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El mayor bosque seco del país logra recuperarse

El avance es del 60 %, según el MARN. Los incendios forestales son el principal problema. Como área natural es esencial para la reserva de biósfera El Trifinio.
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Su principal característica es que en época seca los árboles botan todo el follaje, como modo de defensa para sobrevivir a la falta de agua, ya que el terreno donde están es demasiado seco debido a su origen volcánico después de la erupción, hace miles de años, del coloso San Diego. Pero debido a esta característica, el bosque seco San Diego y San Felipe Las Barras, con denominación de parque nacional desde 2010, es propenso a los incendios forestales.

Esta vulnerabilidad se ha logrado reducir en los últimos años, con el trabajo de restauración en este bosque, el mayor de este tipo en el país.

Con 1,866 hectáreas de extensión y bajo la responsabilidad del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales (MARN), este bosque seco es de vital importancia para el ecosistema del municipio de Santa Ana, donde está ubicado, y es complemento ideal de la reserva de biósfera El Trifinio.

Alberga 170 especies arbóreas, 56 especies de mamíferos, 67 especies de herpentofauna (desde guecos, lagartijas, iguanas, hasta serpientes) y 217 clases de aves, incluyendo migratorias que usan el complejo de Güija para alimentación y anidación.

Si alguien conoce este bosque como la palma de su mano es Idalma Marilú Aldana, técnica del MARN a cargo del parque nacional, quien sostiene que esta clase de riqueza natural es altamente vulnerable a los incendios forestales.

“Un bosque seco es un ecosistema con características propias, que por las acciones de los seres humanos se vuelve de muy alto riesgo en el tema de vulnerabilidad con incendios forestales, es un bosque con poca lluvia, que en época lluviosa se ve completamente verde, vestido, pero que en época seca sus especies botan todas las hojas para conservar energía”, explica.

Aldana señala que el proceso de restauración de este bosque, que ha avanzado un 60 %, ha resultado en la reducción de la vulnerabilidad; parte del éxito tiene que ver con el involucramiento de varias instituciones y de quienes residen en los alrededores.

De hecho, durante 2015 únicamente se registraron dos incendios forestales, cuyo alcance logró afectar 1.5 hectáreas, ya que la intervención temprana de instituciones y comunidades cortó el avance de las llamas.

Una de las causas de los incendios, indicó la técnica, eran las malas prácticas de agricultores que sembraban en los alrededores del parque, que realizaban quemas para limpiar sus parcelas y las llamas se pasaban al bosque, lo que lograron cambiar al concientizarlos.

“Había mucha gente trabajando dentro del área protegida, no era tanto el problema que trabajaran, sino que ponían fuego para la limpia y nos provocaba mucho incendio forestal. A veces nos envenenaban la vida silvestre. Empezamos entonces el proceso de recuperar estas tierras”, cuenta Aldana.

Con las acciones implementadas se logró restaurar 42 hectáreas de terreno en un sector conocido como La Diabla, usado para cultivos pero que ahora tiene regenerado el bosque original, con la siembra de especies nativas y vegetación que ha ido creciendo por su cuenta.

“Estamos hablando que 60 % del parque viene de restauración. Como parque hemos buscado muchas alianzas, con las comunidades, tenemos dos brigadas de control de incendios forestales voluntarios, se les ha capacitado y equipado, también hemos formado con otras instituciones la mesa de gestión permanente contra incendios forestales”, detalló la técnica del MARN.

En dicha mesa participan la Policía Nacional Civil, el Ministerio de Agricultura y Ganadería, la Fiscalía General de la República, la Alcaldía de Santa Ana, empresa privada y comunidades.

El sector conocido como La Cuaresma, una loma ubicada frente a la entrada principal del parque, también era zona vulnerable a los deslizamientos, pero debido a la intervención se logró repoblar el bosque y detener el riesgo de derrumbes.

El proceso de restauración del parque ha sido complejo, dice, porque no se trata de reforestar por reforestar, ya que este tipo de ecosistema tiene sus propias características.

“Lo que tenemos que hacer es cuidar y dar chance que eso crezca, eso estamos experimentando en una parte que se ha recuperado, una parte la intervenimos nosotros, pero la otra parte está quedando a lo que la misma naturaleza necesita”, explicó Aldana.

Compromiso ambiental

La vigilancia de este bosque la realizan cinco guardarrecursos que hacen recorridos para verificar que no se estén cometiendo irregularidades, como actividades de tala, caza o extracción de flora o fauna. Uno de estos guardianes es José Martínez, originario del sector, quien ha crecido y envejecido junto al complejo desde que este formaba parte de una hacienda, que después de la reforma agraria pasó a manos de una cooperativa y ahora es propiedad del Estado.

Martínez dice que estar comprometido con el cuido del ecosistema, que es de vital importancia para el medio ambiente, provee muchos beneficios para la población. “Nos provee muchos recursos, nos da vida, es importante que lo cuidemos, nos da aire, está el lago y la laguna que nos dan alimento. Es tarea de todos nosotros contribuir a su cuido y preservación”, consideró.

Aldana por su parte resume la importancia del bosque en que este es el complemento ideal para la reserva de biósfera El Trifinio, que también se ubica en el municipio de Metapán. “Somos zona núcleo de la reserva de biósfera, es de vital importancia. Hay una propuesta de un corredor biológico entre Montecristo y San Diego, es necesario para nuestras especies, ambas áreas son complemento. Montecristo conserva y concentra sus nubes y por eso llega el agua a San Diego, pero también San Diego con sus cuerpos de agua de aquí se evapora”, detalló.

Pese a la reducción de la vulnerabilidad del bosque seco, el parque no está ajeno a la mano criminal, por lo que la División de Medio Ambiente de la Policía Nacional Civil (PNC) tiene mucho trabajo en esta zona, para evitar y contrarrestar delitos ambientales, entre estos la destrucción con incendios provocados.

William Salazar, jefe del puesto de esta división en Santa Ana, señaló que los delitos más frecuentes son la depredación de fauna, de bosque y usurpaciones.

“Ha habido casos que pueden ser precedente, gente que se ha tenido que detener para que esto se haga del conocimiento, de esa forma ha sido efectivo el cuido del área”, aseguró.

Pese a las limitantes de personal y equipo que tiene esta división en Santa Ana, donde ocho agentes deben cubrir todo el departamento santaneco y parte de Ahuachapán, Salazar afirma que han desarrollado un trabajo preventivo y educativo para lograr la disminución de hechos delincuenciales de tipo ambiental.

“Hemos tenido que llegar a las comunidades, reunirnos, y ahora como mesa de gestión se hacen las capacitaciones con comunidades, de crear brigadas. Eso ha ayudado mucho, la gente ya tiene más conciencia ambiental”, dijo.

Salazar aseguró que pese a las limitantes, continuarán participando en la mesa permanente de gestión y realizando patrullajes preventivos, sin descuidar la parte represiva de ser necesaria.

“Hay que unir esfuerzos para la protección del área, por la importancia que tiene de los servicios que presta. Que nos colaboren en las épocas secas, para que no se generen incendios forestales”, sostuvo.

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