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Disputa familiar causal de masacre en Chalatenango

Uno de los principales sospechosos, según la investigación policial, es el yerno de una de las víctimas que recién había salido de la cárcel.
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Disputa familiar causal de masacre en Chalatenango

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La masacre cometida el pasado sábado en el caserío La China, del cantón Monte Redondo, municipio de Concepción Quezaltepeque, en Chalatenango, se debió, según la Policía Nacional Civil (PNC), a un caso de violencia intrafamiliar. Los cadáveres fueron encontrados el siguiente día.

Las autoridades policiales indicaron que los principales sospechosos del crimen son los familiares y el compañero de vida de la hija de María Dina Guevara, de 45 años, una de las víctimas.

La PNC explicó que uno de los acusados había salido recientemente de un centro penitenciario debido a que fue condenado por un intento de homicidio. “La cosa es que se sospecha de la familia de este muchacho y de él, porque decían que por la familia de ella (él) había estado detenido”, informó el jefe de la delegación policial de Chalatenango, Francisco Parada Batres.

Según los vecinos, cuatro sujetos armados empezaron a disparar en la calle principal que conduce a Concepción Quezaltepeque, el sábado a las 11 de la noche. Minutos después se escuchó una ráfaga de disparos.

Los vecinos aseguraron que fue el momento en que atacaron a la familia. “Después se escucharon dos veces más, pero en diferente tiempo y en diferente lugar”, comentó un lugareño.

De acuerdo con Parada Batres, los atacantes planificaron el homicidio y conocían la zona debido a que el acceso a la vivienda es a través de veredas desoladas y de difícil acceso.

De acuerdo con la versión policial, los atacantes bloquearon todos los accesos que podían tener las víctimas para poder escapar. El primero en ser atacado fue uno de los perros guardianes de la familia. Segundos después le dispararon a María Luisa Pocasangre, de 80 años, quien se encontraba durmiendo en una hamaca afuera de la vivienda.

El dormitorio donde descansaban María Dina Guevara, de 45 años, y su hijo Kevin Ernesto Moran, de 15, estaba dividido por una manta roja. En la tela se podían ver al menos seis disparos. La PNC aseguró que los atacantes primero dispararon desde afuera; sin embargo, después ingresaron al dormitorio y asesinaron con un revólver a sus víctimas.

El joven intentó huir del lugar y rasguñó uno de los plásticos que hacía la función de pared. Pero fue halado por uno de los atacantes hasta devolverlo a la cama. Ahí le dispararon en la cabeza.

En la mañana, los vecinos pasaron por el camino que bordea un costado de la vivienda. “Yo le hice el comentario a mi mujer que qué desorden tenían en esa casa, pero no vi a nadie, ni los cadáveres”, aseguró otro vecino que, por temor, no quiso identificarse.

En la tarde, una vendedora de gelatinas ingresó a la casa en busca de la señora Pocasangre, quien frecuentemente le compraba sus productos. La encontró muerta en la hamaca, por lo que dio aviso a la PNC. La inspección realizada por el forense también arrojó que fueron macheteados.

Ayer, en horas del medio día, los parientes de las víctimas preparaban una vivienda para albergar a los habitantes del cantón que los acompañarían en la vela. Los cadáveres de los tres miembros de la familia serán enterrados este día en el cementerio municipal de la localidad.

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