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El Salvador: ¿Por qué mi municipio se llama así?

¿Ha viajado por El Salvador y, al momento de observar el nombre del lugar que visita, ha encontrado que su nombre es curioso o difícil de pronunciar?

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A lo largo y ancho de El Salvador, encontramos nombres de municipios difíciles de pronunciar cuya definición no se encuentra de manera inmediata en el castellano. Éstas, en principio, son poblaciones con nombres indígenas, pero no son las únicas. En El Salvador existen cinco grandes bloques en lo que pueden clasificarse los municipios según su nombre: 1. Municipios con toponimia de orígenes indígenas. 2. Municipios con nombre de santo o advocación católica y/o con toponimia indígena. 3. Municipios con nombres de otras ciudades o países 4. Municipios con nombres relacionados a personajes históricos o locales. 5. Municipios nombrados por su geografía o elementos de identidad local.

Letreros de municipios y distancias sobre la carretera hacia Quezaltepeque. Chalatenango es una palabra de origen nahuatl cuyo significado en español es: lugar de aguas y arenas. Proviene de las palabras chal o shal (arena); at, (agua): rêo; y tenango (lugar fortificado/ sitio amurrallado ). Los prefijos tenango /valle/, y peque /cerro, monte, montaña/ son muy comunes en los nombres de origen nahuat ya que describen no solo la toponimia sino que la situación geográfica que caracteriza a los poblados. Así mismo los prefijos quin, en lenca, que significa pueblo o lugar.

Municipios con nombre indígenas

Dentro de este grupo existen a su vez cuatro tipos de municipios con nombres indígenas, puesto que fueron cuatro grandes poblaciones indígenas que se asentaron en el actual territorio: la náhuat-pipil en el occidente, centro y zona paracentral del país; la lenca, en la zona norte y oriente; la ulúa en partes de San Miguel, La Unión y Morazán; y la maya, en Chalatenango.  Éstos son pueblos que conservaron más o menos su nombre vernáculo. Los españoles no lograron entender bien la pronunciación propia de los nombres y al re-bautizarle el nombre, colocaron al que más o menos se les acercaba. Por ello, en las crónicas y documentos históricos a los largo de la colonia, y ya entrado el siglo XIX, se observan distintas nominaciones de los poblados. Por ejemplo, el nombre del señorío de Cuscatlán, se habría conocido como Kuskatan, o por ejemplo, el actual Acajutla, se le conoció en sus primeros escritos como Acaxual.

Estos pueblos han sido documentados a lo largo de casi cinco siglos. Sus nombres son frecuentes en varios documentos históricos tales como: Las cartas de Relación de Pedro de Alvarado, en 1524; las cartas descriptivas de Diego García de Palacio, en 1576; Antonio de Ciudad Real y fray Alonso Ponce, en 1586, con su libro “Relación breve y verdadera de algunas cosas... que sucedieron al padre fray Alonso Ponce en las provincias de la Nueva España”; en 1770, la “Descripción Geográfico-Moral de la Diócesis de Goathemala”, de Pedro Cortés y Larraz; el censo de 1807, “Estado General de la Provincia de San Salvador, Reino de Guatemala” de Antonio Basilio Gutiérrez y Ulloa; entre otros.

Según las fuentes bibliográficas, Mejicanos recibe su nombre debido a un asentamiento de indígenas tlaxcaltecas que acompañaron el ejército de Pedro de Alvarado, durante la conquista. Soyapango, durante la colonia fue conocido como Coyapango, y es un nombre nahuat que significa, llano de las palmeras. Ciudad Delgado debe su nombre al prócer José Matías Delgado, sin embargo, esta ciudad se originó con la unión de tres pueblos vecinos San Sebastián, Aculhuaca y Paleca. Los últimos dos, de origen nahuat, significan lugar de los acolhuasè (acolhua: tribu nahua de mƒxico, can: lugar) y lugar de pintura.

