El maestro nipón que en Lolotique hizo más fácil la materia de Matemáticas

So Yoshino permaneció casi dos años en el municipio migueleño de Lolotique.
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El maestro nipón que en Lolotique hizo más fácil la materia de Matemáticas

El maestro nipón que en Lolotique hizo más fácil la materia de Matemáticas

El maestro nipón que en Lolotique hizo más fácil la materia de Matemáticas

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El maestro nipón que en Lolotique hizo más fácil la materia de Matemáticas

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So Yoshino permaneció casi dos años en el municipio migueleño de Lolotique. Este joven de 28 años llegó desde Akita, una ciudad ubicada en el norte de Japón, con un grupo de voluntarios de la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) destacados en la zona oriental de nuestro país para colaborar con los maestros del Centro Escolar Ingeniero Antonio Mejía.

Mientras estuvo en Lolotique, Yoshino trabajó con los maestros de primaria en el refuerzo de las metodologías para enseñar Matemáticas de una manera más entretenida y efectiva. Se ganó la simpatía y el respeto de los maestros y niños con los que compartió las enseñanzas, quienes lo llamaban señor So.

Yoshino contó que dejó su tierra natal después de que se graduó como licenciado en Educación Primaria y decidió convertirse en voluntario para embarcarse en la aventura de visitar un país de Latinoamérica para aprender una cultura nueva.

“Quería tener la experiencia de trabajar y vivir en otro país. Pedí venir a un país de Latinoamérica porque me gusta su cultura”, dijo, y agregó que la idea le surgió cuando vio la convocatoria que hacía la JICA para reclutar voluntarios. Aplicó y se sometió a las pruebas de conocimiento y psicológicas que se requieren en su país para convertirse en un voluntario de la JICA.



Antes de venir a El Salvador tuvo que hacer un curso intensivo de español para aprender lo básico. Luego pasó un mes en una academia en Suchitoto, Cuscatlán, hasta que supo que debería pasar su voluntariado trabajando con los maestros de Lolotique.

Cuando llegó a la ciudad migueleña fue asignado para residir con una familia del lugar y transcurrieron seis meses en los que era espectador de las actividades que ocurrían en la escuela y el pueblo, para que le resultara más fácil integrarse a la cultura local y aprender más el español.

Durante ese tiempo Yoshino observó la manera en que los maestros de primaria impartían las clases de matemáticas, tomó fotografías y notas sobre la metodología empleada. También comenzó a estudiar los libros de texto que se usan en nuestro país, a fin de elaborar materiales y crear planificaciones que luego compartiría con los maestros de la escuela.

“Al llegar acá comencé a pensar que quería hacer algo por los niños de este país, para ayudar, para cambiar en algo, porque la situación de los niños en el Salvador es muy diferente a la de los niños de Japón”, indicó.

Mientras realizó su trabajo como voluntario, Yoshino comenzó a implementar “el estudio de clases”, mediante el cual grabó a los educadores cuando impartían Matemáticas. Posteriormente, ese material era analizado para determinar cuáles eran los puntos débiles en que se debía trabajar. Capacitó, además, a un maestro guía que replicará las enseñanzas.

Antes de marcharse, Yoshino se reunió con sus compañeros maestros para hacer un recuento de la labor realizada. Los educadores del centro escolar le agradecieron por las enseñanzas y lo invitaron a regresar al país. Él, en agradecimiento, les contó el sueño que tiene desde que llegó: “Uno de mis sueños es montar una biblioteca comunitaria en Lolotique. Quisiera hacer un lugar donde los niños puedan reunirse y pasar un tiempo satisfactorio, estudiar y hacer sus tareas”.

“Al llegar acá comencé a pensar que quería hacer algo por los niños. Me gusta mucho la gente y los niños de El Salvador, porque son más simpáticos y alegres. La comida que más me gustó fueron las pupusas y la sopa de gallina”.

Compañeros. “Si me gano la lotería de Japón, la voy a ocupar para volver a este país y cumplir mi sueño”, les expresó So Yoshino a los maestros de primaria con quienes compartió en Lolotique. Su sueño es establecer una biblioteca comunitaria para los infantes.

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