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El agudo debate frente a los cadáveres de los Carrillo

La policía dice que vio a Carlos Antonio Carrillo Ramos, alias “Cuchupa”, pasearse con un fusil M-16 en el cantón El Cedro de Panchimalco.
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El agudo debate frente a los cadáveres de los Carrillo

El agudo debate frente a los cadáveres de los Carrillo

Familia.  Los familiares de las víctimas permanecieron en una casa aledaña mientras la policía realizaba la inspección de la escena.

Familia. Los familiares de las víctimas permanecieron en una casa aledaña mientras la policía realizaba la inspección de la escena.

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Sus amigos, por el contrario, aseguran que lo veían viajar todos los días a su trabajo en una fábrica. Los policías afirman que “Cuchupa” era un pandillero activo del Barrio 18. Sus amigos dicen que jugaba en un equipo de fútbol. “Cuchupa” y su papá fueron acribillados ayer.

Eran las 4 de la mañana en el cantón El Cedro de Panchimalco cuando seis jóvenes uniformados con camisas blancas y pantalones azules se preparaban para matar a Carrillo Ramos. Avanzaron sigilosos rodeando el monte hasta cercar y entrar a la casa de adobe donde dormía la víctima. “Cuchupa” reposaba junto a su padre, su madre y su hermana menor en una vivienda pequeña, característica de la mayoría de casas de la zona rural de Panchimalco. Los sicarios advirtieron a los ocupantes que no se opusieran ante lo inevitable, que iban por el primogénito de la casa. Su madre obedeció y se acostó en la cama, mientras separaron al joven.

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El padre, identificado como Carlos Antonio Carrillo Vásquez, sin embargo, se negó a la advertencia y con los brazos quiso enfrentar a los asesinos. Una descarga de una escopeta terminó a secas con la intención, después dispararon contra “Cuchupa”. Apenas sonaron las balas los sicarios huyeron por la quebrada que pasa a pocos metros de la vivienda.

Tres horas después, un grupo de policías de la Unidad Técnica y Científica de la PNC contaban el total de tiros que cruzaron los cuerpos de las víctimas, mientras el sol empezaba a aparecer entre lo verde del lugar. Una olla humeante y varias mujeres corriendo avisaban desde una casa vecina que el café y la sopa se habían duplicado para sanear el dolor de la familia.

“Que te digan esos que andan diciendo eso (que ‘Cuchupa’ tenía nexos con pandillas) por qué lo dicen, porque nada que ver”, dijo un familiar del joven asesinado, mientras permanecía sentado afuera de su casa y con la mirada perdida sobre una piedra. Minutos antes, un policía y un soldado lo habían interrogado.

Con tono agresivo el agente le preguntó a él y a otro familiar de las víctimas, por el lugar donde vivían, qué hacían cerca de la escena y si alguna vez habían estado detenidos. El soldado se posó detrás de ambos con el dedo en el gatillo del fusil. Los jóvenes nunca los vieron y se limitaron a contestar con un tono desafiante.

Un oficial policial dijo que “Cuchupa” era un temido pandillero del Barrio 18 que fue asesinado por una purga entre pandilleros o que sus sicarios buscaban el M-16 con el que solía desfilar en el cantón.

“Mire si la casa tiene reflectores para este lado y no para iluminarla. Él estaba esperando. La casa mire con cable y todo”, dijo el policía.

“Los policías inventan cada cosa para salir bien. Yo he jugado con él en un equipo desde hace más de 10 años y nunca ha andado en eso. El papá era el que tenía el equipo”, señaló un amigo de “Cuchupa” mientras vigilaba a los militares encapuchados y tomaba un sorbo de café.

A unas siete horas de haber ocurrido el doble homicidio, llegaron los médicos del Instituto de Medicina Legal (IML). Tres forenses vestidas de blanco caminaron hasta la escena y repartieron pupusas entre los cuerpos de seguridad que resguardaban los cuerpos.

Padre e hijo fueron sacados de su vivienda a rastras luego de la inspección de los agentes del laboratorio.

Los policías llamaron a los jóvenes que habían intervenido hace unos minutos, los formaron en una línea de cuatro y les pidieron que se encargaran de trasladar los cuerpos embolsados hasta el pick up de la Corte Suprema de Justicia. Todo, ante la mirada de los residentes del cantón El Cedro, una zona que sufrió el éxodo de unas 40 familias en septiembre de 2016 después de haber sido amenazados por pandilleros.
 

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