En los años cincuenta, Jorge Lardé y Larín hace un compendio de estos documentos y redacta un libro con los 260 municipios que existían en ese entonces: “El Salvador, historia de sus pueblos, villas y ciudades”. En los primeros años de la época colonial, muchas poblaciones con orígenes indígenas no se localizaban en el espacio geográfico ocupado antes de la conquista, ya que por distintos motivos (catástrofes naturales, pestes, decisiones políticas-religiosas) tuvieron que moverse de sitio. Sin embargo, siguieron conservando su nombre. En varios de estos municipios, incluso aún ahora, se encuentran evidencias arqueológicas y documentales de su traslado. Arcatao, en Chalatenango; Jayaque de la Libertad; o Cacaopera, en Morazán, son algunos de ellos.

El nombre de estos pueblos indígenas está formado por la conjugación de dos a cuatro palabras sueltas que en conjunto definen el nombre completo del municipio. El poblado es definido, ya sea por sus características geográficas, por las características que identificaban en su momento a los pobladores, o por la cosmovisión indígena a la que estaba asociado el poblado. Por ejemplo, en El Salvador existen varios municipios que terminan con el mismo sufijo. Los municipios con sufijos en “peque”, provienen náhuat; los terminados en “quín”, del lenca. En náhuat, ese sufijo significa, cerro o paraje. En lenca, pueblo. Ejemplo de ellos son: Ayutuxtepeque, cerro de armadillos; Ereguayquín, pueblo de halcones, por ejemplo.

Algunos municipios con nombres náhuat son Atiquizaya, Lugar de manantiales; Concepción de Ataco, Lugar de elevados manantiales; Sensuntepeque, Cerro Grande; Chalatenango, Valle de aguas y arenas; Tacuba, patio o campo de pelota; Guaymango, Valle de ranas; Jujutla (Xuxutla), Ciudad de las tumbas; Cojutepeque (Kuyutepet ), Cerro de coyotes.

Concepción de Ataco, en Sonsonate, es de los pueblos con origen pre hispánico que mantiene tanto el nombre de la advocación cristiana, a la virgen de la inmaculada Concepción, como la indígena, Ataco, que proviene del nahuat, significa lugar de elevados manantiales.

Con nombre Lenca: Cancasque, La piedra del sacrificio; Guacotecti, Sumo Sacerdote de los tesoros; San Francisco Gotera, Cerro alto. Con nombre ulúa: Pasaquina, Ciudad de los frijoles blancos o Camino de la amargura; Jocoro, Pueblo del fuego o Bosque de los pinos orientales; Comacarán, Cerro de los Chiles;  Uluazapa, Peñasco de los Ulúas. Con maya: Citalá, "Donde abundan las estrellas", o "Río de estrellas"

Hay algunos poblados que son creados años después de la conquista, o durante la colonia, y que mantienen el nombre con el que se conocían en los antiguos parajes con nombres indígenas. Hay ejemplo de ello en Chalatenango, donde se crean varios pueblos como: Azacualpa, creado en 1790 aproximadamente, y cuyo nombre náhuat significa “Lugar en las veras de las aguas” y que era una hacienda añil; Comalapa, en 1820, que era pueblo de ladinos, y la traducción es “Río de lajas”; o Tejutepeque, 1847, que era una hacienda, y significa, “Cerro de brasas”.

Municipios con nombre de santo o advocación católica y con/sin toponimia indígena.

Lardé y Larín explica en su libro que, el momento de la conquista y colonia, los españoles, al asentar un nuevo poblado se le adjudicaban una advocación religiosa, es decir, se le daba una patrona a un santo o santa. Sí, ese mismo al que todos los actuales municipios le celebran sus fiestas patronales. Y se les nombró así. Algunos municipios con orígenes indígenas, actualmente, mantienen el nombre cristiano e indígena: Concepción de Ataco, en Ahuachapán; San Pedro Puxtla, en Sonsonate; San Miguel y San Juan Tepezontes, o San Pedro y Santiago Nonualco, en La Paz, son algunos ejemplos.

La actual ciudad de San Salvador se fundó en 1545, sin embargo, se conocen de otros dos asentamientos anteriores al actual. Su nombre se debe a la advocación al Divino Salvador del Mundo. En el mundo, hay otras ciudades con el nombre de San Salvador, como San Salvador de Jujuy, en Argentina, Jujuy proviene del nombre de los indígenas jujuê o jujuêes, tribu indígena que habitaba en un lugar. La isla de San Salvador, o también conocida como isla Watling, en Bahamas, nombrada así por el mismo Cristóbal Colón. También se encuentra San Salvador, municipio de medio cudeyo (Cantabria, España).

