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Relato | El currículum oculto en medio de la pandemia

No solo los alumnos han tenido que conocer de nuevas tecnologías para aprender; los docentes también han tenido que reinventarse para enseñar.

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Los docentes sí pueden ser autorizados para trabajar desde las escuelas.

Los docentes sí pueden ser autorizados para trabajar desde las escuelas.

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Obstáculos, dificultades, carencias, necesidades. Las palabras más sonadas en cuanto a enseñanza y aprendizaje en los últimos seis meses, luego de que fueran prohibidas en todo el país las clases presenciales.

De lo que poco se ha hablado es de los retos y de las oportunidades que ha traído consigo la educación a distancia de forma digital.

"Hay un currículum oculto detrás de la pandemia", advierte Nelson Coreas Ramos, coordinador del Aula Informática del centro escolar Salvador Mendieta, situado en San José Villanueva, La Libertad. A su juicio, la situación debe ser vista de forma positiva, en el sentido de que están adquiriendo conocimientos tanto alumnos como docentes.

Si bien hay maestros que ya presentaron sus renuncias para el próximo año, hay muchos otros que decidieron integrarse a la modalidad virtual y con ello están, a la vez, garantizando la inclusión de alumnos en zonas rurales a un mundo que hasta hace poco tiempo era completamente desconocido.

"Yo comencé como coordinador de aula informática en 2004, con la visión de la exministra de Educación Darlyn Meza sobre la tecnología, y así comencé a capacitar a los docentes en este tema, porque ellos nunca llevaron una materia de informática como tal", manifestó.

A muchos les costó adaptarse porque ni siquiera tenían recursos tecnológicos; otros con suerte tenían un teléfono celular, por lo que fue difícil cambiar el paradigma y demostrarles que la tecnología también puede ser un pizarrón con borrador. Pero además de cambiarles la mentalidad había también que dotarlos de equipo.

Los primeros cuestionamientos a manera de reproches fueron quejas sobre la falta de computadoras y de Internet, un problema real que ha implicado ya sacar de los propios bolsillos para solventar.

Esta experiencia, sin embargo, está abriendo las puertas para un mejor futuro educacional, según explicó el docente: "La pandemia, viendo algo bueno de ella, está preparando a los niños para que se enfrenten luego (en un ámbito laboral) con una empresa que sea multinacional, donde van a poder manejar todo digital", afirmó Coreas Ramos.

Los problemas, no obstante, son evidentes a simple vista: la realidad es que el Ministerio de Educación (MINED) ni siquiera ha conseguido dotar a cada docente de la red pública de una computadora, y mucho menos ha conseguido que todos ellos estén capacitados para usarlas.

Alejandra Martínez (nombre ficticio), una docente de la zona rural de Santa Tecla, en La Libertad, anotó, por ejemplo, que aún en pleno siglo 21 sigue habiendo en El Salvador centros escolares que ni siquiera cuentan con el servicio de energía eléctrica, por lo que de poco serviría que los docentes puedan presentarse a sus aulas con sus equipos informáticos y dar clases virtuales desde allí.

"Hay una escuela a la que le dieron dos lempitas (las computadoras que entregó el Gobierno del expresidente Salvador Sánchez Cerén), pero no tiene luz. Entonces, no las pueden usar", anotó.

"En el centro escolar donde yo trabajo, no hay internet", agregó, por lo que se ha visto en la necesidad de pasar de gastar $5 en saldo con una línea prepago, a adquirir un plan que ronda los $25 mensuales para hacerse de saldo y de internet.

Por otra parte, contó, "pareciera que al azar está entregando el MINED las computadoras a los docentes; y algunas ni siquiera son nuevas, son usadas". En el centro escolar en el que se desempeña como coordinadora de quinto grado, son 23 los docentes, pero solo entregaron dos computadoras, "supuestamente a maestras con enfermedades crónicas, pero una de ellas ni siquiera está tan enferma", aseguró.

Alejandra ha tenido que estarse valiendo de la red social WhatsApp para poder mandarles a sus estudiantes las fotografías de las guías de trabajo. Son 280 alumnos en total, entre estudiantes de cuarto, quinto y sexto grado, en seis secciones de unos 45 alumnos cada una.

"Hoy, por ejemplo, uní las dos secciones de quinto grado para ver si se conectaban más alumnos al mismo tiempo, pero de 70 que son, solo se conectaron 10", explicó ayer la coordinadora, quien prefirió no revelar su verdadero nombre porque luego las autoridades toman represalias por hablar de las carencias y de las necesidades que durante muchos años no han sido resueltas.

Son muy pocos los estudiantes a los que logra impartirles contenidos por medio de la aplicación Zoom. Para demostrar la precariedad, Alejandra compartió con La Prensa Gráfica dos videos de sus alumnos haciendo las tareas asignadas. En ambos es posible ver las paredes de bahareque, el piso de tierra.

"Son condiciones que dan ganas de llorar. Hay veces en las que a las 12 de la medianoche me están cayendo las tareas, porque como a ellos casi no les pega la señal en sus caseríos...", narró.

Hay alumnos que apenas y logran conseguir 50 centavos para hacerle una recarga al teléfono y así poder enviar las fotos o los videos de sus tareas.

Hay alumnos a los que no ha podido ni ponerles una nota, porque estos no han podido enviar el material que les ha requerido. Hay quienes no saben ni enviar un correo electrónico.

Hay un alumno en particular que está desaparecido desde marzo. Solo se conectó una vez y nunca más pudieron contactarlo de nuevo.

Por si todo lo anterior fuera poco, de tanto utilizar su celular como única herramienta de trabajo, se le arruinó. "Tuve que ir a conseguir uno nuevo", dijo. Le costó alrededor de $130.

EL REGRESO A LAS AULAS

La expectativa sobre el retorno a las clases presenciales tampoco le produce una sensación de alivio; todo lo contrario, le significa más preocupación, porque no hay recursos necesarios ni siquiera para tener las mínimas condiciones de higiene.

Antes de conocerse la existencia del coronavirus SARS-CoV-2 en todo el mundo, la situación en el centro escolar donde trabaja ya era precaria.

Muchas veces, recordó, los alumnos han tenido que ser devueltos a sus casas, porque no hay agua para que se laven las manos, ni para que hagan sus necesidades en los servicios sanitarios, solo por poner un ejemplo.

No hay espacio para el distanciamiento social, ni mucho menos hay dinero para comprar alcohol gel. Ni siquiera ha habido una reunión entre la dirección y los docentes para armar el plan a implementar cuando el MINED anuncie el regreso a las aulas el próximo año.

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