El Mozote: el dolor que nunca pasa

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Los restos de su hija.  Pedro Ramos llegó a recibir los restos de su hija asesinada en la masacre de El Mozote. Para entonces él tenía 31 años y su hija apenas nueve meses de nacida. Todavía está pendiente de encontrar a su compañera de vida, Cristina Martínez.

Los restos de su hija. Pedro Ramos llegó a recibir los restos de su hija asesinada en la masacre de El Mozote. Para entonces él tenía 31 años y su hija apenas nueve meses de nacida. Todavía está pendiente de encontrar a su compañera de vida, Cristina Martínez.

El Mozote: el dolor que nunca pasa

El Mozote: el dolor que nunca pasa

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Las familias víctimas de la masacre de El Mozote aún sienten dolor. Tras casi 35 años todavía lloran a sus parientes asesinados entre el 11 y el 13 de diciembre de 1981. Desde entonces, no dejan de luchar por encontrar a sus seres queridos y hallar justicia por los más de mil fallecidos que provocó este capítulo en la historia de El Salvador.

Hasta la sede de la Corte Suprema de Justicia (CSJ) llegaron ayer los familiares de 11 de las víctimas de aquella masacre perpetrada por el ejército salvadoreño en el marco de la guerra civil. Los dolientes salieron de madrugada desde el cantón La Joya, municipio de Meanguera, en el departamento de Morazán. Ahí, en esas mismas tierras, todavía yacen osamentas que no han sido exhumadas por el equipo forense del Instituto de Medicina Legal (IML), que trabaja desde abril del año pasado tratando de recuperar los restos de hombres, mujeres y niños que no se salvaron de la crueldad del conflicto.Estas familias, muchas de ellas sobrevivientes de la masacre, llegaron con el duelo reflejado en el rostro hasta la sede del Órgano Judicial. Se quebrantaron una vez vieron el pequeño ataúd color blanco en el que les entregaron los restos de alguno de sus hijos, hermanos, madres y padres.Sacaron valor para hablar con la prensa y contar el trauma más grande que han vivido. “Pido justicia y que esto no se vuelva a dar”, dijo entre lágrimas Rosario Sánchez, familiar de una de las víctimas.Momentos antes, el magistrado de la Corte Suprema de Justicia Florentín Meléndez había dicho que el proceso de exhumación y entrega de los cadáveres estuvo paralizado, que no han tenido los resultados esperados, y que ha hecho falta mayor voluntad política para cumplir con una sentencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH).Los dolientes pidieron atención psicológica, una deuda pendiente para ellos después de los Acuerdos de Paz firmados en enero de 1992. “No ha habido reparación de daños, no nos han dado nada”, reclamó Doralia Márquez, presidenta de la Asociación Promotora de Derechos Humanos de El Mozote.A la mayoría aún les deben respuesta por uno, o más parientes desaparecidos desde diciembre del 81. A otros, como a Pedro Ramos, la vida le devolvió un poco de esperanza. El anciano de 66 años llegó a recoger los restos de su hija, Vilma Martínez, quien tenía apenas nueve meses cuando sucedió la matanza. “Un día antes de la masacre yo le dije a ella (Cristina Martínez, su compañera de vida) que nos saliéramos. Pero cuando yo le dije ‘vámonos’, me dijo ‘mi niña está enferma’. Entonces, yo me tuve que ir con los otros cipotes (sus hijastros). Ya el día viernes que regresé por ella, ya no la pude sacar. Me quedé viendo todo como a 15 metros, cuando iban llegando los soldados”, relató Ramos.Él recuerda que con el resto de su familia huyó de la zona, pero que se mantuvo cerca. Quería volver por su hija y su acompañante. Pero las ganas de regresar desfallecieron al enterarse, dos días después, de que en su cantón no quedó nadie. “Después de la masacre nos unimos la poca familia que nos quedó para tratar de pasar el dolor, pero el dolor nunca se nos pasó”, dice Ramos tres décadas después.No pudo regresar a La Joya hasta después de un mes. Afrontó el resto del conflicto armado desde ese mismo sitio, donde vio morir a dos de sus hijastros, que al igual que él decidieron empuñar un arma y unirse a la guerrilla. Años después, también asesinaron a su primo hermano junto a sus tres hijos.Aunque la nostalgia lo embarga, ayer se mostró satisfecho por reencontrarse con su hija, aunque fuera dentro de un féretro. Dice que espera conocer con nombre y apellido a los verdugos de su tragedia, pues cree que sería la única manera para sentirse menos adolorido. Todos esperan que tragedias como las de ellos no se repitan.

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