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El desconsuelo de los reporteros frente al cadáver de un amigo

Periodistas que a diario están obligados a hacer cobertura de homicidios en todo el país, esta vez tuvieron que enfrentarse a la escena en la que la víctima era un colega.

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El desconsuelo de los reporteros frente al cadáver de un amigo

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El periodista de televisión Cristobal Ayala ha llegado, este mediodía, a la velocidad máxima que le permitió el tráfico. Aparca el vehículo de Telenoticias 21 en la avenida principal de la colonia Altavista de San Martín, se baja tan rápido como puede y se prepara para hacer un enlace en vivo sobre el homicidio de su compañero y amigo camarógrafo Samuel Rivas, quien una hora antes recibió nueve impactos de bala, mientras aprovechaba su primer día de vacaciones para remodelar la iglesia Asambleas de Dios en la que se congregaba desde hace tres años.

Ayala se para a unos tres metros de la cinta amarilla policial, que rodea la escena del homicidio de su amigo, y no puede evitar las lágrimas al ver el cadáver tirado a unos 100 metros desde donde está parado con el micrófono. Esta vez tiene más lágrimas que palabras para comenzar a hacer un enlace en vivo, así que desiste de hacerlo en ese momento.

Su camarógrafo, Omar Morales, quien también era amigo de Rivas, comienza a hacer algunas imágenes con su cámara, pero no lo soporta más y llora. Los otros periodistas que han llegado a la escena, de todos los canales y algunos periódicos, lo ven llorar y se acercan para consolarlo. No dicen nada, solo lo abrazan y también lloran con él.

La periodista de canal 2, Linda Rivera, tampoco soporta ver a Rivas tirado enfrente de la iglesia, sobre un charco de sangre que provocaron las 13 heridas que dejaron las balas calibre nueve milímetros. Se acerca a Cristobal Ayala y lloran juntos. La camarógrafa de Rivera tampoco puede controlarlo y suelta su llanto, hasta que el fotoperiodista Jonatan Funes le ofrece una servilleta para que limpie de su rostro las lágrimas.

Lo mismo le sucede a la reportera Alejandra Hernández, quien se acurruca y llora en silencio. Con su mano derecha sostiene su micrófono del noticiero de canal 6 y con la izquierda se limpia las lágrimas hasta que otros reporteros y camarógrafos se acercan para darle ánimo.

"Esperamos que las autoridades investiguen este caso, como también investiguen todos los que ocurren en este país. Y no se vale decir que aquí no pasa nada y que en cinco años se va a poder controlar esto”

Después de un rato así, en que estos periodistas y camarógrafos  acostumbrados a cubrir escenas de homicidios a diario enfrentan su desconsuelo, Cristobal Ayala enciende su micrófono y finalmente hace el enlace en vivo. Mientras tanto, los policías quitan la cinta amarilla para que Medicina Legal se lleve el cadáver en una bolsa blanca.

“Nos hemos acercado al lugar donde fue el homicidio de nuestro amigo y compañero Samuel Jonatan Rivas, o “Chorrito” como le decíamos cariñosamente”, dice Ayala mientras señala con su dedo índice derecho el charco de sangre.

Luego agrega: “Verá usted que esta es la realidad en que vivimos los salvadoreños. Grupo Megavisión lamenta la muerte de nuestro camarógrafo. Difícilmente podemos cambiar esta situación con compartir este tipo de imágenes, y sabemos que probablemente afecta la salud mental de los que ven estas imágenes (...) pero queremos decir que nosotros esperamos que las autoridades investiguen este caso, como también investiguen todos los que ocurren en este país. Y no se vale decir que aquí no pasa nada y que en cinco años se va a poder controlar esto”.

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