El despertar de un volcán

No se puede predecir con exactitud cuándo ocurrirá una erupción volcánica, pero sí es posible vigilar la actividad de un volcán por medio de equipos especializados de monitoreo. Los expertos advierten de tres posibles escenarios en caso de que El Boquerón vuelva a despertar. Con base en los síntomas de dicha vigilancia tecnológica, los vulcanólogos sí son capaces de adelantar algún pronóstico.
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Hoy se cumple un siglo desde que el volcán de San Salvador hizo su última erupción; y, según los expertos, existen tres tipos de escenarios de erupciones explosivas que el volcán capitalino podría protagonizar si vuelve a despertar.

Según el libro “Viviendo en armonía con el volcán El Boquerón”, estos tres tipos de erupción son: estromboliana, estromboliana violenta o vulcaniana y subpliniano o pliniano.



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El libro fue publicado en febrero de 2015 por el Ministerio de Educación, con el auspicio financiero de la Comisión Europea, la Dirección General de Ayuda Humanitaria y Protección Civil (ECHO), la Agencia Sueca para el Desarrollo Internacional (ASDI) y Plan Internacional, y aclara que es imposible predecir con exactitud cuándo va a hacer erupción un volcán, pero explica que es posible esbozar algún pronóstico a partir de una vigilancia con equipo tecnológico especializado de monitoreo.



En ese sentido, teniendo a mano los datos del comportamiento que da la vigilancia volcánica, como la magnitud y la frecuencia de los temblores, la emisión de gases, la cantidad de explosiones, el tipo de olores que emanan de él, la expulsión de cenizas y el incremento de calor o fumarolas, y teniendo también a la mano los datos del historial eruptivo de un volcán se puede pronosticar qué tipo de erupción sería.

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En cualquiera de los tres escenarios, las erupciones emitirían productos parecidos, pero en cantidades, tamaños y formas diversas, por lo que afectarían distintas áreas o zonas.

El primer escenario, el de una erupción estromboliana, es el de más alta probabilidad entre los tres, ya que es el que tiene más registros en la historia eruptiva de El Boquerón.

Esta erupción sería de tipo explosiva, y aunque sería de pequeña magnitud, el impacto sería intenso para quienes habitan o transitan a cinco kilómetros a la redonda del cráter.

Entre los materiales que expulsaría habría una columna de cenizas de entre dos y cuatro kilómetros de altura sobre el borde del cráter, y la dispersión de estas cenizas podría cubrir una área de 50 kilómetros cuadrados, afectando Santa Tecla, Lourdes, Colón y San Juan Opico.



El flujo de lava, con este tipo de erupción, podría tener un alcance menor a 10 kilómetros de longitud, dependiendo de la altura desde donde saliera. Es poco probable que saliera desde el cráter central, sino más bien desde algunas bocas eruptivas de alguna fisura.

También podría darse una caída de fragmentos balísticos con un promedio de un kilómetro de alcance, cuando la distancia máxima son dos kilómetros desde el cráter.

Ya que la probabilidad de que ocurra es alta, la afectación directa la sufrirían miles de personas de cinco kilómetros a la redonda del cráter de El Boquerón, como Colón, Jayaque, Sacacoyo, Tamanique, Tepecoyo, cantón Sitio del Niño, Santa Tecla y Juan Opico. Sin embargo, Ayutuxtepeque, San Salvador y Mejicanos también podrían resultar afectados, pero en menor medida.

Como el Ilamatepec

Una erupción estromboliana violenta o vulcaniana, similar a la que ocurrió en octubre de 2005 con el volcán de Santa Ana, Ilamatepec, podría ser el segundo de los escenarios.

Este tipo de erupción volcánica se produce antes de que el magma llegue a la superficie. El magma son las masas de rocas fundidas que se encuentran dentro de la corteza de la tierra, sometidas a un calor extremo, y que se convierte luego en lava después de que sale de la corteza terrestre.

Los expertos locales consideran este segundo escenario como de mediana probabilidad. Y, de ocurrir, expulsaría rocas pequeñas y flujos piroclásticos, es decir, pequeños fragmentos de lava que se producen al salir del cráter y que, por su tamaño, pueden ser cenizas, lapillis o bombas volcánicas.

La altura que podría alcanzar una columna de cenizas de un evento de estas características es de entre siete y 20 kilómetros, y las cenizas alcanzarían a cubrir un área de 200 kilómetros cuadrados, considerando una altura de 10 kilómetros.

Esta ceniza podría afectar a los municipios de Colón, Jayaque, Sacacoyo, Tepecoyo, Tamanique, Comasagua, cantón Zapotitán, cantón Joya de Cerén, cantón Sitio del Niño , Quezaltepeque, Nejapa, Ayutuxtepeque, Mejicanos, San Salvador, Antiguo Cuscatlán, Nuevo Cuscatlán y Santa Tecla, poniéndolos en mayor exposición al riesgo de desastre por la cantidad de población que suman. Un dato importante sobre este tipo de erupciones es que la emisión de lava es poco probable.

La más grande

El escenario menos probable es una erupción de extrema magnitud, con capacidad de afectar a casi la mitad del país y causar impactos a la salud humana, medio ambiente, infraestructuras y carreteras.

Las columnas de cenizas podrían alcanzar los 24 kilómetros de altura y afectar un área de 1,000 kilómetros cuadrados, y afectar, además de los municipios antes mencionados, Acajutla, Izalco, Nahuizalco, San Julián, Armenia, Sonsonate, Coatepeque, Ciudad Arce, San Pablo Tacachico, Guazapa, San José Guayabal, Aguilares, Suchitoto, Nejapa, Apopa, Tenancingo, Ciudad Delgado, Soyapango, San Martín, Ilopango, San Marcos y Panchimalco.
 

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