salvador que fueron confeccionados por el Consulado de El Salvador en Suiza. Esta fue el resultado de una de las grandes misiones de rescate de la Segunda Guerra Mundial, un esfuerzo humanitario para salvar a los judíos europeos de los campos de concentración, impulsado por el diplomático salvadoreño Arturo Castellanos y su amigo George Mantello, quien rehusó quedarse de brazos cruzados frente al mal. Castellanos fue reconocido como "Justo Entre Las Naciones" por el Yad Vashem, convirtiéndose en el único latinoamericano en estar frente a laureados personajes como Oskar Schindler quien salvó 1,500 vidas de las garras del Holocausto. Sin lugar a dudas, el valor que produjo ese resultado fue el de la solidaridad y el puente para hacerlo fue la amistad de esos dos hombres. Este es un ejemplo que un amigo, realmente, es un tesoro.

Por durante una hora, George compartió sus miedos, explicó su contexto como judío en Budapest (Hungría) y como tras una serie de milagros, producto de la sincronicidad (¿no conoce esa palabra? Le invito a que la busque en Google, le va abrir los ojos) le salvaron la vida. En particular, resulta impactante saber que un simple papel, con un par de sellos y una firma, le dieron una visa para continuar viviendo, y que tras 76 años desde aquel incidente, esta aún contando. Pues considera que su experiencia de vida, y la de muchos otros sobrevivientes, permiten crear empatía para inspirar a otros hacer lo correcto y de esa manera evitar que una atrocidad como esta vuelva a ocurrir.

Reconocimiento. Una fotografía del coronel Arturo Castellanos aparece mientras George Donath da su discurso. Foto cortesía de Sarmad Aziz

Era una tarde oscura de 1944 en Budapest. George y su núcleo familiar iban camino hacia un lugar desconocido escoltados por dos jóvenes guardias de las unidades de aniquilamiento nazi. Su padre tenía en la bolsa los certificados de nacimiento de El Salvador y, para hacerlos valer, tenían que llegar a la embajada de Suiza (que a su vez estaba dentro de la embajada de Estados Unidos), la cual representaba diplomáticamente al país centroamericano. Para convencer a los guardias, su padre utilizó dos estrategias, una dulce y otra ácida. Por un lado, prometió ayudarles con trabajo tras finalizar la guerra y, por el otro, se apalancó en el terror que producía la sola idea del escándalo políticos que los "hábiles diplomáticos" salvadoreños llevarían si no se respetaba su nacionalidad.

Y funcionó. Lograron llegar a la embajada y refugiarse. Y años después, terminada la guerra, George ingresó a la fábrica de su padre en la que encuentra al joven SS que iba a matarlos y lleno de furia interpela a su padre sobre cómo podía darle trabajo a quien había sido un nazi que quiso asesinarlos, y el padre le contestó: "le di mi palabra".

"Tras finalizar la guerra, ¿tuvo la oportunidad de conectarse con El Salvador?", fue la pregunta del académico Joaquín Cruz con la que rompió el silencio del salón. George le respondió: "Mi conexión con El Salvador fue totalmente accidental, fue gracias a una tía que estaba en Suiza y que era amiga de George Mantello que obtuvimos los ‘papeles salvadoreños que daban vida’". Tras un profundo respiro, y una sonrisa dibujada sobre su rostro que marcan 89 años, continuó mirando a la embajadora que representa al legado de Castellanos y continuó: "Creo que no hemos agradecido lo suficiente a El Salvador, lo que significa para nosotros ese país, hemos agradecido al coronel Castellanos y a Mantello. Pero siento que hace falta más reconocimiento y agradecimiento a El Salvador... Pero siento que la vida sí me regaló la oportunidad de conectar con ese país por medio de una amistad que hice unos años después en la Universidad en Inglaterra. Pues entablé una gran amistad con Rolando Duarte Fuentes, vivíamos en la misma residencia estudiantil y jugábamos al baloncesto juntos... oh, Rolando era alguien formidable, una carisma sin igual, una alegría y uno de los mejores jugadores de baloncesto del mundo, jugó tres olimpiadas... A través de nuestra amistad, supongo que revivimos la relación con El Salvador".

Homenaje. George Donath, un judío húngaro, compartió su historia gracias a la intervención de un diplomático salvadoreño.

George insistió en la importancia del perdón, pero no del olvido, para proteger a futuras y actuales generaciones que ello vuelva ocurrir. Finalizó la memorable charla de una persona que vive agradecido con la vida, y con el propósito de contar su experiencia, de volver a abrir sus heridas para que por medio de su experiencia, nadie vuelva a vivir esta situación.

El impacto de la charla lo refleja una de las asistentes originaria de Alemania, que expone la importancia de mantener estas discusiones en el presente: "Después de haber crecido en Alemania a finales de los años noventa y 2000, nuestro proceso de aprender y hablar sobre las circunstancias traumáticas y los eventos que provocaron y causaron el holocausto está muy presente. Por lo tanto, fue un verdadero honor escuchar los pensamientos y la historia de un sobreviviente del holocausto y recordar una vez más que es muy importante tratar siempre de perdonar, independientemente de si podemos olvidarlo o no. Su capacidad para aceptar pensamientos positivos en momentos de extrema dificultad e incertidumbre, así como su reflexión sobre su relación con El Salvador, fueron increíblemente conmovedores. Estoy agradecida de haber sido parte de este evento muy conmovedor, especialmente durante los tiempos actuales de cambio e incertidumbre en Europa y el mundo".

El evento finalizó con un minuto de silencio invocado por Jennie Hogan, capellán del Goodoenough College, quien remarcó: "¡Claramente, el coronel Castellanos fue ‘un Salvador’!"

Salvación. Este es el certificado que salvó a la familia Donath del holocausto nazi. Para George, es un “papel que daba vida” en medio de la catástrofe.

Lee también

Comentarios

Newsletter
X

Suscríbete a nuestros boletines y actualiza tus preferencias

Mensaje de response para boletines