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“Él le decía: ‘si no vas a estar conmigo, no vas a estar con nadie’”

Una pariente de Wendy Vásquez, la joven asesinada por su esposo policía, sostiene en las manos un celular con el cual registró la escena del crimen. Lo muestra afuera de la parroquia San Rafael Arcángel de San Rafael Cedros, donde este miércoles fue la velación. “Cuando entré a la casa eso era un río de sangre”, comenta.
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“Él le decía: ‘si no vas a estar conmigo, no vas a estar con nadie’”

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En el corto video, tomado el pasado lunes, horas después del asesinato de Wendy, se observa el piso de una vivienda teñido de color rojo. El rastro se pierde en un charco muy grande a la par de un sofá. Según la pariente, la imagen evidencia que la joven de 29 años intentó huir al cuarto de su hijo porque su esposo, el agente Alfonso Aguillón Rodas, la estaba agrediendo físicamente y la iba a matar. “Ella contaba que la maltrataba y le decía que si no iba a estar con él, no iba a estar con nadie más”, recuerda la familiar de Wendy, durante el funeral.La joven y el agente tenían ocho años de relación y hace un año se casaron. Sin embargo, durante ese tiempo hubo un vaivén entre ellos: separación, reconciliación, y una sucesión de separaciones causadas por infidelidades y violencia física y verbal que sufría la joven, según su familia. “Un día llegó a mi casa con el ojo morado porque él (Aguillón) la había golpeado y echado de su casa”, comentó la pariente de Wendy.Los últimos 15 días la joven los pasó en la casa de su familia cuidando a su abuelo. Según un pariente, Wendy, esta vez, estaba decidida a no regresar con Aguillón, pero el pasado domingo en la noche decidió ir a la casa de su suegra para celebrar el cumpleaños número ocho del hijo que tenía en común con la pareja. Tomó la decisión de ir ante la insistencia del niño, según el pariente de la víctima. “Él (Aguillón) fue por ellos (Vásquez y su hijo) y todos le decíamos que no fuera a esa fiesta, pero no hizo caso”, dijo el familiar, quien agregó que “si alguien la hubiera acompañado nada le hubiera pasado”.

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Tras la celebración en la casa de su suegra, la joven, el agente y su hijo se fueron a la casa que Aguillón había construido para los tres, la cual está a unos cuantos pasos de la vivienda donde fue la fiesta. “Según lo que nos cuentan a nosotros es que la discusión fue entre las 9:30 y 10 de la noche, y que lo primero que se escuchó fue una ráfaga y después unos últimos tres disparos”, comentó otro pariente de Wendy. Esto genera una hipótesis en la familia de la joven: que Wendy fue asesinada con dolo por Aguillón y que el agente, “para despistar” a los policías, se autodisparó en las piernas y en un brazo.

La familia de la joven aseguró que la autopsia demuestra que la joven recibió 10 impactos de bala. “Cuando me entregaron el cuerpo se ve que tiene 10 disparos: unos en las piernas, en los hombros, en la espalda y el más terrible fue uno que le entró por el cuello y le salió por un ojo”, comentó un pariente. La hipótesis concuerda con una inspección, según la familia, porque a ellos les informaron que el arma que se utilizó para el feminicidio no tenía ninguna huella digital de la joven, solo de Aguillón. Esta versión contradice el informe oficial entregado el lunes en la mañana por parte de la Policía Nacional Civil (PNC), ya que este consignaba que fue la joven quien inició la pelea, le quitó su arma a Aguillón y le disparó en las piernas y un brazo y luego ambos forcejearon, hasta que ella recibió un disparo que la causó la muerte.

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La audiencia del caso está programada para el viernes en el juzgado de San Rafael Cedros. Rodas, mientras tanto, permanece custodiado en el Hospital Nacional Nuestra Señora de Fátima, en Cojutepeque.

Son las 11:45 de la mañana de este miércoles 5 de julio. Los familiares y amigos cercanos de Wendy han caminado desde la iglesia y ya se encuentran en el cementerio general de San Rafael Cedros. Lloran la partida de la hija, nieta, hermana y abogada. “Wendy solo está dormida, papá”, le dice la madre de la joven a su padre, quien ha caminado con mucha dificultad hasta el féretro morado que resguarda el cuerpo de su nieta. La madre de la joven intenta consolarlo: “Ahora yo te voy a cuidar”.
 

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