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Edi y el país que la convirtió en víctima

La familia Pérez Girón vivió una arista de ser salvadoreño que pensó nunca experimentar.
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 La vivió cuando Edi Marcela desapareció de una colonia de clase media y luego fue encontrada muerta en la morgue. Hoy, la tía de la joven está convencida de que todos en El Salvador, sin importar condición social y económica, tienen un familiar desaparecido o asesinado.

En sus 22 años de vida Edi nunca recibió una amenaza de muerte. Jamás fue extorsionada. No estuvo cerca de alguna pandilla, según su familia, y a los únicos pandilleros que vio los vio en los noticieros de televisión. Vivía en la colonia San Mateo, de San Salvador, una zona donde las pandillas no tienen tanta presencia como en otras partes de El Salvador. Su caso, en opinión de su tía, no tiene muchas coincidencias con las características de los 589 asesinatos de mujeres cometidos entre enero y octubre de este año en el país, de acuerdo con datos del Instituto Salvadoreño para el Desarrollo de la Mujer (ISDEMU). Esas mujeres eran, por lo general, de escasos recursos que vivían en comunidades o colonias con alto índice delincuencial, donde los pandilleros y cónyuges han matado, en promedio, a dos mujeres cada día. “Amenazas, ella, ninguna. Extorsiones mucho menos. Que conociéramos nosotros que ella tuviera un enemigo con nombre y apellido tampoco. Ella era una mujer inteligente, alegre, jovial, siempre le veía el lado bueno a la vida, servicial y siempre andaba viendo a quién ayudar”, dijo la tía. Edi había estudiado para ser chef, porque le encantaba cocinar, según comentó su hermana. Después de casarse y de tener una hija abandonó sus estudios y encontró empleo en un “call center”, gracias a sus habilidades para hablar inglés. Luego de cuatro años de matrimonio, Edi y su esposo se separaron y acordaron que él visitaría a la niña un domingo sí y otro no. El sábado pasado, por la mañana, hubo una excepción: el exesposo llegó porque la niña de cinco años tenía un acto de fin de año en su colegio, y Edi y su hija lo esperaron para que las llevara a la clausura.“Las llegó a traer, fueron al acto y fueron a comer, pero luego, como ya era tarde, pidieron la comida para llevar. El joven dijo en la Fiscalía, porque llegó como testigo en el caso, que después la dejó en un lugar y se fue con la niña”, narró la tía. Ese lugar, según la hermana de Edi, era el “call center”, ubicado en la colonia San Francisco, donde ella trabajaba. La Fiscalía General de la República (FGR) confirmó a este periódico que el caso de Edi será retomado por la Unidad Especializada de Atención a la Mujer, ya que una de las hipótesis es que podría tratarse de un feminicidio, en el que uno de los sospechosos es el exesposo de la joven. Los familiares de Edi, por su parte, manifestaron que el único reclamo que tienen, por el momento, es que él no ha regresado a la niña desde el sábado pasado y no la ha llevado al velatorio de su madre. Edi quería que el sábado la llevaran al “call center” porque desde allí se iría a una boda en la que había aceptado ser la madrina, según dijo la hermana. Pero desde ese momento en que se bajó del vehículo desapareció. Su teléfono fue apagado, nunca llegó a la boda y nadie la vio en el “call center”. Sus familiares intentaron llamarla una y otra vez, pero las llamadas eran desviadas al buzón de voz y su última conexión a sus redes sociales era desde la tarde del pasado sábado. Así que su madre, sus hermanas y demás familiares, con la ayuda de amigos, iniciaron una campaña en las redes sociales para que cualquier persona avisara si tenía alguna pista del paradero de la joven. El domingo por la madrugada la Policía encontró el cadáver de una mujer, que no logró identificar porque no portaba documentos, en el kilómetro 11 de la antigua calle a Huizúcar. El cadáver estaba semidesnudo, aunque conservaba una pulsera, aparentemente de oro, en su mano izquierda y una bolsa blanca a un lado. Según la información de Medicina Legal, la joven murió por un golpe en la cabeza. En sus uñas, pintadas de rosado, tenía rastros de una sustancia que será investigada para determinar si hay ADN del asesino. “Fue hasta el miércoles que la pudimos encontrar en Medicina Legal de San Salvador. Pero durante los días previos anduvimos en Medicina Legal de todo el país, preguntamos en todos los hospitales del país y anduvimos buscando por todos lados. Creo que tuvimos algo de suerte, gracias a Dios, porque la pudimos encontrar. Nos dijeron que si hubiéramos ido un día después ya estaría en una fosa común y nunca más habríamos sabido qué pasó con ella. Desaparecida para siempre, como le pasa a la mayoría de salvadoreños, que cuando pierden a su familiar nunca más saben de él”, dijo ayer la tía frente al féretro de la joven.

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  • desaparecidos
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