Hay algunos pueblos con orígenes indígenas, que durante la colonia cambiaron su nombre, o perdieron la connotación de su nombre indígena. A través del tiempo, muchos de estos municipios mantuvieron solo el nombre del santo de su advocación, perdiendo su nombre vernáculo. Nueva Concepción (que era conocida como Chicunhuexo o Chincunquetzal, de toponimia náhuat, y que significa Los siete sauces llorones); San Julián, en Sonsonate, tiene el nombre de “Cacaluta” (Lugar de cuervos o guaras); o San Silvestre Armenia, que se llamaba Guaymoco (del náhuat, "Donde está el adoratorio de las ranas"). Concepción de Oriente, en La Unión, se llamaba “Saco”, en potón, Cuatro piedras. Santo Domingo de Guzmán también tenía el nombre de Huitzapan (Río de las espinas).

En San Salvador, a San Marcos y Santo Tomás también se les nombraba, según documentos de la colonia, Texacuangos. Ya que formaban, junto a Santiago Texacuangos, una misma región indígena. A San Marcos se le conoció como Coutacuchi. También está el caso de San Martín, de San Salvador, que era conocida como Perulapán -al igual que San Pedro Perulapán y San Bartolomé Perulapía-, pues también era una misma región indígena. La cabecera Santa Ana llevaba el nombre de Cihuatehuacán (ciudad de las sacerdotisas). A mediados del siglo XIX, en Chalatenango y San Miguel, hay varios casos de haciendas añileras o aldeas que al momento de adquirir la categoría de pueblo retoman el nombre de santos: San Miguel Mercedes, que se llamó Techonchogo, Lugar de chonchos y piedras; San José Las Flores, creado en 1832, que se llamó, Silaiquín; San Antonio de la Cruz, llamada Aldea Llano Malo; San Antonio Los Ranchos, que también se llamó San Antonio de los Reyes.

Antes de la conquista, a gran parte del territorio de El Salvador se conocía como Kuskat, "collar, piedra preciosa, tesoro" o bien "lugar de algo precioso". Este era parte del señorío de Cuscatlán, o Kuskatan, como se escribía en nahuat antiguo y abarcaba la zona sur occidente y centro del país. Su división era el río Lempa, y en la zona oriente estaba ocupado por tribus lencas.

Igualmente está el caso de pueblos erigidos por españoles durante la conquista y colonia, a partir de 1525. Estas localidades sólo tienen el nombre de santos católicos: San Salvador y algunas de las actuales cabeceras departamentales como San Miguel de la Frontera o San Vicente de Lorenzana, que son los nombres completos de estos dos municipios.
 
  A los municipios de San Rafael Oriente y Concepción Oriente para diferenciarse de los otros municipios. En total, en El Salvador hay siete municipios que llevan el nombre de Concepción y cuatro con San Rafael. Hay, además, seis con San Antonio; cuatro, con Santiago; seis, con San Juan; San José, con cuatro; San Pedro, también cuatro; tres adjudicados a Santa María; seis con San Francisco; cuatro con San Miguel; y cuatro más con San Luis.

Izalco, pueblo al occidente del país, proviene de las raíces itz (obsidiana); cal (casa), y co (lugar), y significaría ciudad de las casas de obsidiana. La región de los izalcos, antes de la conquista, incluía Nahuizalco, Caluco, Nahulingo y Tacuscalco.

