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El martirio debe enseñar a construir la paz

El Vaticano nombró como beatos a Rutilio Grande, Nelson Rutilio Lemus, Manuel Solórzano y Cosme Spessoto. ya pueden ser subidos a los altares de la iglesia católica. Ayer el ritual fue además un acto de justicia por el martirio que vivieron.

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Fue el papa Francisco en una carta apostólica que decretó la beatificación.

Fue el papa Francisco en una carta apostólica que decretó la beatificación.

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El sol a la espalda del Salvador del Mundo saluda una tarde noche en que los fieles católicos salvadoreños tienen comunión. Hay sentimientos de paz, hermandad, reconciliación y perdón. Hay cuatro beatos, cuatro hombres, cuatro mártires que viven en el corazón del pueblo, de ese pueblo que ayer dejó que la luz de la luna los abrazara como señal de que no existe miedo en la penumbra.

Un templete de paja abriga el lugar como simbolismo de que los ahora beatos –Rutilio Grande, Manuel Solórzano, Nelson Rutilio Lemus y Cosme Spessotto– estuvieron del lado de los pobres y por ellos murieron.

Un mural en el que junto a san Óscar Romero el Evangelio recuerda que la justicia siempre llega. "¿Quiénes son esos que están vestidos de blanco y de dónde han venido? Esos son los que vienen de la gran tribulación y han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del cordero", dice un texto del Apocalipsis junto a la imagen del ahora santo.

La solemnidad del acto conjuga diferentes actores: Los laicos que creen en la reivindicación y santidad de los beatos, el sacerdocio que cumple con el ritual, los ciudadanos del mundo que decidieron visitar el país, los funcionarios políticos –destacan el vicepresidente Félix Ulloa y el presidente de la Asamblea Legislativa Ernesto Castro– que acompañaron la ceremonia y el cardenal Gregorio Rosa Chávez, excelso, emotivo, punzante para recordar que este país necesita obligatoriamente de reconciliación y de paz.

El ritual de la iglesia católica pasa por hacer las peticiones de beatificación al Papa Francisco, representado por el Cardenal Rosa Chávez, y luego por leer las biografías de los mártires en las que se destacan sus virtudes. Inmediatamente se lee la carta apostólica del pontífice.

"Mártires, heroicos testigos del reino de Dios, Reino de la justicia, el amor y la paz, hasta la efusión de la sangre, de ahora en adelante sean llamados beatos y que sean celebrados cada año, en los lugares y según las reglas establecidas por el derecho, respectivamente el 12 de marzo y el 10 de junio", dice la confirmación de beatificación de Francisco.

Cuando se desvela la imagen de los cuatro beatos la noche está por asomarse y su estampa se erige como guardianes de la paz, de la reconciliación, como estandartes de que la justicia debe imperar en un El Salvador todavía golpeado por la violencia, la injusticia social y la pobreza.

Lejos de la política

Y el cardenal Rosa Chávez volvió a levantar su voz en una vieja homilía de Romero sobre Rutilio para alejar a los beatos de todo contexto político: "Un sacerdote con sus campesinos, camino a su pueblo para identificarse con ellos, para vivir con ellos, no una inspiración revolucionaria, sino una inspiración de amor y precisamente porque es amor lo que nos inspira, hermanos".

Con Romero, con Rutilio y con Cosme el cardenal aprovecho para recordar que la iglesia católica debe despertar, debe ser una iglesia en salida como dice el papa, una iglesia que sale a las calles a correr riesgos. "Necesitamos santos sin velo, sin sotana. Necesitamos santos de jeans y zapatillas", como reitera Francisco.

El Salvador tiene cuatro beatos más delante de ellos va San Romero. Para los que creen, saben que en este camino han ido juntos Rutilio y Óscar, no se puede concebir el uno sin el otro; el primero fue el despertar del segundo en el púlpito –porque la obra social venía con él– y fue la canonización de Romero la que abrió las puertas a la beatificación de Grande.

Hoy marchan a la par, nuevamente, y han sobrevivido, como dijo el cardenal en la homilía, "ante la calumnia, la difamación y el desprestigio inmerecidos", por que "la lengua, dice la palabra de Dios, puede servir para alabar a Dios y puede también volverse homicida".

El Vaticano les hizo ayer justicia, pero el pueblo ya los había santificado en sus corazones.

Los cuatro mártires son desde ayer beatos y su fecha de conmemoración serán en las que fueron asesinados: 12 de marzo, Rutilio, Manuel y Nelson, y 10 de junio, fray Cosme.
El cardenal Gregorio Rosa Chávez ante las reliquias de los mártires.

 

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