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El mundial, los disturbios y el homenaje a monseñor Kalenga en la Asamblea Legislativa

El Mundial inicia y la Asamblea Legislativa no puede dejar de estar pendiente del evento. En sus alrededores, barberías, oficinas, cafetines, por donde fuera se sintoniza la señal que transmite la ceremonia de apertura del Mundial de Rusia 2018.

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Preludio al partido que da paso a un mes de fútbol, ese deporte que une a los pueblos como ninguna ideología política lo hace. Iniciado el partido, las personas que van y vienen en el Centro de Gobierno no pueden resistirse a la tentación de girar la cabeza hacia los televisores, preguntar por el marcador, quién juega mal o quién juega bien, así, en una camaradería inusual, que pone a hablar al de saco con el de gorra de igual a igual.

Semejantes a la unidad que muestran estudiantes de la Universidad de El Salvador (UES), que protestan a pocos metros en contra de lo que ellos ven como una ley de privatización del agua. Gritos de “corruptos fuera” o “no queremos ladrones” adornan el ambiente. Hay mucho ruido, consignas, banderas, euforia, canciones coreografiadas con mímicas. La pasión desbordada. Casi se siente como estar dentro de una barra de fútbol. “Esta es la U. Esta es la U”, grita el grupo de jóvenes. Es el mismo canto que se escuchaba en la Furia Escarlata, cuando su equipo estaba en primera división. El primer gol del partido cae rápido y el primer tiempo termina 2-0, a favor de Rusia.

Adentro de la Asamblea, los morteros de la manifestación siguen retumbando. En los televisores de las fracciones legislativas el juego es visto por personas que pasan con peinados engrasados y papeles en mano, con prisa, en guinda, dirían por ahí, pero nunca sin dejar de girar el cuello, para preguntar por el marcador y volver a pronunciar los comentarios eternos. Para los que degustan de las pláticas sobre fútbol, sabrán que todos tienen un técnico clavado en el pecho. Se acerca la hora de la plenaria y el movimiento adentro de los muros de la Asamblea se va intensificando. El diputado de ARENA Ricardo Velásquez Parker se acerca curioso a ver el resumen del primer tiempo.

Otro diputado de ARENA, Emilio Corea, se acerca para dar un vistazo rápido al partido, así como la gente de afuera en los cafetines se acercaba, sucumbiendo al llamado del sonido de la atmósfera del estadio y del narrador que pinta de matices su voz, para incrementar la emoción de las jugadas. En el segundo tiempo los goles de Rusia siguen llegando y Arabia Saudita sigue sufriendo, en una agonía mundialista que no es ajena al corazón salvadoreño. Agonía que contrasta con la paz en la plenaria, donde los diputados se deshacen en elogios hacia monseñor León Kalenga, a quien otorgan el reconocimiento de Noble Amigo de El Salvador. Todo paz. Todos amigos. O así parece. “Se metieron los estudiantes”, grita alguien en las gradas. Pasos apresurados truenan en los pasillos y la gente corre confundida y en pánico. Se meten a las oficinas y las cierran con llave. En la planta baja se escucha vidrios que se quiebran y gritos. “Váyase para arriba. Hasta sangre hay en el piso”, le aconseja una empleada a otra que bajaba las escaleras, sin saber lo que pasaba.

Abajo, en recepción, los supuestos estudiantes lanzaban piedras y palos. Desenfrenados en su cólera. Desatada, según ellos, por provocaciones de agentes de seguridad de la Asamblea. A la reyerta se hace presente la Unidad de Mantenimiento del Orden (UMO). Les toma unos minutos retomar el control, pero lo logran. Los vidrios en el suelo se mezclan con sangre. Poco después se conoce que la sangre es de un camarógrafo. Los empleados se muestran incrédulos y temerosos. Visitantes preguntan si el conflicto ha llegado al parqueo. Están preocupados por sus autos. Todo se calma gradualmente y aparece el diputado Schafik Handal, para calificar el hecho como una reacción del pueblo, que es “aceptable”.

Norman Quijano los califica como “terroristas”. La Asamblea cierra todas sus entradas y es difícil encontrar salida. El inicio del Mundial en la “casa del pueblo” es difícil.

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