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El Gobierno como un proyecto ha desaparecido”

Falta de ideas políticas, extinción del Gobierno y una sociedad paralizada es lo que el analista señala que se está viviendo en la coyuntura nacional actual.
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El Gobierno como un proyecto ha desaparecido”

El Gobierno como un proyecto ha desaparecido”

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En medio de la polémica desatada por la presentación del informe del Fondo Monetario Internacional (FMI) que ha puesto en evidencia pública la incierta situación económica del Estado salvadoreño y la necesidad de que todos los actores de la sociedad lleguen a un acuerdo fiscal que conlleve una ley de responsabilidad para poner un tope a la deuda que se está adquiriendo, y después de las turbulencias que también ocasionaron las resoluciones de la Sala de lo Constitucional, el analista político y exmiembro de la guerrilla Dagoberto Gutiérrez hace una reflexión sobre la situación nacional y el papel que está teniendo la sociedad en ella.

El Gobierno ha propuesto un pacto fiscal, se ha visto un poco obligado porque de no llegar a lograrlo el FMI por ejemplo no le daría el fondo precautorio, ¿cómo ve este panorama?

Bueno, prácticamente el Gobierno como un proyecto ha desaparecido. En realidad el proyecto del Gobierno siempre ha sido algo difuso, confuso.

¿Por qué?

Porque nunca se supo a ciencia cierta qué querían o para dónde iban.

¿Estamos hablando solo del Gobierno actual?

Del actual Gobierno, ese. Un Gobierno que se acelera hacia un impago, hacia un quiebre económico con pérdida de todo prestigio y toda autoridad. Un Gobierno así no tiene condiciones para negociar nada porque toda negociación es un acto de fuerza y solo los fuertes negocian.

¿El Gobierno no es fuerte entonces?

No, y nadie va a decir en este momento que es un Gobierno fuerte. ¿Entonces de qué se tratan estas reuniones? Es un ámbito en donde el FMI fija su posición, en donde la cúpula empresarial también fija su posición, eso es un contenido desfavorable a la gente. El FMI dice que hay que aumentar el IVA en el país y eso ¿contra quién es? Es contra la gente.

Esta situación se da en medio de un panorama en el que se han aprobado más impuestos.

Ese es otro aspecto, te estoy haciendo una reflexión a partir de los intereses de la gente. Entonces en esas conversaciones no está presente la gente porque en este momento el pueblo está desmovilizado, desorganizado, dominado por el miedo y el estupor, es el peor momento para la gente. Muy bien pueden, y lo van a hacer, acordar un listado de medidas contra el pueblo, contra el Estado no, ni contra el Gobierno, porque eso en esta coyuntura carece de importancia. ¿Cómo ha llegado a esto el Gobierno? ¿Por qué? ¿Esto pudo preverse? Sí, por supuesto. ¿Y qué se han hecho los ingresos? El Gobierno no se caracteriza por ser un Gobierno transformador, en absoluto. ¿Y dónde está el dinero? Esta es una pregunta que hacen las cúpulas empresariales y yo también como ciudadano, ¿y por qué este Gobierno llegó a los linderos de impago? que preocupa tanto a la gente. Ese impago es una especie de carta de negociación del Gobierno, casi es lo único que tiene y hay un afán de evitar ese impago. La gente debe saber que la pelea actual no es entre la sociedad civil que reúne a los empresarios, a los trabajadores contra la sociedad política.

¿Podríamos decir que la sociedad política y la sociedad civil son similares entonces?

No existe solo una sociedad política, toda la sociedad humana es política desde que aparece el Estado después de la Revolución Francesa. La sociedad liberal actual exige la política en todas las sociedades humanas, esa no es ninguna especialidad. La sociedad civil tampoco existe como un departamento. Sociedad civil es el escenario en donde los sectores con poder afianzan su hegemonía, donde funcionan todos los aparatos ideológicos, entonces cuando dicen que la sociedad civil y la política expresan la confrontación actual no es cierto, eso es lo que aparenta ser. No hay que equivocarse en eso, la pelea no es contra los partidos políticos y no es porque estos actuales sean buenos y defendibles.

La gente, nosotros, estamos siendo golpeados con uno y otro impuesto, pero aun así no se hace nada, ¿por qué?

Esa pregunta tiene que ver con lo que ocurrió hace 25 años cuando terminó la guerra civil y empezó la actual guerra: la guerra social. Todo el diseño neoliberal sangriento, absoluto, que en esos años se montó fue acompañado de dos aparatos: uno se llama precarismo, es un aparato económico-estructural que consiste en la separación entre el trabajo y el capital. La otra pieza política ideológica se llama anomia social, que en primer lugar consiste en el miedo del ser humano a la realidad, es decir, la gente no se atreve a mirar la realidad cara a cara. Es que le dijeron hace 25 años que estaba en paz y que lo que el país había conquistado se llamaba paz. El segundo componente de la anomia es la mediocridad, cuando me alejo de la realidad pierdo inteligencia y esa mediocridad no solo es en la vida sino en el Gobierno, en los funcionarios, en la gestión, en todo. El tercer componente de la anomia es la reducción del compromiso, porque ocurre que en una sociedad en guerra como esta, enferma como esta, se requiere compromiso, que la gente asuma su papel, pero la gente dice “hay que ser listo y no meterse en nada”, eso se llama reducción del compromiso. Esto termina en una cuarta cosa que se llama parálisis. Mirá todo lo que está ocurriendo y ¿hay protestas? No, porque la gente se convierte en espectadora y mira la lucha como que si fuera una película y como que si no tuviera que ver con todos.