Municipios con nombres de otras ciudades o países

En el siglo XIX y principios del XX, surgen nuevos pueblos en el territorio salvadoreño pero a éstos se les bautiza con un nombre curioso: el nombre de otros países o ciudad de otro país. Muchos de estos eran cantones, haciendas o aldeas, y tenían otros nombres. Tenemos los ejemplos de europeos de Turín, en Ahuachapán, erigido pueblo en 1878; Zaragoza, La Libertad, que se llamaba Tempisque; Berlín, que antes se llamaba Valle de Agua Caliente; y Nueva Granada, conocida anteriormente como El Carrizal, en Usulután. Además, están los casos de Jerusalén, en La Paz; El Congo, en Santa Ana; California, en Usulután; Santa Rosa de Lima, en La Unión; y Verapaz que proviene del latín que significa “La verdadera paz”. También está el caso de Mejicanos, en San Salvador, reducto de indígenas mexicanos que acompañaron a Pedro de Alvarado y se asentaron en ese espacio geográfico durante la colonia.

Existe el caso de cuatro pueblos creados a mediados del siglo XIX y que son adjudicados al colombiano coronel Narciso Benítez, gobernador de San Miguel durante ese tiempo, y ex militar de las filas de Simón Bolívar, quien también peleó junto a Francisco Morazán. A Benítez se le adjudica la creación de Carolina, llamada anteriormente como Muyutepec. Benítez era originario de la villa de Carolina, Antioquia Colombia, y de ahí sale el nombre. Al municipio de Bolívar, en La Unión, se le bautizó en honor a Simón Bolívar. Benítez también aportó a la creación de los municipios de Nueva Esparta y Nuevo Guadalupe.

Municipios con nombres relacionados a personajes históricos o locales.

También en el siglo XIX, hay algunos municipios que han tenido nombre indígena, pero que son re-bautizados con nombres de próceres, personajes ilustres, personajes importantes locales o héroes nacionales como una forma de distinción por su trayectoria. Por ejemplo, Ciudad Arce, que se llamaba Chilamatal, honra al prócer Manuel José Arce; Ciudad Delgado, que fue formado con los pueblos de Paleca, Aculhuaca y San Sebastián Texinca, honra a José Matías Delgado; o Ciudad Barrios, en San Miguel, era llamado Cacahuatique, y honra a Gerardo Barrios. O Colón, que se llamaba Gauramal, y busca honrar a Cristóbal Colón.

Hay dos municipios con nombres inverosímiles: San Francisco Morazán y San Francisco Menéndez. Se trata de dos ex presidentes de la república; ninguno de ellos era santo ni lo serán. Estos caseríos, al asumir como pueblos, les adjuntaron los nombres de los expresidentes, y así buscaron honrarlos.

También hay municipios que cambian su nombre para honrar a personajes locales, como Alegría, que se llamaba Tecapa, pero cambió en honor al presbítero José Miguel Alegría; Paraíso de Osorio, llamado así por el general Rafael Osorio, ex gobernador del departamento de La Paz, muerto en batalla, en 1885. Esta el caso de haciendas y aldeas que retomaron los nombres de sus dueños: Concepción Batres, en honor a los dueños de una hacienda que anteriormente ocupaba una gran extensión territorial del actual Municipio. El dueño era apellido Batres y su esposa se llamaba Concepción. Mercedes Umaña que era la hacienda Umaña y La Reina, que era el “Valle de la Reina”, que según fuentes orales una de sus dueñas originarias era una señora llamada “María Reina”, según consigna el libro “El Salvador, historia de sus pueblos, villas y ciudades”.

Municipios nombrados por su geografía o elementos de identidad

Hay algunas poblaciones que surgen durante los periodos finales de la colonia, y mediados del siglo XIX, siendo estás haciendas o aldeas pero que, al momento de erigirse como pueblo, mantienen el nombre con que se conocían los parajes que habitaron. Algunos de ellos, por ejemplo, obtuvieron su nombre de toponimias indígenas, lo heredaron de las haciendas añileras, o del santo patrono al que se le vinculó la zona. Las características geográficas de su territorio es otro elemento que bien puso usarse para bautizar un lugar.

Santiago Texacuangos o tequecaquango o Tequezaquango (1548), Teccacuangos o Teczacuangos (1575), Teozaquango o Teozacuango (1577), Tetzacuango (1586), y Santiago de los Tezacuangos (1689) es un nombre de origen nahuat que significa valle de altas piedras o lugar amurallado (Tex: Piedra; acu: alto; ango: valle). Tanto Santiago, como San Marcos y Santo Tomás, formaban, durante la época pre colombina, parte de la región de los Texacuangos. Actualmente solo Santiago mantiene el nombre indígena.

