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El dulce sabor del trabajo duro

a ardua tarea que se lleva a cabo en el campo para procesar la caña es la historia que presentamos hoy en “Soy salvadoreño”.
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El protagonista de la historia es Francisco Henríquez Pineda, un salvadoreño que, a pesar de tener 60 años, todavía conserva la fortaleza de su juventud y que es necesaria para completar la ardua jornada de trabajo como cañero. Todos los días, durante la temporada de corte, Francisco se levanta a las 3 de la mañana para ordeñar sus vacas, de donde extrae la leche del desayuno, la cual acompaña con tortillas recién hechas por sus hijas. A las 5:30, con machete en mano y en compañía de su hijo se dirigen al campo para iniciar la faena de trozar la caña. Durante horas aguantan el sol, mientras se abren paso entre a los cañales hasta completar la tarea. La faena dura hasta la 1 de la tarde, que es cuando hacen una pausa para comer su almuerzo. Esta es una más de las historias de lucha y perseverancia que a diario se viven en el campo y que ahora presentamos en “Soy salvadoreño”, la serie de minidocumentales de LA PRENSA GRÁFICA que pueden disfrutarse en el sitio web oficial y en sus redes sociales.

Es un trabajo fácil, dice él

En palabras de Francisco, la corta de caña es un trabajo que para él es fácil: “Alguien que tiene práctica, pues ya no lo siente; pero alguien que no tiene práctica no hace nada porque le tiene miedo a cortarse con el machete”. La propiedad con la que habla Francisco es producto de la experiencia que acumula desde los 12 años, cuando se inició en la corta. Este es un trabajo de temporada que dura seis meses, y por eso al llegar el invierno Francisco debe buscar otro jornal para el sustento.

“Lo más difícil son las mañaneadas, que quien no está acostumbrado, no le gusta levantarse a buena mañana”, indica. Francisco hace una reflexión de la importancia de su trabajo, pues considera que el compromiso de la corta es muy grande, ya que si él o sus compañeros fallan, los que laboran en la molienda no podrán desempeñarse. “Uno tiene que ser responsable en este trabajo, porque si uno es irresponsable ya hay un paro de trabajo. Porque lo principal es que esté la caña en la molienda”, explica.

La corta es solo uno de los tantos procesos en la faena de la caña, pues luego se lleva el producto hasta la molienda en donde se le extrae el jugo del que se hace dulce de panela para exportar a otros países.

Francisco es un trabajador salvadoreño incansable. Comenta que luego del corte, si en la molienda les hace falta un trabajador, él se encarga de ayudar en el proceso de moldear y de “sacatrapiar”, un término para referirse a la tarea de mezclar la miel con una paleta de madera en el perol. “Si nosotros fuéramos haraganes no estaríamos aquí, pero gracias a Dios mi papá me enseñó a trabajar. Ya lo agarramos como un deporte el venir a trabajar. El día que no venimos, a nosotros nos hace falta”, así se expresa este ejemplo de salvadoreño que, a pesar de los años de extenuante labor, no se ha detenido y hace una humilde pero importante reflexión sobre cómo es el dulce sabor del trabajo duro.

No se pierda la historia de Francisco Henríquez Pineda ingresando al Media Center www.laprensagrafica.com y en las redes sociales de LPG.
 

Tags:

  • Soy salvadoreño
  • historias

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