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El Salvador, el país de dolientes sin tumbas y víctimas sin justicia

Mientras que el grueso de los salvadoreños se alistan para ir a los cementerios el Día de Muertos, en el que algunos llevan música de mariachis, remozan los mausoleos y hasta tienen un "pícnic", Sofía y casi un centenar de víctimas de la guerra ponen flores y velas a una tumba que no tiene huesos, sino 30,000 nombres de desaparecidos y asesinados.
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Familiares de desaparecidos sostienen retratos de sus parientes. Las víctimas de las violaciones de derechos humanos perpetradas por el Ejército en la guerra civil salvadoreña piden al Estado una

Familiares de desaparecidos sostienen retratos de sus parientes. Las víctimas de las violaciones de derechos humanos perpetradas por el Ejército en la guerra civil salvadoreña piden al Estado una "actitud más humana" al implementar medidas de reparación. EFE/Rodrigo Sura

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Sofía le dedica una canción de tumba a sus familiares, les lleva flores, les llora, pero no en la normalidad de un Día de Muertos, ante una cruz o una lápida, porque ella es parte de la legión de víctimas de la guerra civil salvadoreña (1980-1992) que siguen sin conocer el paradero de los suyos.

El Salvador es un país de dolientes sin tumbas y de víctimas sin justicia, condición que viven cada día los sobrevivientes de unas 194 masacres, de los escuadrones de la muerte estatales, de los paramilitares, de las desapariciones forzadas y todos los vejámenes que solo una guerra fratricida tiene por telón de fondo.

"Tengo dos hermanos desaparecidos, mi hija -sé que la mataron pero no hallé sus restos- y cuatro sobrinos que desaparecieron en los años ochenta", narra Sofía Hernández, una mujer que con su sonría amplia trata de disimular el pesar de un luto pausado, negado.

Mientras que el grueso de los salvadoreños se alistan para ir a los cementerios el Día de Muertos, en el que algunos llevan música de mariachis, remozan los mausoleos y hasta tienen un "pícnic", Sofía y casi un centenar de víctimas de la guerra ponen flores y velas a una tumba que no tiene huesos, sino 30,000 nombres de desaparecidos y asesinados.

Dos mujeres colocan flores en el Monumento a la verdad y memoria, el cual contiene los nombre de 30,000 salvadoreños asesinados y desaparecidos durante la guerra civil en San Salvador. EFE/Rodrigo Sura

Sofía y sus compañeros se congregaron este 1 de noviembre, Día de Todos los Santos, en la capital salvadoreña y, ante el Monumento a la Memoria y Verdad, volvieron a exigir al Estado dar con el paradero de sus desaparecidos, juzgar a los verdugos y reparar el daño.

También pidieron la declaración de cada 30 de noviembre como el Día Nacional de las Víctimas de la Desaparición Forzada y de constituir el muro con los nombres de sus familiares como monumento nacional.

"La importancia de estas declaraciones radica en la búsqueda de una actitud más humana que rescate la dignidad de nuestro familiares y de todas las víctimas de graves violaciones a derechos humanos", dijo la activista Carolina Constanza en nombre de 8 organizaciones sociales.

Familiares de desaparecidos durante la década de 1980 en El Salvador caminan frente al Monumento a la verdad y memoria, el cual contiene los nombre de 30.000 salvadoreños asesinados y desaparecidos durante la guerra civil en San Salvador. EFE/Rodrigo Sura

Los dolientes cantan y gritan los nombres de los ausentes: Andrés Molina, José Marroquin, Dolores Hernández, Guadalupe García, Olmedo Rojas, José Guerrero, y luego de cada uno resuena un casi unísono de "vivirán por siempre".

"Mi hermana hace poco se murió y no supo de su hijo desaparecido", relata Sofía al recordar a Dolores Hernández, conocida como Mama Lola, y asegura que su trabajo es para que "se logre encontrar los restos, que nos digan a dónde los dejaron, qué hicieron con ellos" y que no se repita el caso de su hermana.

Mama Lola fue una de las fundadoras del Comité de Familiares de Víctimas de las Violaciones de los Derechos Humanos (Codefam), una organización similar a las Madres de Plaza de Mayo de Argentina y a la que Sofía conoció en los años noventa cuando era una "presa política" e ingresó hace 10 años.

Durante la concentración, Sofía y sus compañeros exigieron al Congreso aprobar una ley de reparación a la víctimas de la guerra, cuya propuesta presentaron a finales de octubre pasado.

"Mi familia está desaparecida, muchas madres estamos así, y no es justo que no tomen en cuenta el sacrificio que tuvimos", lamenta Sofía, mientras señala a sus compañeras y añade: "todas esas madres tienen hijos desaparecidos y no tienen ninguna respuesta del Estado" porque "ellos fueron los que masacraron".

Asegura que "si la aprueban los diputados, con esta ley vamos a seguir luchando", pero "si no cumplen, la verdad, justicia y reparación nunca van a ser".

"Pasaron más de 30 años, me pregunto adónde estarán, yo les pido a los responsables que sean sinceros y nos pidan perdón, (...) pedimos que se haga justicia, que ya no queremos más impunidad", cantan Sofía y otras madres poco antes de ir a poner flores, velas y orar ante los nombres de sus familiares.

Durante los 12 años de guerra civil, en los que se enfrentaron la guerrilla del FMLN, ahora en el poder como partido político, y el Ejército salvadoreño financiado por Estados Unidos, murieron unas 75,000 personas y desaparecieron otras 8,000.

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  • Día de los difuntos
  • Guerra Civil salvadoreña

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