El municipio que resiste para ser un lugar seguro

El jefe policial de Ciudad Delgado, Hugo Salinas, se encoge de hombros en su oficina una tarde de marzo. Lo piensa y se rasca la cabeza, como quien no encuentra una respuesta más satisfactoria, y finalmente calcula que el municipio que tiene a su cargo necesita ocho años más para tener menos asesinatos y menos adolescentes involucrados en pandillas.
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Víctimas. Aída María Pineda Paniagua, una empleada de la Alcaldía de Ciudad Delgado, trabajaba en programas de prevención. Fue asesinada en marzo pasado.

Víctimas. Aída María Pineda Paniagua, una empleada de la Alcaldía de Ciudad Delgado, trabajaba en programas de prevención. Fue asesinada en marzo pasado.

Prioridad.  En Ciudad Delgado arrancó el Plan El Salvador Seguro en julio del año pasado. La PNC reconoce que aún tiene alta incidencia delincuencial.

Prioridad. En Ciudad Delgado arrancó el Plan El Salvador Seguro en julio del año pasado. La PNC reconoce que aún tiene alta incidencia delincuencial.

El  municipio que resiste para ser un lugar seguro

El municipio que resiste para ser un lugar seguro

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Salinas también dice, esa misma tarde de marzo, que “a fuerza de ser sinceros se debe aceptar que Ciudad Delgado no ha cambiado mucho”, desde la implementación del Plan El Salvador Seguro que el Consejo Nacional de Seguridad y Convivencia Ciudadana (CNSCC) elaboró como la fórmula para mejorar la vida de las personas en los territorios y reducir la violencia y los crímenes.

El Gobierno lanzó el Plan El Salvador Seguro el 16 de julio de 2015. Lo estrenó en Ciudad Delgado, con la promesa del entonces ministro de Justicia y Seguridad, Benito Lara, de que “en poco tiempo la vida de la gente de Ciudad Delgado será cambiada y este municipio será el modelo a seguir en todo el territorio salvadoreño”.

Ocho meses después del discurso, los habitantes de cantones, comunidades, condominios, lotificaciones, residenciales, urbanizaciones y caseríos del municipio aún no experimentan una disminución de homicidios y otros delitos cometidos por pandillas y demás estructuras delincuenciales.

De acuerdo con los datos proporcionados por el Instituto de Medicina Legal (IML) y la Policía Nacional Civil (PNC), desde agosto del año pasado (cuando el plan tenía un mes y medio de haber sido implementado) hasta la primera quincena de marzo, 115 personas fueron asesinadas en Ciudad Delgado. Esta cantidad de víctimas supera a las 95 que fueron asesinadas entre enero y julio del año pasado, antes de que el plan fuera implementado. Incluso superan a los 84 homicidios cometidos durante todo 2014.

Además del incremento de los homicidios, nueve personas desaparecieron desde agosto de 2015 hasta la primera quincena de marzo de 2016. Hasta la fecha, ninguno ha sido encontrado por sus familiares o por la policía.

El delito de amenazas a muerte se mantuvo desde agosto hasta la primera quincena de marzo con una frecuencia de cuatro denuncias al mes; el delito de extorsión se mantuvo con una frecuencia de dos denuncias al mes y en ese mismo periodo los residentes denunciaron dos violaciones sexuales en contra de dos menores. A estas estadísticas hay que agregar la cantidad de víctimas que no acuden a denunciar a la PNC.

De todos esos delitos, según algunos de los habitantes de la colonia La Milagrosa, el que más les preocupa es el de homicidio. Así lo expresa un hombre que asegura tener más de cinco años de vivir en esa colonia y que tiene como regla para sí mismo no arriesgarse a salir “a la tienda ni por papel higiénico”. Así también lo expresa una mujer que caminaba con él la semana pasada, mientras se bajaban de un microbús del transporte colectivo, quien cree que “en estos tiempos ya no se respeta la vida ni de personas como Aída que siempre fue buena persona y que se preocupaba por los demás vecinos”. Todo eso lo dicen en voz baja y mirando hacia todas direcciones para evitar decir algo que los pueda comprometer ante los pandilleros que de vez en cuando pasan caminando al lado de ellos. O al menos eso explican para justificar su temor de platicar con un periodista en medio de la calle principal de la colonia.

