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El homicidio de Fernando que apunta a la PNC

“Ninguna justificación es suficiente para aplacar el dolor por la pérdida de un hijo”, dice el padre de Fernando, que murió a tiros en el redondel Masferrer el 28 de marzo de 2016 tras una persecución policial. Agentes que participaron en operativo le contaron a la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos (PDDH) que el joven los enfrentó. Pero un forense pone en duda esa versión por falta de evidencia.
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El homicidio de Fernando que apunta a la PNC

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Camisa azul, pantalón de mezclilla, cinco ancho y cabello entrecano que lo delata como un setentón. Es un hombre de los que no lloran. Termina con un tono contundente cada una de las frases con las que recuerda cómo ocurrió el homicidio de Fernando, su hijo menor. “No hay día que no me acuerde de él, mire si yo voy ocupado y todo, y de repente cabal lo recuerdo. Si era vergón, un muchacho buen hombre... Yo ya miedo no tengo, por mi hijo que me maten. ¿Y qué pues?”, dice. Cada vez que habla de su hijo saca la vista de los ojos de su interlocutor, intenta contenerse.Él está consciente de que a su hijo le gustaba tomarse sus cervezas de vez en cuando, pero nunca descuidaba la taquería y les ayudaba a sus padres en la pupusería en la que se crio.

También recuerda que de vez en cuando se drogaba cuando salía a beber alcohol, “un par de gramos de ‘coca, nada más’”. Aquello, dice el papá de Fernando, parecía más un pasatiempo. Sin embargo, asegura que era cariñoso con su hijo recién nacido y su esposa. Pese a todo, Ángel Fernando Ábrego, dice, era su hijo. “Usted no sabe lo que es perder a un hijo. Ah... es un dolor”, dice sin lograr terminar la frase. Vuelve la mirada al techo y hace esfuerzo por contener las lágrimas.

Fernando le dijo a su papá que el 28 de marzo de 2016 iba a ser un día de esos en los que buscaría desconectarse del mundo. Iba a descansar, a su manera.El joven de 27 años salió ese mediodía con su tío, Eduviges Cruz Hernández, un hombre de 53 años cuya historia es la de muchos en este país: prestó servicio militar y en la posguerra emigró hacia Estados Unidos, años después regresó deportado pero con un poco de dinero.

Lo único que hacía era ayudar a sus familiares en la pupusería. Eduviges no sabía que horas más tarde iba a estar en medio de una balacera y con una bota en la cara. “Desde el mediodía se empezaron a echar las cervezas juntos”, recuerda el papá de Fernando.El 28 de marzo, casi a las 10 de la noche, Fernando conducía un recién adquirido carro rojo, el deportivo de sus sueños, por la alameda Juan Pablo II. Una patrulla inició a darle seguimiento y los agentes le pidieron que se detuviera. Fernando no hizo caso y continuó la marcha por la 1.ª calle poniente de San Salvador hasta llegar al Paseo General Escalón. Los policías aseguran que le ordenaron en varias ocasiones detener la marcha, pero no atendió. “Los dos iban tomados. Yo creo que Fernando de comprar esa babosada (cocaína) venía”, recuerda con desconsuelo el padre.

Fernando aceleró por todo el Paseo General Escalón hasta llegar al redondel Masferrer. Ahí, los hechos ocurrieron rápido, y hay dos versiones.En entrevista en la PDDH y en un acta policial consta que los tres agentes aseguran haber disparado contra el carro de Fernando en el redondel Masferrer, ya que lograron identificar, pese los vidrios polarizados, que el conductor del carro (Fernando) les apuntaba con un arma de fuego. Sin embargo, los impactos de bala estaban en el baúl, en una de las vías traseras y en el vidrio lateral izquierdo.Los policías afirmaron que después del tiroteo se acercaron al vehículo y sometieron a Eduviges, el tío de Fernando. Luego trasladaron al joven, presuntamente con vida, al Hospital Rosales.

Al tío lo llevaron a una bartolina policial acusado de homicidio tentado e imperfecto porque se supone disparó contra los agentes; pero fue absuelto luego de pasar seis meses en un centro penal.En la escena, las autoridades encontraron la supuesta arma que usó Fernando bajo el asiento del conductor, pero no encontraron ni un tan solo casquillo.Todos estos puntos planteados por los agentes fueron contrariados por un estudio forense que ordenó la PDDH. “Las pruebas testimoniales dadas por los agentes y la inspección del lugar de los hechos son contradictorias”, se lee en ese documento que fue consultado por LA PRENSA GRÁFICA.En resolución del 8 de agosto del año pasado, la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos afirmó que la policía ejecutó de manera extralegal a Fernando.

El forense apuntó en su estudio varias incoherencias sobre la versión policial.Primero, las declaraciones ofrecidas por los agentes entrevistados son idénticas, “esto es algo que criminalísticamente no sucede, y es muestra de que al menos dos agentes no dijeron la verdad”. Segundo, consigna que es casi imposible que los agentes vieran la supuesta arma de Fernando, ya que la encontrada en el vehículo tenía una parte deteriorada y el evento sucedió de noche. Además, ¿cómo es posible que Fernando haya metido el arma usada debajo de su asiento luego de ser herido? se pregunta el perito.La PDDH también cuestionó que el parte de la inspección decía que Fernando tuvo un edema cerebral y fue trasladado con vida al hospital. Sin embargo, eso no es posible debido a la magnitud del orificio de bala que tenía en la cabeza. Tampoco existe una pericia exacta sobre la manera en que cayó la sangre al pavimento para determinar la posición del cuerpo.

El forense concluyó que es posible que Fernando se haya intentado bajar del carro cuando recibió en la espalda dos impactos de bala disparadas con armas cortas, y luego, fue ejecutado por un agente que disparó desde su fusil, cuando el joven estaba sobre el asiento del vehículo.Ni la Fiscalía General de la República (FGR) ni la Inspectoría de la PNC mostraron avances en el caso ante la resolución de la PDDH. “Nuestra vida cambió para siempre. Yo sí quiero que paguen por esto”, dice el padre de Fernando. Esta vez no se contiene las lágrimas y saca una foto de su hijo para mostrarla.

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