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Docente salvadoreño narra tormento que vivió con su familia en viaje a Guatemala

“Con mi esposa pensamos que moriríamos, que nos robaban el niño, que matarían a uno y que al otro se lo llevarían secuestrado, que nos secuestrarían a todos o que simplemente los tres moriríamos en el lugar”.
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Un docente salvadoreño, su esposa y su bebé de dos años emprendieron este fin de semana un paseo en su vehículo hacia Antigua Guatemala, “para descansar y hacer turismo”. La pareja nunca imaginó que, durante el traslado, vivirían unos de los momentos más angustiosos de sus vidas, cuando fueron interceptados por un grupo de hombres.

El docente, cuya identidad se resguarda por seguridad, relató a este periódico los detalles de un asalto.

Esta es la historia, escrita por la víctima:

“Soy un docente salvadoreño. El viernes 22 de julio de 2016, nos dirigimos junto a mi familia rumbo a La Antigua en Guatemala. Queríamos pasar un fin de semana de turismo y descanso.
Partí de San Salvador cerca de las 3:00 p.m.  Me acompañaron mi esposa y mi hijo de dos años. Salimos por la frontera La Hachadura, a las 5:00 p.m. Teníamos programado cenar en Escuintla y llegar a nuestro destino a eso de las 7:00 p.m.

En  la carretera que viene de El Salvador, 30 kilómetros antes de llegar a Escuintla, un pick up blanco doble cabina nos hizo salirnos del camino. Paramos. Aparecieron cuatro hombres armados con uniforme azul negro, gorras negras y radios de comunicación. Nos amenazaron con arma de fuego. Me bajaron del volante. Junto con un hombre de aproximadamente 25 años me pasaron al asiento de atrás junto a mi esposa y mi hijo. Uno de los hombres condujo. El otro se subió al asiento del copiloto.

Tras viajar alrededor de 10 minutos en carretera, nos llevaron a un cañal. Pensamos que moriríamos. Apagaron el carro. Me bajaron del auto. Me empezaron a registrar. Me quitaron todo el dinero en efectivo que llevaba, cerca de $50 y unos cuantos quetzales. Me pidieron que me quitara los zapatos, que tomara al niño y que me sentara al lado del auto. Revisaron a mi esposa y la dejaron sentarse conmigo a los pocos minutos.

Escuché cómo rompían el tablero del auto para desprender el radio y cuando lanzaron la mica de hierro al suelo.  Sacaron la llanta de repuesto. Abrieron la maleta con nuestra ropa, lanzaron los juguetes del bebé.  En el suelo dejaron tirados nuestros Documentos Únicos de Identidad y los documentos del automóvil.

Mi hijo no comprendía nada. Estaba callado. Como no encontraron lo que querían, un hombre con voz madura dijo: ‘Vamos a negociar’. Pensé que nos iban a secuestrar. ‘Llevate el carro’, le dije.  ‘No interesa’, fue la respuesta.

Nos pidieron los pines de nuestras tarjetas de crédito y débito. Preguntaron cuánto dinero teníamos en efectivo y en las cuentas bancarias. En total, el dinero no superaba $30.00.  Y cuánto dinero esperan que tengamos, somos maestros, les expliqué. 'Ay, Dios', reaccionó uno de los hombres armados.  

'Les pedimos disculpas por el incidente. Nos hemos equivocado de placas', explicó el líder.

Nos ordenaron quedarnos en el auto durante dos horas y luego seguir el camino. 'Las llaves te quedan en la puerta del carro', dijo uno de los hombres. El pasaporte del bebé me lo entregaron en la mano.

Tras pasar 10 minutos, entró una moto a la zona donde nos ordenaron permanecer. No había alumbrado público ni viviendas cercanas.  Las luces azules y rojas de la motocicleta nos iluminaron pero nunca nadie se acercó. Creemos que sólo llegó a verificar nuestra permanencia en la zona.

La base policial más cercana al lugar del atraco se llama ‘Toronto’. Creemos que los agresores eran policías y por eso nos pidieron que no dijéramos nada del incidente. Caso contrario nos matarían.

Al cabo de las dos horas pactadas, salimos del cañal. Nuestro bebé se durmió. Llegamos a una estación de combustible. Nos orientaron para dirigirnos hacia La Antigua.

Llegamos bien. Gracias a Dios y a tres buenos samaritanos pudimos comer. Nos compartieron agua y pan francés. Nuestro bebé comió cereal, agua y la mitad de un pan.

Con mi esposa pensamos que moriríamos, que nos robaban el niño, que matarían a uno y que al otro se lo llevarían secuestrado, que nos secuestrarían a todos o que simplemente los tres moriríamos en el lugar. A final de la jornada y de estas líneas sólo quedó darle Gracias a Dios por su amor y misericordia, tomar lección de no volver a un paraíso maya tan hermoso pero por su corrupción institucional nos lleva a mantenernos lejos de ahí. ¡Gracias Guate… hasta nunca!"

Este mismo año, en junio pasado, diez salvadoreños, siete ciclistas federados, un delegado, un mecánico y su motorista fueron asaltados mientras se trasladaban hacia Guatemala para competir en la Segunda Parada de Pista, celebrada en la capital del vecino país el sábado y domingo. En esa ocasión, el atraco fue en la Zona 4, a 40 kilómetros de la Frontera Las Chinamas en la carretera que conduce hacia la ciudad capital.

Lea la noticia: Ciclistas sufren asalto pero triunfan en Guatemala

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