Aída, la mujer de la que hablan, tenía 55 años y su nombre completo era Aída María Pineda Paniagua. No tenía vínculos con pandilleros, era empleada administrativa de la Alcaldía de Ciudad Delgado y estaba involucrada en la directiva de la colonia La Milagrosa, desde donde promovía proyectos de bienestar comunitario y prevención de violencia. Aída fue asesinada.

Según relatan los que la conocían, pandilleros de la colonia la esperaron hasta las 9 de la noche, el 4 de marzo, en la puerta de entrada de su vivienda para asesinarla con armas de fuego. La PNC informó esa misma noche a los periodistas que los asesinos se aseguraron de que Pineda estuviera muerta, ya que recibió al menos 11 impactos de bala.

“Era una de las mujeres más entregadas a la labor comunitaria y prevención de violencia”, según afirmaron algunos de sus vecinos y compañeros de trabajo en la alcaldía. Incluso el jefe policial Salinas dijo: “Ojalá tengamos más mujeres como ella (Pineda) en el municipio para transformarlo, por eso es grande su pérdida”.

Los familiares de Pineda, los vecinos y sus compañeros de trabajo todavía no se explican por qué los pandilleros decidieron asesinarla. No saben tampoco si su violenta muerte tiene relación con su labor comunitaria de apoyar proyectos de prevención de violencia.

“Yo le pongo plazo de un mes para capturar a los que la asesinaron y así resolver el caso, porque la investigación ya está bien avanzada, solo hace falta la orden de captura”, dice el oficial Salinas.

A dos kilómetros de la colonia La Milagrosa está la colonia Pipil, en el kilómetro 7 de la carretera Troncal del Norte. Sus habitantes, a pesar de la implementación del Plan El Salvador Seguro, y a pesar de tener un puesto de soldados, siguen teniendo temor para retomar los proyectos comunitarios que los hermanos Turcios Roldán dejaron a medias cuando fueron asesinados por miembros de una pandilla en octubre de 2014.

“Aquí las cosas siguen igual de feas, porque por un lado van caminando los soldados y por el otro van caminando los pandilleros. Bueno, los nuevos pandilleros que han venido a la Pipil. Y quizás están más feas las cosas, porque cuando los pandilleros o soldados se encuentran en los caminos hay balaceras y bien feo cómo truenan las balas; los niños y la gente andan también caminando en medio y les puede pasar algo”, relata una habitante.

Los nuevos pandilleros a los que se refiere la habitante son los que llegaron desde Las Colinas y asesinaron a algunos de los miembros de la pandilla que estaban en la zona, que actualmente se ha extinguido en el sector.

El jefe policial Salinas explica que esa pandilla era una de las más antiguas que se movían en el municipio, pero que “prácticamente desapareció porque la policía ha hecho capturas masivas y porque las otras pandillas más grandes han asesinado a los pocos que quedaban”.

Salinas, sentado detrás de su escritorio lleno de papeles y libros de derechos humanos y prevención de violencia, continúa diciendo: “El fin de los muchachos de Ciudad Delgado no debe ser que la policía los capture o que pandilleros rivales los asesinen, sino que el fin de los muchachos debe ser encontrar oportunidades para desarrollarse, estudiar y trabajar, esas oportunidades debemos facilitarlas todas las instituciones del Estado y otras organizaciones no gubernamentales”.

El jefe policial agrega que todavía no se ven resultados atractivos en la disminución de homicidios y otros delitos, pero lo que sí hay, después de la implementación del plan, es una mejor coordinación entre las instituciones aglutinadas en el Consejo Municipal de Prevención de Violencia para trabajar integralmente.

Adiel Orellana, de la oficina de comunicaciones de la comuna, dijo que el alcalde Tomás Minero no podía atender a LA PRENSA GRÁFICA para hablar de la violencia en su municipio, porque se encontraba fuera de San Salvador, pero coincidió con Salinas en que el progreso desde la implementación del plan es la coordinación que ahora tienen las instituciones.

Salinas, encogiéndose de hombros nuevamente, dice en su oficina: “Uno quisiera resultados ya, pero es imposible”. Cree que el único camino es apostarle a la niñez que tiene menos de siete años, para garantizar que cuando esos niños se conviertan en adolescentes y tengan edades que oscilen entre los 14 o 15 años, es decir, proyectándose de aquí hasta 2024, sean parte de una nueva generación alejada de las pandillas y, como consecuencia, tampoco estén involucrados en actos delictivos como participar en asesinatos y extorsiones.

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