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El fracaso no es malo, es el mejor maestro

Experimentar ha sido la clave para que Larissa Hernández y Fernando Vásquez encontraran su vocación.
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Clausura.  Ayer fue la ceremonia de cierre de la tercera edición de la escuela de jóvenes talento en TIC de la UFG. Fueron 18 los estudiantes que terminaron el programa, que consistió en año y medio de formación en temas de tecnología.

Clausura. Ayer fue la ceremonia de cierre de la tercera edición de la escuela de jóvenes talento en TIC de la UFG. Fueron 18 los estudiantes que terminaron el programa, que consistió en año y medio de formación en temas de tecnología.

El fracaso no es malo, es el mejor maestro

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Junto a otros 16 bachilleres de todo el país, ambos concluyeron ayer el programa de tecnologías de la información y de la comunicación (TIC) de la Escuela de Jóvenes Talento, impartido por la Universidad Francisco Gavidia (UFG).

“Muchos piensan que los jóvenes talento no podemos fallar, pero la verdad es que sí lo hacemos, pero aprendemos de nuestros errores”, explicó Fernando Vásquez, un estudiante de bachillerato que se prepara para continuar sus estudios en Santander, España.La clave para Fernando fue participar en el programa de la UFG que consiste en módulos donde se abordan temas como la programación para móviles, la robótica y la animación 3D, así como el desarrollo de otras habilidades, como el liderazgo y la comunicación.“Hace 18 meses me sentía preocupado por las decisiones futuras, por el rumbo que mi vida iba a tomar. Ni siquiera estaba seguro de lo que me gustaba, mucho menos de lo que iba a estudiar”, agregó.El programa también sirvió como guía para Larissa, quien, al igual que su compañero, se prepara para ir a Santander. Ambos han conseguido una beca para estudiar ingeniería en informática.Los jóvenes explicaron que el programa les dejó una lección esencial, ya que al practicar y realizar proyectos aprendieron a trabajar en equipo y a manejar elementos tecnológicos que desconocían. El proceso fue exitoso, aun cuando fallaron.“El fracaso no es malo, es el mejor maestro. La diferencia está en quienes aprenden del fracaso y se vuelven a levantar”, sostuvo Francisco; mientras que Larissa agregó: “Somos jóvenes talento, no jóvenes perfectos. Fracasamos como cualquier otro, pero nos levantamos como ninguno”. Los estudiantes fueron seleccionados para dar las palabras de clausura de los 18 jóvenes que terminaron un proceso de año y medio, en el que recibieron clases, además de otros apoyos, como una computadora, memorias y gastos de transporte.

Sin embargo, el viaje comenzó hace dos años, cuando la UFG realizó la convocatoria, tanto a estudiantes del sector privado como del público. Larissa vio un anuncio en el periódico y se decidió a aplicar, mientras que Fernando se enteró por un anuncio en su centro de estudios. “Aplican cientos de jóvenes y se seleccionan por mérito a los 20 más destacados”, aclaró Óscar Picardo, director de la Escuela.

En ese sentido, Ana María Abrego, coordinadora del programa, agregó que se realiza una prueba en línea, una entrevista y un examen de Matemáticas. Seleccionar a los mejores es un reto, puesto que se busca “no solamente que sean chicos con buenas notas, sino que tengan dotes de liderazgo, que quieran superarse y salir adelante”.

De hecho, Víctor Cuchilla, también coordinador, apuntó que, a lo largo de las ediciones del programa de formación en TIC, la participación de las mujeres ha ido creciendo, pese a que al principio se inscribían más que todo hombres. Además, el académico sostuvo que se ha mantenido una proporción igual de estudiantes del sector público y del sector privado. En general, estos últimos mostraron un mejor desempeño en algunas cuestiones del programa, posiblemente por las bases escolares; pero la creatividad la tienen ambos, dijo.

A la fecha se han aceptado 80 jóvenes provenientes de casi todos los departamentos del país. Como Larissa y Fernando, otros cinco han obtenido becas para el extranjero. Además, todos los que participan y concluyen el programa pueden optar por una beca en la UFG. Ayer fue la clausura de la tercera generación de jóvenes bachilleres.

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