¿La falta de compromiso de la gente también está en los funcionarios que hablan de austeridad pero siguen gastando millones?

Si se habla de Gobierno no se está hablando de la gente ni del pueblo. Entre un Gobierno y un pueblo el puente que existe es el de los votos y hay se corta todo vínculo.

¿El Gobierno no representa a la gente?

El Gobierno no representa a nadie excepto a sus partidos, hay que saber eso. Cuando estamos hablando de la anomia nos referimos a la gente, no al Gobierno. Por eso es que se han publicado los grandes salarios de la gente del Gobierno, muy listos, muy inteligentes. Ellos no tienen parálisis.

¿Entonces cuál es el papel que el Gobierno tiene ahora?

Es el papel que tienen todos los gobiernos, no solo ahorita sino siempre. Ellos gobiernan para el sector que los llevó al Gobierno y gobiernan para sí mismos. Cuando se encuentra un Gobierno sin proyecto político, es decir, no se le encuentra el sector para el que trabaja, como el actual Gobierno, entonces trabajan para sí mismos. El Gobierno es un Gobierno de empresarios, pero los empresarios no los reconocen como tales ni los entienden como similares.

¿Por qué?

Porque estos empresarios gubernamentales han hecho del aparato de Gobierno un área de negocios, cada ministerio y entonces ejercen una especie de competencia desleal.

Sobre las resoluciones de la Sala de lo Constitucional, los diputados sobre todo han mostrado su descontento.

Las últimas sentencias de la sala han mostrado a la gente de los aparatos políticos tal cual son, su verdadero rostro, su verdadero propósito, confirmando la ausencia de ideas políticas y la presencia de abundantes negocios. Hablar de desestabilización a partir de las sentencias es de ciencia ficción porque ¿quién ignora que El Salvador es un país totalmente desestabilizado? Ocurre que la sentencia expresa el afán de la Sala de lo Constitucional por asegurar que la Constitución esté por encima del poder político.

No el poder político sobre ella.

Claro. Hay que tener en cuenta dos cosas: una Constitución contiene las reglas del juego pero no contiene el juego. El juego es el conjunto de condiciones políticas, económicas, ideológicas, culturales, sociales que rigen una sociedad; y el juego se juega en la sociedad. Pero ocurre que en el juego de los políticos, se establece que la primera regla es aquella que establece que las reglas constitucionales no deben cumplirse, entonces cuando la sala viene a poner las cosas con la cabeza para arriba estos (los políticos) miran a la sala con la cabeza para abajo porque la regla de ellos es que eso (la Constitución) no debe cumplirse.

Han salido muchos detractores.

Pero claro, lo que ocurre es que no lo pueden decir porque les conviene que sea el partido de Gobierno el que aparezca diciendo “que van a ir a los organismos internacionales”, “que es una barbaridad” o que van a presentar recursos de consideración que ni existen; o que llamen a desobedecer, mostrando su verdadera faz. La gente debe aprovechar eso y debe ver a esa gente tal como son. Algunos partidos han actuado con más prudencia con el tema de los diputados suplentes por ejemplo, en donde la sala pone la cabeza arriba y los pies abajo como debe ser. Se explica que el problema con los diputados suplentes es que no son elegidos con los votos de la gente y si no son elegidos en esas circunstancias no pueden sustituir a ningún diputado propietario, eso es elemental del Derecho.

Hay legisladores que aseguran que la gente ha elegido a los diputados suplentes.

La raíz de eso está en un papel que se da en el Tribunal Supremo Electoral donde dice que han sido electos. Pero en muchos países no hay diputados suplentes, es el diputado propietario el que se dedica a eso las 24 horas, en cuerpo y alma para eso y por eso se les paga. No existe ni siquiera la figura de propietarios ni la de suplentes, solo la de diputados así a secas.

¿Se ha extralimitado la sala?

La sala está haciendo su trabajo, lo que pasa que es la primera sala que hace su trabajo, ¿cuántas salas de lo Constitucional se han tenido y nadie sabía ni quiénes eran los miembros? Nadie se había enfrentado al poder desde la Sala de lo Constitucional, ellos lo han hecho. Yo pienso que esta Sala de lo Constitucional es un accidente histórico. Los diputados que los eligieron los eligieron porque ellos no conocen a la gente, ellos no sabían quién era Rodolfo, ni Florentín, ni Sidney, ni Belarmino; no sabían y se equivocaron. ¿Volverá a haber otra sala como esta? No.

Ya no cometerán el mismo “error”...

Ya no cometerán el mismo “error”. El pueblo debe apoyar esa sala, ya les falta poco tiempo y para que elijan otra igual o que la reelijan tiene que desaparecer el amorío entre el cielo y la tierra, lo cual es imposible porque el cielo es cielo siempre y cuando sea pensado desde la tierra.

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