Muchas de estas haciendas estaban ligadas a la producción de añil o con espacios adecuados para la agricultura, pero debido a su bajo nivel de población no lograban obtener el título de pueblo o villa, mucho menos de ciudad. Imagine los actuales cantones, o comunidades que forman parte de los municipios actuales que, aunque de menor densidad poblacional, están poblados pero siguen siendo pequeños núcleos poblaciones. Ahora ellas, con el trascurso de al menos doscientos años, lograron que en sus alrededores estuviesen sobrepoblados, para así acceder al título de pueblo. Es decir, tenían la base de población requerida por la ley para ser erigidas como pueblo.  

Hay varias haciendas añileras y aldeas que, al tener los requisitos de ley, fueron erigidos como municipios. Se crean, entonces, pueblos como: Agua Caliente, en 1820, conocido como San José Agua Caliente de las Flores; llamado así porque en sus territorios hay fuentes termales. Las Vueltas, antes conocido como Yusique, en potón “Montaña de pinos”; y Ojos de Agua, creado en 1800 aproximadamente. En el siglo XIX, se crean los pueblos de San Rafael Cedros, Mercedes La Ceiba, San Antonio El Sauce, los tres asentados alrededor del árbol que le acompaña.

También, al asumir como pueblo, a algunos pueblos se le adjudica el nombre del cantón o caserío más grande de varios que se juntaron, como Delicias de Concepción, El Tránsito, Rosario de Mora. Santiago y Candelaria de la Frontera en Santa Ana, se les llama así por su cercanía a la frontera con Guatemala.  El municipio El Triunfo, en Usulután, que fue conocido como la hacienda La Labor, se afirma que fue llamado así porque “fue un triunfo que le reconocieran como pueblo”, después de varios intentos.

Cuscatancingo proviene del nahuat y significa: lugar del peque o Cuscatlán.

Un municipio llama especialmente la atención por su nombre. En 1816 se erigió como pueblo con el nombre de La Laguna. Se le conocía antes como cantón, Loma Lisa o Santiago. Sin embargo, no existe ninguna laguna en sus alrededores. No hay evidencia documental sobre su nombre.

Actualmente existen 262 municipios, pero no siempre fue así. Hasta el año de 1961, El Salvador contaba solo con 260 municipios. Fue hasta ese año en que el municipio de El Divisadero, en Morazán, fue erigido como pueblo. San Luis La Herradura, en La Paz –conocido así porque la bocana al estero de Jaltepeque que está en su territorio tiene forma de herradura- fue erigido municipio en 1984. Hay pueblos que se extinguieron y se fusionaron con otros más grandes. El barrio San Jacinto y el cantón de San Antonio Abab, en San Salvador, fueron durante mucho tiempo de la colonia, pueblos pero al estar tan cerca de San Salvador, fueron agregados a éste. En los primeros años de la conquista, varios pueblos indígenas de importancia desaparecieron. Hay pueblos retomados en las crónicas de la época como Santa María Magdalena de Monleo, Tzirama o Mexicapa, en el oriente del país, e incluso el extinto poblado de Tacuscalco, en Sonsonate, ahora en discusión por el litigio legal entre las autoridades del ministerio de Cultura y una empresa constructora que intenta destruirlo.

Ante ello surge la pregunta: ¿podría extinguirse algún municipio? O bien, ¿podría surgir otro municipio en el país? Las dudas llegan tomando en cuenta que existen poblaciones dentro de municipios que han crecido y esos caseríos o cantones han tomado igual o mayor importancia que el municipio: por ejemplo, Lourdes, en Colón, está empezando a tener un desarrollo habitacional; las comunidades del Bajo Lempa, en los municipios de Tecoluca y Jiquilisco, las cuales están separadas de su casco urbano por varios kilómetros; así como el desarrollo organizacional de comunidades como Guarjila, cantón de Chalatenango, o la Ciudad Segundo Montes, caserío de Meanguera, Morazán, están cobrando. ¿Habrá un municipio 263 en algún futuro?

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